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La División Azul: todos los secretos de los españoles que lucharon por Hitler
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por ALBERTO ROJAS Madrid El 23 MAY. 2019

Con Hitler en la cima de su poder y Franco rendido a sus conquistas, el Gobierno español decidió apoyar la invasión de la Unión Soviética con una división de voluntarios.

Fueron a combatir el comunismo, pero volvieron horrorizados con los crímenes de las tropas alemanas y molestos con el régimen por traerlos a casa y girar a favor de los aliados


Más de siete décadas después de su disolución, casi todo el mundo cree que sabe lo que fue la División Azul. El problema es que ese supuesto conocimiento se basa en mitología pseudomilitar y manipulaciones ideológicas de unos y otros. Para empezar, su nombre oficial ni siquiera era ese, sino 250 división de infantería de la Wehrmacht (ejército alemán). Siendo la Segunda Guerra Mundial una de las temáticas estrella en las estanterías de los libros de Historia para millones de lectores en todo el mundo, no ha sido la participación de este grupo de españoles una de las más estudiadas. Tal vez por ello la niebla de confusión en torno a los hechos sea tan densa. Y más que la niebla, la nieve, el hielo y el barro, que hablamos de Rusia.Vamos al contexto. Después de la Guerra Civil española, muchos políticos germanófilos, encabezados por Ramón Serrano Súñer, cuñado de Franco y ministro de Exteriores, abogó por la participación española en la invasión alemana de Rusia (junio de 1941) junto a sus viejos aliados Hitler y Mussolini. La opción elegida fue el envío de una división de voluntarios (unos 14.000 soldados) al frente, que salieron sobre todo de las filas del maltrecho ejército vencedor y de la Falange. Uno de los grandes mitos de la División Azul dice que se nutrió sobre todo de republicanos reclutados a la fuerza. Carlos Caballero Jurado desmonta esta mentira: "Esta afirmación desafía el sentido común. Es bochornoso que se siga planteando. La División Azul no hubiera sido una fuerza combatiente si reclutas a comunistas para llevártelos a Rusia a luchar contra otros comunistas". Además, no sólo hubo soldados de infantería, sino experimentados pilotos de caza y un puñado de marinos españoles integrados en las tripulaciones de los U-Boot de la Kriegsmarine.


La División Azul: todos los secretos de los españoles que lucharon por Hitler
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23 MAY. 2019 02:04

El general Muñoz Grandes (tercero por la izda arriba), con otros soldados. ARCHIVO FUNDACIÓN DIVISIÓN AZUL
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Con Hitler en la cima de su poder y Franco rendido a sus conquistas, el Gobierno español decidió apoyar la invasión de la Unión Soviética con una división de voluntarios.

Fueron a combatir el comunismo, pero volvieron horrorizados con los crímenes de las tropas alemanas y molestos con el régimen por traerlos a casa y girar a favor de los aliados

Lea las primeras páginas de 'La división azul. De 1941 a la actualidad' (La Esfera de los Libros)

La base de submarinos nazis que construyeron 2.080 esclavos españoles

Más de siete décadas después de su disolución, casi todo el mundo cree que sabe lo que fue la División Azul. El problema es que ese supuesto conocimiento se basa en mitología pseudomilitar y manipulaciones ideológicas de unos y otros. Para empezar, su nombre oficial ni siquiera era ese, sino 250 división de infantería de la Wehrmacht (ejército alemán). Siendo la Segunda Guerra Mundial una de las temáticas estrella en las estanterías de los libros de Historia para millones de lectores en todo el mundo, no ha sido la participación de este grupo de españoles una de las más estudiadas. Tal vez por ello la niebla de confusión en torno a los hechos sea tan densa. Y más que la niebla, la nieve, el hielo y el barro, que hablamos de Rusia.Vamos al contexto. Después de la Guerra Civil española, muchos políticos germanófilos, encabezados por Ramón Serrano Súñer, cuñado de Franco y ministro de Exteriores, abogó por la participación española en la invasión alemana de Rusia (junio de 1941) junto a sus viejos aliados Hitler y Mussolini. La opción elegida fue el envío de una división de voluntarios (unos 14.000 soldados) al frente, que salieron sobre todo de las filas del maltrecho ejército vencedor y de la Falange. Uno de los grandes mitos de la División Azul dice que se nutrió sobre todo de republicanos reclutados a la fuerza. Carlos Caballero Jurado desmonta esta mentira: "Esta afirmación desafía el sentido común. Es bochornoso que se siga planteando. La División Azul no hubiera sido una fuerza combatiente si reclutas a comunistas para llevártelos a Rusia a luchar contra otros comunistas". Además, no sólo hubo soldados de infantería, sino experimentados pilotos de caza y un puñado de marinos españoles integrados en las tripulaciones de los U-Boot de la Kriegsmarine.

Este historiador, una de las máximas autoridades en la participación española en la Segunda Guerra Mundial, acaba de publicar La división azul, de 1941 a la actualidad (La Esfera de los Libros, el sello de Unidad Editorial), un volumen que lucha contra todos esos tópicos con documentos y declaraciones de los protagonistas en interrogatorios y entrevistas de la época. El resultado es una obra de referencia. Casi 50.000 españoles pasaron por las filas de esta unidad militar, pero su peripecia sigue siendo muy desconocida.

"La División Azul fue un grano de arena en la montaña que era el frente ruso, con un enorme despliegue alemán. En ese sentido, la unidad española tuvo escasa incidencia, como cualquier otra división de infantería", dice Caballero Jurado. Con millones de soldados avanzando hacia Moscú, a la División Azul (llamada así por los cuellos de las camisas falangistas que asomaban sobre el uniforme feldgrau alemán) la destinaron al grupo de Ejércitos norte encargado de asediar Leningrado. Y ahí se da otro de los mitos referentes a esta guerra: "La gente cree que los ejércitos del Tercer Reich están compuestos por poderosas panzerdivisiones de enorme movilidad. Es falso. La gran mayoría de sus infantes se mueve a pie. El hecho de que la División Azul no tuviera tanques no significa que los alemanes no confiaran en ella, es que la gran mayoría de sus formaciones militares tampoco los tenían". Es decir, podías pasar toda la Segunda Guerra mundial combatiendo en las trincheras sin ver un solo tanque.Las condiciones en las que este grupo de anticomunistas tuvo que combatir fueron terribles. Desde territorio bávaro, donde se montó el campamento de instrucción, partieron a pie hasta el frente ruso, durmiendo en los caminos tras marchas de 40 y 50 kilómetros al día con 40 kilos de equipo encima. Un mes después, ya en el frente, tuvieron que sufrir la bajada atroz de las temperaturas en el invierno más frío del siglo. Con el aguinaldo navideño llegado desde España, el gobierno franquista envió ropa de abrigo requisada a las milicias anarquistas de nuestra Guerra Civil. La mezcla de uniformes, que enfadaba a los alemanes, era la norma entre la tropa española. Como reconocimiento a todos los militares que participaron en aquella campaña fallida (la ofensiva se quedó en las afueras de Moscú) se entregó una medalla llamada Invierno en el Este, más conocida por los divisionarios como Carne congelada. El frío hizo más bajas que las balas. Orinar o defecar fuera de la trinchera podía suponer la muerte. La orina se congelaba antes de llegar al suelo. En el lago Ilmen, la División llegó a sufrir los 51 grados bajo cero.

¿Cuál fue el comportamiento militar de la División Azul en el frente? Al margen del rechazo ideológico que supone haber servido a los intereses del Tercer Reich, para Caballero Jurado, "está claro que hablamos de una fuerza de ocupación. Se desplegó unos 30 kilómetros de frente en el río Volchov en cuestiones defensivas y demostró una enorme capacidad de aguante ante fuerzas soviéticas muy superiores. Por ejemplo, en la batalla de Novgorod, los rusos lograron romper el frente al norte y al sur frente a formaciones alemanas, pero la División no cedió ni un centímetro".

En la historia de esta unidad hay un día que está grabado a fuego y plomo: la batalla de Krasny Bor. Unos 5.900 españoles hicieron frente con armas ligeras a 44.000 soviéticos muy pasados de vodka y apoyados por una catarata de 700 piezas de artillería, los temidos órganos de Stalin y tanques T-34. El resultado fue catastrófico para la División Azul, con más de 3.200 bajas, pero fue aún más humillante para el ejército rojo, que 24 horas después, tras haber arrasado las posiciones españolas, no pudo consolidarlas tras el contraataque de la División Azul. Cayeron más de 10.000 rusos en aquel asalto fallido. Cerca de 300 divisionarios cayeron prisioneros y fueron destinados al gulag siberiano. Sólo un puñado sobrevivió al cautiverio y regresó en 1952.

Caballero Jurado habla de otra de las leyendas más usadas con la división 250: el fanatismo nazi de sus miembros y la identificación con las ideas más extremas del criminal régimen alemán. Tampoco es cierto. Aunque todos sus militares, "profundamente anticomunistas", tuvieron que hacer un juramento de obediencia al Führer antes de ir al frente, "la gran mayoría de ellos volvió horrorizado con el trato dispensado por los soldados alemanes a la población civil rusa en general y a los judíos en particular. No son opiniones ofrecidas tras el descubrimiento del Holocausto en 1945, que se podían haber interpretado como un intento de exculpación. Los primeros reemplazos llegados en 1942, cuando aún no ha sido aprobada la llamada Solución Final, son interrogados por el general Varela y su testimonio quedó en documentos que hoy son revisables por cualquiera. En ellos, los militares españoles muestran su horror por el maltrato a la población y el odio que despliegan las unidades alemanas en el frente hacia los civiles", explica Caballero Jurado. "La prueba que documenta que los españoles no maltrataron a la población civil rusa existe y es la siguiente: cuando los soviéticos reconquistaron el terreno que ocupó la División española encargaron, como en otros frentes, comisiones para determinar crímenes de guerra. Esa comisión, a diferencia del territorio ocupado por alemanes, sólo encontró un caso y se lo adjudicó a Antonio Vasco. Lo curioso es que en toda la División no hubo nadie llamado así". Con todo, la mayoría de ellos (quedan muy pocos con vida) acabaron decepcionados con el trato dispensado por las autoridades españolas a su regreso y el giro político a favor de la victoria aliada, una vez que Franco tuvo claro que Hitler iba a perder la guerra. Por último, este historiador se ocupa de aquellos voluntarios que, una vez que la División Azul fue disuelta en 1943, decidieron seguir combatiendo en diferentes unidades del ejército alemán o las Waffen SS. Y revela las mentiras de alguno de aquellos fantasiosos fanáticos, como Miguel Ezquerra, que aseguró haber recibido de manos de Hitler la cruz de caballero, máxima condecoración del Tercer Reich al valor. "Como capricho del destino, algunos voluntarios, mezclados con trabajadores españoles de la industria alemana de la guerra, fueron reclutados a la desesperada para participar en la batalla de Berlín, pero decir que los españoles defendieron el búnker de Hitler hasta el final, como se ha escrito, es una fantasía tan grande como decir que fueron los republicanos españoles los que liberaron París por haber formado parte de una operación propagandística aliada para hacer entrar en la capital francesa a las tropas de Leclerq de la que formaban parte. Es pura exageración".


Es evidente que hay errores en detalles (por ejemplo: los que estuvieron en la Kriegsmarine no estuvieron en los U boote), pero....
se subraya que eran voluntarios, que eran anticomunistas, que no cuedieron nunca terreno, que no cometieron crimenes de guerra, etc.

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Con mi canción la gloria va, que en Rusia están los camaradas de mi División... ...


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NotaPublicado: Sab May 25, 2019 10:36 am 
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Ya me ha llegado a casa, así que pongo las primeras impresiones, antes de poder ampliar con una lectura en profundidad.


Esperaba tener que recogerlo en carretillo, pero sus más de 800 páginas son manejables por el papel fino (ocupa unos 18x25x6cm).
Incluye varios mapas del despliegue , rutas habituales al frente, Sector de Leningrado antes y después de Krasny Bor...
No tan detallados como los que podemos ver en el Atlas Ilustrado o en Morir en Rusia, pero eso nos libra de perdernos entre una nube de simbología y números de unidades, facilitando enterarnos en un vistazo.Además , estando recogidos en un listado previo, los localizamos rápidamente.
Las fotografías serán familiares a la mayoría de seguidores del foro, pero ilustrativas.
Incluye una extensa referencia bibliográfica que da fe de lo documentado del trabajo.

En fin, que no puedo decir "esta es la obra definitiva" porque en cualquier momento aparece alguna información que complementa o amplía algún detalle, pero sí que digo que si sólo pudiera llevarme un libro de mi biblioteca divisionaria, este tiene muchas papeletas.

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NotaPublicado: Jue May 30, 2019 3:15 pm 
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¡¡Ya lo tengo!!
Enhorabuena Carlos, por lo menos para mí será el libro del verano.
Gloria y honor a los héroes de la División Azul

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Y la sangre enemiga en sus espadas y la española sangre derramada tu gloria y sus hazañas cantarán.


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NotaPublicado: Vie May 31, 2019 8:31 am 
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Hauptmann
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Bueno, pues ya puedo decir que lo tengo entre mis manos y como siempre, tratándose de quién se trata, la obra promete no defraudar.

Acostumbrado a escuchar a Carlos en las múltiples charlas y conferencias que se encuentran por la red, lo primero que puedo decir es que Carlos tiene una forma de escribir, de narrar que más que lectura en ocasiones parece como si le estuviese escuchando en persona.

Ayer ya pude dar cuenta de las primeras páginas y, si nada me lo impide, este fin de semana tengo muchas horas de historia de la de verdad, que falta nos hace en los tiempos que corren.

Como el propio Carlos ha dicho en bastantes ocasiones, sobre la División Azul (por asombroso que pueda parecer) quedan muchas cosas por contar, pero no tengo dudas que desde ya, este libro se convertirá en uno de los referentes principales sobre el tema.

En fin. Gracias, Carlos por seguir enseñándonos tantas cosas y por tu incansable trabajo. Y, por supuesto, gracias a la Editorial por apostar por un libro como éste, más teniendo en cuenta los tiempos dictatoriales y censores que corren.

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¡Honor y Gloria a los Caídos!


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NotaPublicado: Jue Jun 06, 2019 6:15 pm 
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Mañana Viernes 7 en Madrid, Presentación.

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NotaPublicado: Mar Jun 11, 2019 6:40 pm 
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Carlos Caballero Jurado escribe "La División Azul. De 1941 a la actualidad", la obra definitiva sobre los voluntarios españoles en Rusia. Por Pío Moa

Escrito por Pío Moa • 2019-06-10



El pasado Jueves presentó Carlos Caballero Jurado La División Azul. De 1941 a la actualidad. Caballero es seguramente al mayor especialista sobre dicha unidad española en Rusia, que ha despertado una bibliografía no solo sorprendentemente muy grande y no solo en español, sino también en inglés (por lo común muy elogiosa, al contrario de las mentiras de la BBC), francés, alemán, polaco, italiano, rumano o ruso. Bibliografía de valor muy desigual pero, lo que resulta más sorprendente, que no cesa de incrementarse. Como dijo el autor, en 1985 apenas existía nada comparado con lo que se está publicando hoy.
En el apéndice “El debate bibliográfico” señala cómo la DA apenas ha recibido atención durante muchos años en las publicaciones del ejército español, tanto en el franquismo como después, lo que es muy significativo, aunque más recientemente el general e historiador Salvador Fontenla le ha dedicado importantes trabajos. Este general trabaja también en la identificación de tumbas de divisionarios en Rusia y su traslado a España si lo piden sus familias. En alguna ocasión comentó las facilidades que dan los rusos a su tarea en comparación con la desatención y obstáculos que reciben en España.
Otros dato significativo: en el nuevo museo del ejército en Toledo, la DA apenas recibe atención, mientras que se inventa absurdos como que 100.000 españoles habrían luchado al lado de los Aliados en la guerra mundial. Este es el nivel que quieren imponer los bergantes paniaguados de la memoria histórica. Otro punto que trata el autor es la bibliografía “crítica” en España de tres o cuatro autores cuyas falsedades lindantes con la pura estupidez (porque se descubren por pura lógica) demuele a conciencia. Entre ellas las de un hijo de divisionario, J. Martínez Reverte, ex comunista o comunistoide que prefiere traicionar a su padre mintiendo evidentemente sobre él.
Obras definitivas no existen, pero esta de Caballero puede calificarse así en el sentido de que aporta la información más completa hasta ahora, así como análisis de la época y una amplia revisión crítica de la bibliografía. Quizá flojea en las observaciones sobre la literatura, también muy amplia, generada por la DA. Tiene su lógica, pues no la contempla desde el punto de vista literario, sino de su veracidad histórica.

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NotaPublicado: Jue Jun 20, 2019 5:16 pm 
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«La División Azul», la obra definitiva
20 Jun 2019
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MARÍA FIDALGO CASARES

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Fueron nuestros compatriotas. Lucharon en primera línea en el frente ruso, el más letal de la II Guerra Mundial. Pese a constituir sólo una mínima parte de los ejércitos desplegados, destacaron por su valor sirviendo dentro del ejército alemán de la II Guerra Mundial, posiblemente la mejor máquina militar de la historia de aquel conflicto.
Por ello, fue una de las unidades más condecoradas, así como la de mayor nivel intelectual por contar con el más elevado número de universitarios registrado de las guerras en las que ha participado España. Si a esto sumamos que el propio Hitler, poco dado a elogiar a nadie que no fuera alemán, llegase a alabar su desempeño en las batallas, no resulta difícil entender la inmensa fascinación que la actuación del contingente español en la campaña soviética sigue despertando tres cuartos de siglo después.Pero hay un sinfín de razones más.

Sobresaliente en una difícil tesitura editorial

Pese a la difícil tesitura editorial, estas dos décadas del siglo XXI pasarán a la Historia como una época sobresaliente por la cantidad y calidad de aportaciones bibliográficas relativas a todos los períodos de la Historia de España. Ello, añadido a que la II Guerra Mundial es la guerra “favorita” de lectores de todo el mundo, ha desencadenado que en el estudio de la División Azul hayan confluido rigurosos trabajos de investigación en sus distintos ámbitos: combates, los distintos cuerpos y servicios militares, biografías de sus integrantes… Sería difícil, además de muy injusto, destacar unos sobre otros. Como muestra de lo mucho y variado que se edita citaremos las obras de los veteranos divisionarios Guillermo Díaz del Río (Los zapadores de la División Azul), y Sanz Jarque (Alas de águila), o de historiadores de la talla de Luis Togores y Gustavo Morales (La División Azul, Las fotografías de una historia), o el libro de Salvador Fontenla, Los combates de Krasny Bor que, por su gran interés, se reeditará en fechas próximas. Junto a ellas, otras ya reseñadas en Zenda como la de Juan Manuel Poyato (Bajo el hielo y sobre el fuego: Historia de la sanidad en la División Azul) y las de Francisco Torres (Soldados de hierro y Cautivos en Rusia), todas ellas de la Editorial Actas.
Por ello, está fuera de toda duda que la División Azul despierta a día de hoy mucho más interés que nunca. De ahí que su producción editorial desborde la historiografía para entrar en el mundo del memorialismo, la novela, o que existan incluso subgéneros como la “literatura del cautiverio”.
Tal vez el constatar la existencia de esta excelente y abundante producción ha sido lo que ha movido a La Esfera de los Libros a intentar ofrecer al público una obra global y compilatoria de lo mejor de lo mejor. Y qué mejor que encargárselo al mejor. Resultado: La División Azul, de 1941 a la actualidad, de Carlos Caballero.
Carlos Caballero Jurado (Ciudad Real, 1957) es uno de los más reputados expertos en la historia militar de la II Guerra Mundial —sobre todo del Frente del Este—, y más concretamente de los europeos alistados en la Wehrmacht alemana, para luchar contra Stalin y contra la amenaza del Ejército Rojo. Caballero ha estudiado a voluntarios de los países bálticos, belgas flamencos, franceses, caucasianos, ucranianos y también los exiliados “rusos blancos”. Ello le da una posición privilegiada y distintiva respecto al resto de los investigadores del tema. No en vano le avalan ocho títulos en la famosa editorial británica Osprey Publishing, dedicada a la historia militar, y sus obras han sido traducidas a once idiomas. Entre sus libros citaremos los imprescindibles Morir en Rusia, El cerco de Leningrado y División azul: Estructura de una fuerza de combate.
El autor es toda una referencia en la bibliografía divisionaria desde que comenzase hace casi cuatro décadas en la revista Defensa (revista en la que también escribía por aquellas fechas un jovencísimo Arturo Pérez-Reverte), y desde entonces no ha dejado de publicar libros, prólogos, recensiones, acotaciones y artículos, así como participar como experto en jornadas y simposiums sobre el tema
Lo que es capital señalar es que tanto la intensa producción antes citada y las obras de Caballero, sin excepción, han contribuido de forma eficaz a desmontar estereotipos y flagrantes falsedades en ámbitos tan diversos como las motivaciones de los divisionarios, el desarrollo de operaciones, cifras sobre efectivos o detalles sobre organización de las unidades. Es casi una especialidad del autor el desmontar mitos que no por arraigados dejan de ser por completo falsos, como la participación de españoles en la defensa del búnker de Hitler, que jamás existió (algo que algunos historiadores de izquierdas han querido usar como prueba de cierta “complicidad con el nazismo”).
Debemos insistir, tal vez, en la efectividad con la que Caballero —siempre basándose en documentación y testimonios— rebate todo este interés “enconado” en negar la voluntariedad de los alistados, que se explica por no querer reconocer en estos anticomunistas la abnegación, el esfuerzo, el romanticismo y el idealismo, valores que en grado sumo exhibieron estos combatientes.

La División Azul, de 1941 a la actualidad: La obra global

Sus 876 páginas confieren a la obra un carácter casi enciclopédico, pero su formato de 16×24 cm y la tipografía elegida hacen que resulte manejable. Su erudición no está reñida con un destacado planteamiento didáctico —no han caído en saco roto los 35 años de docencia del autor—. Ello lo hace un texto muy valioso para el que se inicia en el conocimiento de la División, con una rotunda capacidad de aplastar los mitos que le hayan podido llegar al lector aficionado, usando para ello la documentación y también la lógica “pura y dura”. Pero también la obra resulta crucial para el investigador avezado. ¿Por qué? Por exhibir un gran equilibrio entre el ingente conocimiento, el profundo dominio de las fuentes directas y la maestría en el relato operacional.
Para aficionados y expertos, el autor ofrece en sus páginas una síntesis crítica de las aportaciones de la amplia bibliografía de los últimos 20 años. Y ha conseguido lo más difícil: dar ritmo a la concatenación de temas y conseguir el desarrollo global, no por agregación sino por integración. Además, no es un relato frío, sino que transmite con convicción y rigor las razones que movían a los divisionarios, más allá de las puramente bélicas, lo que sobredimensiona el relato castrense para navegar en la esfera de los sentimientos. El lector se sitúa muy cerca de lo que sintieron, padecieron, lucharon y por lo que murieron. El resultado: un texto que se configura como el mejor libro para conocer lo que fue la División Azul en su conjunto.
El capítulo I arranca con la famosa frase de Serrano Súñer: “¡Rusia es culpable!”. El detonante imprescindible… Tras él, una concesión lírica: cual banda sonora textual, el autor va titulando el resto de los capítulos con versos de las canciones que elevaban el ánimo de los divisionarios en las duras jornadas.


Rusia es culpable



En el capítulo inicial, Caballero repasa las perspectivas históricas en las que debe situarse la División Azul, recordando cómo nuestro país jamás ha tenido conflictos con Rusia, pero debido a las experiencias traumatizantes del régimen del Frente Popular, cuando se lanzó la llamada a los jóvenes para un alistamiento contra la “Rusia Comunista”, este desbordó todas las expectativas. Y al analizar este tema descarta fundadamente las leyendas de levas forzosas de las que tanto se ha
hablado (que en realidad ya había desmentido hasta un informe interno del PCE de febrero de 1942). La verdad es que centenares de miles de españoles arrastraban “deudas pendientes” con el comunismo: asesinatos de familiares, camaradas y amigos; expolio de propiedades —no fincas ni grandes empresas, sino viviendas y bienes personales—; largas penas de prisión, las vivencias de las checas del terror rojo y el recuerdo indeleble del «muera España, viva Rusia» que tanto había publicitado el Frente Popular.
En realidad, para ellos la sovietización había provocado el estallido de la guerra en la que —además de los caídos en combate y los muertos en represalias políticas— decenas de miles de personas murieron de hambre y penalidades. Junto a estas heridas “físicas” estaban los nada desdeñables daños morales causados en las creencias más profundas de los millones de españoles de entonces, el catolicismo, con las profanaciones, destrucción y escarnio de tantos símbolos sagrados.
Por ello se alistaron excombatientes, pero también jóvenes que eran niños en la Guerra Civil y no habían podido luchar contra “los rojos”, familiares de asesinados, y republicanos arrepentidos de haber apoyado en su día al Frente Popular. Junto a estos perfiles, aparecen también los jóvenes que tenían lo que se conoce como “vocación militar” y que deseaban hacer de la milicia su forma de vida, y que esperaban que la campaña de Rusia fuera para ellos una gran escuela.
En todo caso, el número de los presentados, tanto en la Falange como en los cuarteles, fue muy superior al requerido e infinidad de solicitudes rechazadas. Aspirantes falseaban su año de nacimiento —tanto por arriba como por abajo— para no quedar excluidos del arco exigido (entre 20 y 28 años).
Que el grueso del contingente del alistamiento lo formaran españoles con intenso compromiso ideológico falangista vino marcado desde la inicial exhortación al alistamiento:
Camaradas: no es hora de discursos. Pero sí de que la Falange dicte en estos momentos su sentencia condenatoria: ¡Rusia es culpable! Culpable de la muerte de José Antonio, nuestro fundador. Y de la muerte de tantos camaradas y tantos soldados caídos en aquella guerra por la agresión del comunismo ruso. El exterminio de Rusia es exigencia de la Historia y del porvenir de Europa.
Ellos le darían a la unidad el nombre con el que ha pasado a la Historia: «División Azul», aunque su nombre oficial español fuera el de División Española de Voluntarios (DEV), y para los alemanes la 250ª División.
Aunque los voluntarios falangistas representaban a todas las clases sociales, abundaron los estudiantes, profesores, escritores e intelectuales, y de ahí deriva el gran valor de las memorias publicadas sobre la campaña (y de las que se conservan inéditas), fuentes directas usadas de forma recurrente por Caballero.
Pese el aplastante dominio “azul”, en esta nueva cruzada contra el bolchevismo, aunque se pretendió que la División tuviera un carácter unívocamente falangista, la realidad es que los cuadros de mandos, de coroneles a cabos, los formaron militares del ejército español, lo que le proporcionaría a la unidad una eficacia de la que hubiera carecido de ser una fuerza puramente miliciana. Esta simbiosis de profesionalidad y profundas convicciones ideológicas —y también las creencias religiosas— se refleja claramente en variados aspectos, que van desde las letras de las canciones que entonaban a la omnipresencia de “detentes”. Toda la historia de la División Azul está marcada por una ética basada en la aceptación de la muerte como destino, en férreas creencias, en un intenso patriotismo. Idealismo, estoicismo e incluso mesianismo, son los valores que forman la peculiar escala de valores de la unidad. Y la combinación de todo ello le haría ser una de las unidades más destacadas en la historia militar española contemporánea y también la más competente de entre las fuerzas extranjeras que combatieron como aliados de Alemania en su lucha contra el Ejército Rojo de Stalin.
Con todo, no podemos olvidar que para los militares procedentes del bando vencedor en la Guerra Civil, la campaña de Rusia no sólo era una cuestión ideológica, sino también una oportunidad profesional. Iban a combatir codo con codo con el ejercito reputado como el mejor del mundo. Y por ello utilizaron influencias para ser seleccionados, ya que los voluntarios superaban las plazas de oficiales ofertadas, e incluso algunos de ellos se alistaron en grados inferiores o como soldados rasos. Como ejemplo, en la Academia General Militar de Zaragoza, la totalidad de la promoción de 1941 quiso ir voluntaria, pero sólo fueron admitidos los más destacados en táctica y topografía.
La coexistencia entre dos visiones sobre el sentido de la unidad, la puramente falangista y la militar, no dejaría de provocar fricciones. Por ejemplo, aunque los integrantes fueron uniformados de acuerdo a las normas del Ejército, se les permitió usar la camisa azul mahón falangista y se les proporcionó la boina roja carlista, algo a lo que se oponían los mandos militares españoles. La polémica se zanjó cuando el general Muñoz Grandes también exhibió el cuello de la camisa azul en su uniforme.
La presencia de la boina roja del Requeté sólo respondía al controvertido decreto de unificación, porque el carlismo, el otro componente ideológico antibolchevique de la anterior “cruzada” (la Guerra de España), no participó de forma oficial. Hubo instrucciones expresas de las jerarquías carlistas para que no se alistaran.
La desvinculación del carlismo de la División Azul no se dio sólo por motivos religiosos, como argumentan algunos tradicionalistas (esgrimían que el régimen nacionalsocialista era anticristiano), sino por la fuerte corriente aliadófila generada por don Javier, el pretendiente carlista, que fue combatiente en Bélgica y acabaría en el conocido campo de concentración de Dachau, del que se salvó milagrosamente. Tampoco debe desdeñarse el rechazo de su líder español, el sevillano Manuel Fal Conde, al dominio de la Falange.
Sin embargo, a título individual, en las filas de la División Azul sirvieron más carlistas de lo que se suele creer, en los que el anticomunismo primó sobre cualquier otra consideración política a la hora de alistarse —entre ellos, el padre del afamado chef Carlos Arguiñano—, y su convivencia fue espléndida aunque hicieran chascarrillos —como eran pocos, a los requetés, en chanza, los falangistas los llamaban requetrés—.


La vinculación nazi


La historiografía mas reciente y erudita ha evidenciado rotundamente que ninguno de los voluntarios demostró afinidades con el nazismo. Se ha demostrado en obras como la ya citada Soldados de hierro y se vuelve a demostrar en esta. Lucharon junto a ellos, pero no por ellos. Lucharon, como ya hemos explicado en otros trabajos, por combatir un comunismo materialista y ateo al que culpaban de la guerra fratricida. Es curioso que se les acabara estigmatizando por combatir jurando fidelidad a Hitler —lo que no dejó de ser un puro formalismo—, cuando la historia ya ha demostrado que a quien se enfrentaban —que no era otro que Stalin— fue el responsable de uno de los totalitarismos más sangrientos de la historia de la Humanidad, y que multiplicaría por diez los muertos ocasionados por el Führer. Stalin gobernó sobre un vasto sistema de terror y sobre el esclavismo de masas, aspecto este último que muchos de los voluntarios de la División Azul padecieron en sus propias carnes: los que terminaron en los Gulags soviéticos, explicado en detalle en la exitosa reseña de Cautivos en Rusia que apareció en Zenda.

Una cuestión clara que demuestra que la División Azul no pertenecía a las fuerzas nazis es que, a diferencia de unidades de otros países aliados de Alemania, jamás estuvo bajo órdenes alemanas y siempre fue encuadrada y dirigida por oficiales españoles.
En realidad, sirvió muy eficazmente a la política exterior española del momento. Franco no entró oficialmente en la contienda, y con su extraordinaria habilidad y una diplomacia avezada evitó la entrada en la guerra, pese a las presiones de alemanes, y a las amenazas de los anglosajones que estuvieron muy cerca de invadir España, como se explica en esta obra y en Entre la antorcha y la esvástica, de Emilio Sáenz-Francés. La División Azul también serviría para que un cierto sector del falangismo, que consideraba necesario que el “Nuevo Régimen” entrara en la guerra mundial, encontrara la válvula escape para esta pulsión. A otro nivel, sirvió para liquidar la deuda moral y económica contraída con Alemania durante la Guerra Civil Española.
Sus generales, bien elegidos (tanto el carismático africanista Muñoz Grandes como Esteban-Infantes, extraordinario cerebro táctico), exhibían valores personales que desencadenaron una adhesión inquebrantable entre los divisionarios. La profunda consistencia interna de la unidad se refleja igualmente que la deserción fue en sus filas un fenómeno menos que anecdótico: irrelevante completamente (Caballero da las cifras exactas y las compara con las muchísimo más abultadas registradas en las Brigadas Internacionales).
Las hostilidades que caracterizaron el trato de los españoles con los soldados alemanes, la convivencia con la población civil rusa y la protección a personas judías son datos que se constituyen en pruebas más que manifiestas de que en la División Azul no se puede encontrar ninguna vinculación nazi. No hubo acusaciones de crímenes de guerra contra ella, y la memoria colectiva rusa guarda un recuerdo emocional de la conducta
española, muy destacada en el ámbito sanitario y asistencial, como tan bien ha desarrollado el doctor Poyato en Bajo el fuego y sobre el hielo, su erudito estudio sobre los servicios médicos de la División Azul.
Un gran desarrollo argumental
Los siguientes capítulos de la obra de Caballero abordan de manera cronológica la historia de la División Azul. En “¡Rusia es cuestión de un día!: De España a Nóvgorod, la cuna de Rusia» se describe la organización y marcha hacia el frente de la unidad. En los titulados “¡Nada nos importa el frío, teniendo la sangre ardiente!” y “Morir en la nieve, como cara al sol”, se narra la presencia de los españoles en el frente del río Vóljov. En otros dos, los titulados “Cuando vuelva a España con mi división”, «Asediando Leningrado: Gloria y tragedia en Krasny Bor»y “Adiós, hermosa Katiusha: A la defensiva frente a Leningrado», los ciclos de combates en el frente de Leningrado.
Sigue el estudio cronológico con “¡Adiós, Lili Marlén!: De Leningrado a Berlín, pasando por los Pirineos y los Balcanes», donde se analiza la presencia de los españoles en las filas alemanas tras la retirada de la DEV en 1943, (especialmente en las unidades clandestinas, tema controvertido explicado con rigor). Puesto que en algún caso estos hombres sirvieron en unidades de la Waffen SS, el hecho ha dado lugar a una infinidad de leyendas, que Caballero sitúa en su justa medida.
El siguiente capítulo, “¿A qué fuimos a Rusia?”, analiza cómo vivieron los divisionarios el recuerdo de su experiencia. Por las filas de la División Azul pasaron 45.000 hombres, que sufrieron una terrible experiencia(casi 5.000 muertos, muchos miles más de heridos, mutilados, congelados) y varios cientos de prisioneros, una experiencia que marcó tanto a los supervivientes que a su vuelta se asociaron en Hermandades y publicaron un elevadísimo número de testimonios tras el final de la II Guerra Mundial. Ellos jamás renegaron de su experiencia, y no es extraño, ya que tenían motivos para sentirse orgullosos: había condecorados con 2.362 cruces de Hierro de 2ª clase y con 135 de 1ª clase, además de las propias del ejército español, entre las que destacaron por su extraordinario valor las ocho Cruces Laureadas de San Fernando otorgadas a sus miembros, todas ellas a título póstumo, excepto la concedida al mítico capitán Palacios, que pudo recibirla tras ser liberado del Gulag stalinista.
El libro cierra sus páginas con análisis exhaustivo del debate historiográfico existente en torno a la División Azul y un apéndice documental donde se recogen hasta más de 800 fuentes distintas.

El desarrollo bélico: táctica y estrategia

La narración de las batallas será un apartado que cautivará al lector por su claridad y rigor a nivel estratégico y táctico. La División Azul ha dejado en nuestra historia militar un rosario de nombres en ruso que a un lector que no esté muy especializado le cuesta entender. Los grandes ciclos de combates (la ofensiva al Este del Vóljov; las luchas defensivas al Oeste del Vóljov; los combates en el frente de cerco a Leningrado) son analizados a nivel estratégico, pero muchos de los combates concretos y en áreas más restringidas (Sitno, Dubrovka, Nikitkino, Possad, Chevelevo, Udarnik, Teremez, Maloye Samoshie, Sapolje, Poselok, etc.) son descritos con un rigor que agradecerá un profesional de la milicia y con la claridad que los hace inteligibles al público menos versado en los temas castrenses.

Para facilitar la comprensión de este apartado, La División Azul, de 1941 a la actualidad: Historia completa de los voluntarios españoles de Hitler presenta un valor añadido. Junto a la selección de fotografías en papel couché, ofrece una rica y cuidada cartografía, compuesta por 25 mapas originales. “Como historiador militar, me obligo a que el lector tenga conciencia exacta de lo que estaba ocurriendo en los frentes, y la cartografía le permite posicionarse en cada momento en la situación estratégica en que estaba envuelta la División Azul, sus despliegues propios, etc.”, ha declarado Caballero a Zenda.
Y es que el componente puramente “militar” en la historia de la División Azul es realmente sorprendente. Desde territorio bávaro, donde estaba instalado el campamento de instrucción, partieron en tren hasta la frontera polaco-soviética y, una vez allí, a pie hasta el frente ruso, en marchas de 50 kilómetros al día con 40 kilos de equipo, pernoctando en los gélidos caminos. Tras un mes de marcha, ya en el frente de batalla, vivieron el invierno más frío del siglo, donde la congelación causó más bajas que las balas, llegando a sufrir los 51 grados bajo cero. El sector al que se les asignó, en el Vóljov, incluía la ciudad de Nóvgorod, la primera capital rusa, que los soviéticos deseaban liberar por obvios motivos. Apenas llegados al frente, los españoles cruzaron el Vóljov, junto con tropas alemanas, hacia el Este, pero para entonces la Wehrmacht estaba exhausta y tras dos meses de combates los soviéticos los devolvieron a las líneas de partida. En este periodo la División Azul escribió páginas épicas como las de Possad.
Envalentonados, los soviéticos quisieron seguir progresando hacia el Oeste, rebasando a su vez el Vóljov. Pero de manera muy significativa y reveladora, lo hicieron al Norte del sector ocupado por los españoles, ya que la División Azul era, a ojos de los soviéticos, una unidad impenetrable.
También se hundió el frente alemán al sur del sector ocupado por la División azul, en la ribera meridional del Lago Ilmen. Y aquí los voluntarios anticomunistas españoles escribieron una de sus páginas más gloriosas, cuando su Compañía de Esquiadores, al mando del Capitán Ordás, compuesta por 228 hombres, protagonizó una épica misión en enero de 1942. Atravesó el congelado Lago Ilmen con temperaturas de -50ºC para socorrer a un destacamento alemán sitiado en la aldea de Vzvad. Se empeñaron con tanto heroísmo y espíritu de sacrificio que al terminar su misión —con éxito— del contingente inicial solo restaban indemnes 12 hombres.
La misma gesta, pero a mucha mayor escala, se repitió en la batalla de Krasny Bor. Tras obtener el triunfo de Stalingrado, el Ejército Rojo se sentía invencible. Y por ello, apenas unos días después de que Paulus se rindiera en la célebre ciudad del Volga, atacaron a la unidad española. Cuatro divisiones soviéticas contra un regimiento español. Pero hubo tal derroche de heroísmo y de pericia, tal voluntad de resistencia y capacidad de sacrificio, que los soviéticos fracasaron estrepitosamente. La División Azul nunca tuvo su propio “Stalingrado”.


Otras cuestiones de interés


En el desarrollo del libro también debe destacarse cómo se presenta la acción de los diplomáticos, el trabajo de los propagandistas, las tensiones políticas que se generaron en torno a su existencia y otros aspectos sorprendentes, como la infinidad de premios literarios de ámbito local durante aquellos años, por citar un ejemplo. O que el Nobel gallego
Camilo José Cela escribiera en la Hoja de Campaña, la publicación semanal divisionaria. O que el maestro Azorín escribiera elogiosos artículos sobre ella…
Con fluidez, en la obra se transita de periódicos soviéticos a informes de espías británicos, aunque “la parte del león” corresponde a la descripción de la experiencia divisionaria en sí misma, tanto en el frente como en la retaguardia. De ahí que Caballero también aborde —sin caer en la sensiblería— las vivencias más íntimas de los combatientes. Pero sin duda, uno de los grandes bastiones del libro es su contundencia en esclarecer los numerosos mitos y leyendas en los diferentes ámbitos que rodean la existencia de la División Azul.
Los voluntarios de la DEV fueron —y son— vilipendiados por unos y grandes héroes para otros. Pero nadie puede negar su valor sobrehumano y heroísmo en situaciones extremas. Protagonizaron un singular capítulo de la Historia de España, en el que fueron a luchar en las gélidas estepas rusas contra el comunismo y por su Dios en nombre de su patria.
Durante el transcurso de la II Guerra Mundial, la propaganda británica se cebó contra la División Azul. Afirmaron que estaba compuesta por civiles sacados de las cárceles y soldados reclutados a la fuerza. Sin embargo, acabada la guerra, los primeros que escribieron palabras altamente elogiosas sobre la División Azul fueron precisamente historiadores británicos. La guerra había acabado y la propaganda ya no era necesaria, por lo que se imponía la Historia. No ocurre lo mismo en España, donde la izquierda historiográfica sigue lanzando ataques tan burdos y falsos contra la División Azul como si aún hoy sus miembros estuvieran en las orillas del Vóljov o en los arrabales de Leningrado.
Con obras como La División Azul, de 1941 a la actualidad, de Carlos Caballero, los divisionarios han ganado una nueva batalla: ser reconocidos por la historia con justicia, demostrando, con todo el rigor de la investigación científica y parte del corazón del autor, cómo eran, cómo lucharon, cómo sintieron, padecieron y murieron, liberándose de forma definitiva de mitos, infamias y leyendas para una posteridad que debería reconocerlos como lo que fueron: los últimos combatientes románticos de nuestra Historia.

Autor: Carlos Caballero. Título: La División Azul, de 1941 a la actualidad. Editorial: La Esfera de los Libros. Venta: Amazon, Fnac y Casa del Libro.

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Cuando se reciben este tipo de reseñas es por algo :-x

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Reseña de Stanley G Payne, 6 de julio en ABC, suplemento cultural


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Pedido por Amazon. Me llega el 18 de Julio :grin:

Gracias Carlos

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«La División Azul», el último libro de Caballero Jurado. ¿La obra definitiva?


Luis E. Togores | 11 de julio de 2019

El autor ofrece una monumental enciclopedia que aborda todos y cada uno de los temas de la participación de voluntarios españoles en el Frente Ruso.


Cuando desde La Esfera de los Libros me preguntaron quién podía hacer «el libro definitivo» sobre la División Azul, no dudé ni un segundo en proponer el nombre de Carlos Caballero Jurado.
Carlos, a los largo de treinta años, se ha convertido en el primer especialista mundial en la División de Voluntarios Españoles, División 250. La lista de sus publicaciones es enorme, tantas que sería imposible reseñarlas sin utilizar muchas páginas. No solo es el número uno de los especialistas a nivel mundial en División Azul y todo lo que a ella se refiere, también es uno de los más reputados especialistas en la Segunda Guerra Mundial, en el Frente Ruso y en los voluntarios extranjeros que lucharon junto al III Reich.
A todo esto se une ser, casi con absoluta certeza, el autor español que más títulos ha publicado en inglés. ¡Si Carlos se llamase Charles, sin lugar a dudas seria un famoso, reputado, premiado y condecorado historiador, miembro de numerosas academias y asociaciones científicas! Pero en la España de la memoria histórica es sencillamente un historiador «de trinchera», veraz, que conoce el oficio, extraordinariamente trabajador y especializado en un tema que gusta a los lectores de historia dentro y fuera de España, pues compran sus libros cada vez que sale uno nuevo, pero que no resulta dócil a la «inteligencia» y a lo supuestamente políticamente correcto.
La División Azul, su último libro, con su sencillo título lo dice todo. Hace no muchos meses, un general de Artillería me pidió que le aconsejase un libro sobre la División. Le di un título de Carlos Caballero. Si hoy me hiciese la misma pregunta, la aconsejaría La División Azul.

Un libro que lo tiene todo

La Esfera de los Libros lo anuncia como el libro definitivo. No existen libros definitivos, pues el propio Carlos Caballero, en la presentación del mismo en el Casino Militar de Madrid, anunció que prepara una monografía sobre un tema muy concreto relativo a las andanzas de los guripas por el Frente Ruso. Pero, sin lugar a dudas, se puede decir que con este trabajo de Caballero Jurado se hace innecesaria la lectura de la casi totalidad de monografías, memorias, artículos, etc., ya que todos están perfectamente reunidos en las 827 páginas de esta monumental «enciclopedia» sobre la División Azul. Hechos, personajes, escritores, bibliografía, novelas, películas, documentales, etc. están recogidos en sus páginas. Una obra que ha llevado a decir al profesor Stanley G. Payne que es «la obra definitiva».
A lo largo de nueve capítulos, Caballero Jurado afronta todos y cada uno de los temas que componen el mundo de la División Azul: la División Azul en perspectiva histórica, junio-octubre de 1941; Guerra al este del río Vóljov, octubre-diciembre de 1941; Frenando al Ejército Rojo al oeste del Vóljov, enero-agosto de 1942; Asedio de Leningrado, la batalla de Krasny Bor, septiembre de 1942-marzo de 1943; A la defensiva frente a Leningrado, abril-octubre de 1943; De Leningrado a Berlín pasando por los Pirineos y los Balcanes, noviembre de 1943-mayo de 1945; Los divisionarios después de 1945, prisioneros, hermandades, testimonios; y El debate historiográfico.
Siendo el libro en su conjunto de enorme interés, los dos últimos capítulos son de una indudable importancia, ya que tratan unas cuestiones que, por lo general, no vienen recogidas en otros trabajos, como el de Xavier Moreno Julià. Existen algunas monografías, pero no libros de conjunto.
Para terminar, en el momento actual La División Azul (2019) de Caballero Jurado es un libro de lectura obligatoria para el que quiera conocer TODO lo que sabemos sobre la participación de voluntarios españoles en el Frente Ruso, junto a la Wehrmacht, durante la Segunda Guerra Mundial.

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Oberst
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Una vez leído la impresión de que es un trabajo muy bien hecho se transforma en certeza.

Sólo le puedo poner como pega dedicar demasiado espacio a los comisarios políticos metidos a historiadores,
aunque sea para rebatir bien argumentadamente toda la sarta de mentiras, exageraciones, mitos y errores de interpretación que estos han vertido sobre la División Azul. Muchas falsedades, a veces fruto del radio macuto de los guripas desde el primer momento, se deshacen al contrastarlos con la documentada realidad y el contexto (mitos comola falta de apoyo de aviación y artillero respecto a divisiones alemanas, marcha a pie y cambio de frente por castigo, sacrificio inútil en el Ilmen o en Possad, españoles como carne de cañón reservando a los alemanes,...)

Hay centenares de nombres, títulos y referencias que sólo quien tiene un profundo conocimiento del tema es capaz de hilar en un libro sin perderse, y sin que se pierda un lector que no sea experto en el tema.
Confío en ese esfuerzo por explicar y hacerse entender, como única vía para que la validez del libro pueda perdurar muchos años.

Se cita con justicia este foro y a varios de los foreros que por sus obras y aportaciones arrojan luz a un tema que aun muy estudiado sigue sorprendiendo.

Gran parte de la biblioteca divisionaria que he ido adquiriendo tiene el valor del momento en que se escribió, de las elocuentes fotografías, de ser amigos los que la han hecho posible... pero en este caso sintetiza con éxito gran parte de todos esos libros en una sola obra.

Enhorabuena. :-x

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NotaPublicado: Sab Ago 17, 2019 4:10 pm 
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He aprovechado mis vacaciones en Alicante para hacerme con él. Ahora me toca disfrutarlo.


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Pues si resides o pasas por Alicante con frecuencia, será un placer quedar un día y dedicartelo.

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