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NotaPublicado: Lun Ene 09, 2017 12:17 pm 
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Hauptmann
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Registrado: Jue Jun 12, 2014 7:36 am
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Libro: ESPAÑA DE CERCA Y DE LEJOS
Autor: Carlos Real de Azúa
Ediciones Ceibo
Montevideo 1943
División Azul pág 102-103

La cuestión de la «División Azul» ocupaba, y tal vez ocupe aún, un lugar enorme en el interés y la preocupación del público y de la calle. Aunque hemos oído versiones contrarias, es indudable que el momento del enrolamiento fue un instante de entusiasmo y de fervor. Si hubo algún sector posiblemente presionado, se trató del de la oficialidad profesional. Debió desecharse bastante gente, y la cantidad de dieciocho mil hombres de una división reforzada a la alemana, se cubrió con rapidez. Su composición —por lo que hemos podido colegir de la lectura de las necrologías— era, en una proporción muy crecida, de jóvenes combatientes de la guerra y de militantes de la hora prima de la Falange o del SEU (Sindicato Español Universitario). Ex-perseguidos y encarcelados muchos de ellos, otros, con sus familias exterminadas por los enemigos, creían todos en el momento de enrolarse que «aquello», de acuerdo a la opinión más difundida y a la muy reciente experiencia de Finlandia, iba a ser un paseo militar. Pero muy pronto, no se ocultaron los terribles sufrimientos del frente: la superioridad del material ruso, especialmente en tanques, la inferioridad numérica; el frío terrible de la zona de Leningrado, a la cual se les destinó; la superior calidad moral del enemigo; la agotadora cantidad de bajas.
No se hacía ya, en 1942, romanticismo heroico con esta prueba y los que volvían regresaban con ese complejo de egoísmo escéptico, tan característico del ex-combatiente. En el curso del año pasado fueron relevadas partes de la División y como se llamó en forma oficialmente optativa a los apuntados del principio, es, indudable que debe haber sido imposible cubrirla, sin recurrir a métodos compulsivos.
Esta fuerza española asombró a los alemanes por la casi risueña afirmación de un estilo bélico individualista, desenfadado, indisciplinado y picaresco. La antítesis del paso de ganso y del esfuerzo en equipo.
Sobre la División Azul se ha especulado mucho, políticamente, en España. Franco llegó a prometer a Alemania, en su discurso de Sevilla de Febrero de 1942, «un millón de hombres, si el camino de Berlín fuese abierto» (promesa que como está, naturalmente subordinada a una hipótesis, maldita la gracia que hizo en la Wilhelmstrasse) y se habla de «los soldados del Imperio y de Europa». Se argumenta que esta simbólica presencia española satisface un rencor de parte de la nación, dando rienda sin gran riesgo —inmediato al menos—a cierto deseo intervencionista de algunos sectores.
A esta División, la Falange intentó hacerla pasar por suya, con vistas a determinadas maniobras internas. La realidad es, en cambio, que parte de la tropa Azul no fue a hacerse matar por Franco y Serrano, sino al contrario, con el deseo de terminar con ellos a la vuelta. Un escritor falangista nos enunciaba el temor de que fueran los futuros «camelots du roi», los promotores de la tan temida restauración monárquica. Un voluntario que encontramos en el tren de Valladolid a Medina del Campo, las tierras de Isabel y de pan llevar, descubierto su pecho joven a la noche helada de Febrero (para él, en comparación con Leningrado, aquello era el trópico), insistía con tenacidad machacona, que indignaba a otro escritor falangista que nos acompañaba, que la División Azul no había ido a Rusia a pelear contra los aliados y que si se presentara, por ej. en el Don, una división inglesa, tendrían que ser retirados sin combatir.
(Entiéndase bien, que no mencionamos estas cosas para crear la imagen con vistas de ciertas tolerancias, de una España anticomunista pero aliadófila. La actitud del gobierno es inequívoca, y le dimos así mucho menos importancia de la que le asignó la prensa mundial, siempre hambrienta de «rectificaciones», y en la perspectiva de la política externa, al reemplazo de Serrano Suñer, testaferro del Eje, por el Conde Jordana. Queremos simplemente retratar en toda su complejidad ciertas actitudes íntimas, no oficiales de la España actual).
Para un cristiano demócrata y americano, la División Azul no plantea dudas. Solo cabe desaprobarla terminantemente. Si no somos comunistas, no es ciertamente en la trinchera reaccionaria y capitalista del «anticomunismo» (con su «anti» estéril repelente y tímido) que nos sentimos y definimos. Para un mundo ordenado en el Espíritu, para una «liberté de épanouissement» de la persona, no es con seguridad la ortodoxia marxista el mejor patrón. Pero el anhelo creador de justicia, las reservas de heroísmo, amor y sacrificio que laten en tanto comunista sincero y militante, no pueden ser desperdiciados, ni en el último adarme, para la ambición generosa de un esfuerzo democrático y cristiano. Nos parece aventurado y falso identificar a Rusia con el comunismo; aventurado en este caso, como en cualquier otro, consustanciar esa realidad humana, compleja, luenga en el tiempo, diversa, misteriosa, de una nación, con cualquier régimen o doctrina político-social, por más confundida que con ella aparezca....

Saludos

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NotaPublicado: Mar Ene 10, 2017 2:37 pm 
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Registrado: Mié Sep 23, 2009 10:33 pm
Mensajes: 5097
Ubicación: Alicante
pense que era un español emigrado a Uruguay el autor (quizas exiliado)`, pero parece que es un uruguayo que -eso parece-residió en España algun tiempo.
De la Wiki:

Carlos Real de Azúa (Montevideo, 15 de marzo de 1916 - 16 de julio de 1977). Abogado, profesor de literatura y estética, crítico literario, historiador y ensayista uruguayo, considerado el más destacado iniciador de la ciencia política en su país.

Profesor de Literatura en Enseñanza secundaria, desde 1937 hasta 1966. Profesor en el Instituto de Profesores Artigas, desde 1954 hasta 1967 dictó el curso de Literatura Iberoamericana y Rioplatense y desde 1952 hasta 1976, Estética Literaria. En la Facultad de Ciencias Económicas fue profesor de Ciencia Política (1967-1974).

Lo más importante de su actividad periodística la desarrolló en Marcha a partir de 1948. Y, desde entonces, va desgranando frente a textos singulares -ya sean discursos o acontecimientos- las cuestiones metodológicas y teóricas subyacentes y lo hace con gran profundidad intelectual, con rigurosidad y sutileza.

También integró la Unión Popular (esta fue una alianza politica prpopiciada por el Partido Socialista en Uruguay).

Este es el autor de estas palabras, no exentas de interes desde luego, aunque tambien desenfocadas en algun punto.
.

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Con mi canción la gloria va, que en Rusia están los camaradas de mi División... ...


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