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Parte I: Marbellíes en el Frente de Leningrado
Carlos Lima
NOV 14, 2020

Muy poco se sabe sobre la relación de la División Azul con Marbella. Esta unidad que combatió en el bando alemán contra los soviéticos durante la Segunda Guerra Mundial contó entre sus filas con una quincena de marbellíes y sampedreños. Por otro lado, en 1954, cuando los presos divisionarios regresaron a España, pasaron una temporada de reposo y recuperación en el entonces Albergue del Frente de Juventudes (el actual albergue África) de Marbella tras estar 12 años en campos de concentración soviéticos.
El Periódico de Marbella ha redactado la Trilogía Marbella y la División Azul para arrojar un poco de luz sobre esta unidad, los marbellíes que lucharon en ella y su relación con Marbella. Este reportaje, Marbellíes en el Frente de Leningrado, es el primero. Dentro de dos semanas se publicará Las hazañas del sargento Osorio, que relatará las experiencias de este sampedreño en la Guerra Civil y en la División Azul. Y por último, el reportaje Marbella: sanatorio de la División Azul que cerrará esta trilogía.
PARTE I- MARBELLÍES Y SAMPEDREÑOS EN EL FRENTE DE LENINGRADO
Durante la Segunda Guerra Mundial un grupo de marbellíes encuadrados en la División Azul española cruzó toda Europa para luchar contra los soviéticos bajo mando alemán en los confines boscosos de Rusia. Combatieron a -40 o -50 grados bajo cero en condiciones atroces, participando en el asedio más largo de la guerra, el de Leningrado (casi 900 días), luchando siempre contra fuerzas muy superiores y ganándose una reputación de coraje y resistencia ante sus compatriotas alemanes.
Casi todo lo que se sabe sobre el paso de los marbellíes por la División Azul se debe a una exhaustiva investigación que ha realizado Carlos Caballero Jurado, autor del libro La División Azul: Historia completa de los voluntarios españoles de Hitler. De 1941 a la actualidad.
Una división de camisas azules
El origen del nombre de La División Azul procede de las camisas azules que llevaban muchos miembros de la Falange española. Fue un cuerpo de voluntarios que el general Francisco Franco y su cuñado germanófilo Serrano Suñer crearon el 26 de junio de 1941. El motivo era devolverle el favor a Hitler por toda la ayuda que el dictador alemán prestó al bando nacional durante la Guerra Civil. Esta unidad militar se conformó cuatro días después de la invasión de la Unión Soviética por la Alemania Nazi. De Marbella, como en todas las ciudades de España, se sumaron muchos jóvenes que querían combatir la amenaza comunista representada por la Unión Soviética de Stalin.
Tanto los marbellíes enrolados, como el resto de españoles que se alistaron en la División Azul, hasta sumar algo más de 18.000 soldados, fueron encuadrados y recibieron una somera instrucción militar durante diez días en España. Posteriormente, fueron embarcados en trenes que les llevaron hasta el campamento de instrucción de Grafenwöhr, en Nuremberg, adonde llegaron el 17 de julio. Allí, los voluntarios españoles recibieron instrucción militar durante dos meses y no llegaron al frente de combate hasta octubre de 1941. Mientras, la guerra rugía en los inmensos campos rusos.
La División Azul (la 250 Infanterie-Division para los alemanes) se organizó en tres regimientos, 262, 263 y 269, cada uno con tres batallones. Casi todos los marbellíes que lucharon en Rusia formaron parte del Regimiento 269. Esta unidad soportó los peores combates en la primera gran batalla que los españoles libraron en la campaña rusa: la cabeza de puente del río Voljov, en el otoño e invierno de 1941-1942. Allí, los españoles resistieron innumerables ataques de ejércitos soviéticos que superaban en número a los divisionarios ampliamente. Cumplieron el objetivo de evitar que los soviéticos rompieran el frente y auxiliaran a sus tropas asediadas en Leningrado.
El segundo campo de operaciones de la División Azul fue en las afueras de Leningrado. Participaron en el asedio más largo de la Segunda Guerra Mundial desde agosto de 1942 hasta octubre de 1943 cuando la División Azul fue repatriada de vuelta a España. De nuevo, resistieron ataques de fuerzas soviéticas muy superiores.
Marbellíes y sampedreños en el frente.
En los bosques y pantanos infinitos del Voljov luchó el marbellí José Tomé Carrasco, encuadrado en el famoso Batallón Román, unidad que recibiría muchas bajas. El soldado José Tomé cayó en combate el 18 de noviembre en plena lucha al Este del río Voljov. Fue enterrado en Sitno y recibió la Cruz Roja al Mérito Militar. Resulta paradójico la existencia de un requerimiento de septiembre de 1941 en el que se reclamaba al Ayuntamiento un certificado de buena conducta para garantizar que no desertaría. Sin duda no lo hizo.
La misma condecoración concedida a Tomé Carrasco fue otorgada poco después al sargento marbellí Eugenio Vara Susperregui, que falleció el día 14 de enero de 1942 tras los duros enfrentamientos de Teremez mientras trataba de contener las oleadas de infantes rusos que cruzaban el río Voljov. Su madre Josefa Susperregui Recarte, que residía en la calle Ancha número 16, quedó a cargo de sus derechos económicos en Marbella.
Mejor suerte tuvo Francisco Vázquez Osorio de San Pedro Alcántara. Fue herido el día 23 de octubre de 1941, al poco de llegar al frente la División Azul. Sin embargo, tuvo tiempo de obtener dos Cruces Rojas la Mérito Militar por hechos destacados luchando contra los soviéticos. Debido a la herida que lo dejó mutilado, fue repatriado y obtuvo el reconocimiento de Caballero Mutilado.
Otro marbellí que volvió mutilado a Marbella fue Enrique Cuevas González. Participó con el Batallón de Reserva 250 en el sangriento asalto a los cuarteles Muravevski de Dubrovka, donde murieron cientos de soldados. Recibió una Cruz Roja al Mérito Militar y una Cruz de Guerra. Existe en el Archivo Municipal un escrito sobre Enrique Cuevas del 27 de septiembre de 1937 para no incorporarse a filas del bando Nacional por encontrarse sus dos hermanos prestando ya servicio en el ejército franquista. También hay otro documento que certifica que, tras su regreso a Marbella, solicitó plaza como guardia municipal.
Al respecto de los divisionarios heridos que volvieron a Marbella, la profesora e historiadora local Ana Rubia Osorio explica que “a su regreso de Rusia, los heridos que habían sufrido algún tipo de mutilación en combate formaron parte del Cuerpo de Mutilados, proporcionando esta institución a los divisionarios una serie de derechos y privilegios. Respecto a los familiares de los soldados fallecidos en combate de la División Azul, siguieron cobrando las ayudas económicas hasta finales de la década de los cincuenta”.
Rubia Osorio ha tratado extensamente el asunto de los soldados vueltos a casa en su tesis doctoral El primer franquismo en Marbella (1939-1959). Relata como Alemania asumió parte de la asistencia de los mutilados en España, además de pagando indemnizaciones y cantidades económicas a los familiares de los fallecidos hasta el final de la Segunda Guerra Mundial.
El valiente alférez
Volviendo a los marbellíes que lucharon con la División Azul, merece especial mención el marbellí Guillermo Alcalá López, hermano del Cronista Oficial de Marbella Fernando Alcalá Marín. Su suegro, militar de carrera y masón, consiguió que Guillermo pasara la Guerra Civil destinado en Ceuta, librándose por tanto de participar en la contienda. Era oficial alférez en el regimiento nº 49 de Ceuta cuando se presentó voluntario para la División Azul y en Rusia demostró sobradamente su valentía. Luchó en la 7ª Batería del Regimiento de Artillería en el frente de Leningrado, “en un sector donde los alemanes situaron una serie de baterías equipadas con material de botín de guerra francés, en este caso unos cañones de 155 mm». Eran » cañones estáticos» de manera que permanecían siempre en el mismo lugar y eran las unidades de soldados las que iban y venían, explica el historiador y escritor Carlos Caballero Jurado.
Como relata su hijo Guillermo Alcalá, tras su regreso a España el alférez marbellí fue despedido del ejército por las conexiones masónicas de su suegro. Guillermo Alcalá López luchó en algunas de las batallas más duras del Frente del Este, el más sangriento de todos los frentes de la Segunda Guerra Mundial. Recibió una Cruz Roja al Mérito Militar y una Cruz de Guerra.
Otros tres miembros que participaron desde el principio en la lucha de la División Azul en Rusia fueron Miguel Domínguez García, de San Pedro Alcántara, que recibió la Cruz Roja al Mérito Militar. Manuel Carnero Fernández, que volvió a España el 3 de julio de 1942 con dos Cruces Rojas al Mérito Militar. Y por último, Manuel Romero López, que volvió a España el 20 de diciembre de 1942 con una Cruz Roja al Mérito Militar. Como explica su sobrino José Manuel, “con secuelas psicológicas que le acompañaron el resto de su vida. Muy poco quiso contarnos a su familia sobre sus experiencias en la División Azul”.
25.000 soldados de refuerzo
La División Azul, tanto en el Frente del Voljov (de octubre de 1941 a agosto de 1942) como del Frente de Leningrado (agosto de 1942 a octubre de 1943) sufrió numerosas bajas: 4.954 muertos, 8.700 heridos, 2.137 mutilados y 372 prisioneros por el Ejército Rojo. A causa de ello, se fue reforzando con 25.000 soldados españoles más, organizados en 27 Batallones de Marcha.
De este modo, según ha podido descubrir el escritor Carlos Caballero Jurado, hasta seis marbellíes acudieron a Rusia a cubrir bajas, “aunque probablemente fueran más porque las listas de efectivos de algunos Batallones de Marcha se han perdido”.
Miguel Osorio Ramírez fue un sargento sampedreño que acudió a reforzar a la División Azul en el 11º Batallón de Marcha el 18 de junio de 1942. Fue destinado a la 1ª Compañía del I Batallón del Regimiento 269. Participó activamente en el asedio de Leningrado hasta que la División Azul fue repatriada en octubre de 1943. Sobre sus increíbles peripecias El Periódico de Marbella publicará próximamente un reportaje.
En la misma unidad que Osorio Ramírez llegó a Rusia Juan Rodríguez Cortés, que residía en la calle Castillo de Marbella. Prestó servicio en el III Batallón del Regimiento 269 y fue galardonado con la Cruz de Hierro de segunda clase.
En agosto de 1942 llegó a la División Azul el marbellí Cristóbal González Caravante en el 14º Batallón de Marcha, cuyo padre residía en la calle Mesoncillo número 7. Fue ascendido a cabo cuando volvió a España en noviembre de 1943. También se alistaron como refuerzo Andrés Zuñiga Martín, que se incorporó a la División Azul con el 16º Batallón de Marcha en septiembre de 1942. De Rafael González Berrocal apenas se sabe poco más que llegó en el 23º Batallón de Marcha y Antonio Cortes García fue devuelto a España desde el campamento de entrenamiento de Alemania por no ser considerado apto para el combate.
La relación de la División Azul con Marbella no terminó con el retorno de los divisionarios marbellíes a casa. Diez años después, en 1954, el buque Semíramis trajo de vuelta a España a varios cientos de españoles que habían estado prisioneros en campos de concentración y trabajo soviéticos. Se eligió Marbella para que se recuperaran física y anímicamente de la experiencia en los gulags. Todo lo relacionado con este capítulo se sabrá en otro reportaje que se publicará próximamente.

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Parte II: Las hazañas del sargento Osorio
PorCarlos Lima
NOV 28, 2020
El sargento sampedreño Miguel Osorio luchó en primera línea en dos de las guerras mas sangrientas del siglo XX: la Guerra Civil con el 1º Tabor del Grupo de Regulares de Ceuta y la Segunda Guerra Mundial con la División Azul. Osorio dejó escrito un diario en el que relataba sus vivencias durante los 16 meses que pasó luchando en la Segunda Guerra Mundial con la División Azul. Este medio ha tenido acceso a ese documento histórico en el que cuenta sus peripecias.


El sargento marbellí Miguel Osorio Ramírez estaba cansado después de una noche entera dirigiendo una patrulla de combate entre las dos líneas del frente. Mientras, en la distancia retumbaban los cañonazos alemanes dirigidos a las posiciones rusas que defendían Leningrado durante la Segunda Guerra Mundial. Su fatigado pelotón había tenido varios encontronazos violentos con soldados soviéticos, lo usual en el frente defendido por su unidad.
La sorpresa fue cuando capturaron a un soldado enemigo de rasgos asiáticos porque, en vez de echarse a llorar suplicando por su vida, derramó lágrimas de felicidad al ver la bandera de España en el uniforme de sus captores. No era lo mismo rendirse ante los alemanes que solían fusilar a los prisioneros sin miramientos, a hacerlo ante los españoles de la División Azul, que en general los trataban humanamente.
“Mi padre nos contó muy poco sobre sus experiencias durante la Segunda Guerra Mundial. Era un hombre reservado. Una de las pocas anécdotas que me contó fue la del pobre prisionero ruso que capturaron y se puso inmensamente feliz cuando vio la bandera de España. Le dieron de comer y lo mandaron a la retaguardia”, aclara Juan Osorio Duarte, coronel de Infantería retirado e hijo de Miguel Osorio Ramírez.
ORÍGENES Y GUERRA CIVIL
El Sargento Miguel Osorio Ramírez nació en Marbella el 27 de diciembre de 1914. Estudió hasta los 14 años y luego se puso a trabajar en el campo junto a su padre, que era capataz en una finca de San Pedro Alcántara. A los 20 años se alistó como voluntario en el ejército. Un acto vocacional: los Osorio tienen un componente belicoso en la sangre porque, de los cinco hermanos varones, tres hicieron carrera militar y otro se enroló en la Guardia Civil.
Al inicio de la Guerra Civil española, el sargento Osorio se encontraba en Xauen, Marruecos, defendiendo las posesiones españolas en el país vecino. La unidad de Osorio, el Tabor 1 de Regulares, fue la primera unidad del ejército franquista en cruzar el Estrecho de Gibraltar para ayudar en el derrocamiento de la República. Fueron transportados por el destructor Churruca a Cádiz un día después del pronunciamiento militar, el 19 de julio de 1936.
“Con el inicio de la guerra, mi abuelo y sus hijos sufrieron represalias a manos de los republicanos. De hecho, cuando se aproximaban las fuerzas nacionales a San Pedro intentaron quemar la casa de mi abuelo con toda la familia dentro. Lo que les salvó de morir calcinados fueron las pasadas rasantes del as de la aviación nacional Joaquín García-Morato, que distrajo a los republicanos lo suficiente para que mi abuelo y toda la familia escaparan al monte”, cuenta el hijo de Miguel Osorio.
El sargento Osorio luchó contra los republicanos en el Frente de Andalucía hasta marzo de 1937, cuando fue herido por metralla de un proyectil de tanque en Pozoblanco. Tras recuperarse, participó en la Batalla del Ebro y terminó la Guerra Civil en la frontera catalana de los Pirineos. Luchó desde Cádiz hasta la frontera con Francia. Durante los más de tres años de guerra acumuló diversas condecoraciones: Medalla Militar Colectiva, Cruz de Guerra, Tres Cruces Rojas al Mérito Militar y Medalla de la Campaña.
CON LA DIVISIÓN AZUL EN LA UNIÓN SOVIÉTICA
Después de lo vivido en la Guerra Civil ¿Qué pudo llevar a Miguel a alistarse en la División Azul? Los ejércitos alemanes estaban invadiendo la Unión Soviética y el dictador Francisco Franco mandó a la División Azul para ayudar a los alemanes en su lucha contra en comunismo. El papel de la unidad española fue participar en el asedio de Leningrado, una de las principales ciudades soviéticas. Su hijo explica que “era muy religioso y llevó muy mal el hecho de que él y su familia fueran señalados por los comunistas republicanos por ir a misa. Quiso ir a Rusia para luchar contra los rojos”. Dicho y hecho: Miguel se alistó en la División Azul, partiendo hacía la Unión Soviética en el 11º Batallón de Marcha el 18 de junio de 1942. Llegó al campamento español en Novgorod el 4 de julio tras un largo viaje. Allí fue adscrito como jefe del Pelotón de Asalto de la 1ª Compañía del I Batallón del Regimiento 269. El sargento sampedreño participó en el asedio de Leningrado durante los 16 meses que pasó en Rusia, dejando escrito un diario de campaña. Este diario es un documento histórico muy valioso para conocer su paso por la División Azul.
El tipo de lucha que vivió Osorio en el asedio de Leningrado fue una sucesión de periodos en las trincheras de primera línea, días de descanso en retaguardia, asistencia a cursos de formación para suboficiales (de Armamento, Cazatanques o Veterinaria), patrullas nocturnas, marchas y
contramarcha. Pero también tuvo días de descanso asistiendo al cine o alternando con la población civil.
La aviación soviética bombardeaba con frecuencia a los españoles. También eran habituales los ataques de artillería y mortero sobre las trincheras de la División Azul. Osorio también participó en numerosas luchas cuerpo a cuerpo, la forma más dura de combate. Contabilizó hasta 8 días de este tipo de combate por lo que fue distinguido como Soldado de Asalto. Durante el algo más de un año que luchó en Rusia, la Compañía de Osorio, con unos efectivos aproximados de 150 soldados, tuvo 16 muertos y 36 heridos. Este es el cómputo que escrupulosamente reflejó el sampedreño en su diario de campaña.
Sin embargo, no todo fueron días de enfrentamientos. También hubo momentos para la distracción y el relajamiento. “Las relaciones con los civiles rusos eran muy buenas. Mi padre contaba que los trataban bien y que hubo más de un amorío con las chicas de los pueblos donde estaban de guarnición”, explica Juan Osorio. Asímismo, los soldados pudieron disfrutar de tiempo para ir al cine en los periodos alejados del frente. Miguel Osorio refleja en su diario de campaña varios de estos días de esparcimiento: el 24 de enero de 1943 vieron la película Raza, un día después Morena Clara, el 31 de enero Un marido a precio fijo y el 18 de abril Nobleza Baturra.
Mención aparte merece la climatología. La meteorología extrema era la norma. Miguel Osorio apuntó en su diario de campaña los sufrimientos por los problemas que provocaba el deshielo en las trincheras: “en posición, en estos días empieza a sentirse el frío y todos los días tiene que llover, por las trincheras no se puede ni andar por el agua y barro que hay”. También el frío extremo que padeció, “en estos días no se puede del frío que hace, hasta el agua está congelada” o, “por la noche hubo una ventisca muy grande, las trincheras se llenaron de nieve y había que andar por encima de ellas”. Otro ejemplo, del día 1 de febrero de 1943, cuando “por la noche fuimos a relevar a las trincheras a la tercera sección de nuestra Compañía, hacia una noche espantosa no se podía dar un paso por la ventisca que había”.
LA BATALLA DE KRASNY BOR
El momento más negro que vivieron los miembros de la División Azul durante toda su permanencia en la Unión Soviética fue la Batalla de Krasny Bor, que tuvo lugar el 10 de febrero de 1943. Ese día el alto mando soviético desencadenó la ofensiva Estrella Polar con el objetivo de levantar el asedio de la ciudad de Leningrado en la zona defendida por los españoles. Para Miguel Osorio fue una suerte que el golpe principal del ataque soviético cayera sobre la zona defendida por el regimiento 262, la unidad española vecina que ocupaba el pueblo de Krasny Bor y protegía la vía de tren que unía Leningrado con Moscú. Si hubiera sido su regimiento, el 269, el que hubiera estado en la trayectoria del ataque, seguramente el sampedreño no hubiera vivido para contarlo.
El 55 Ejército Soviético del general Vladimir Petrovich Svridov contaba con 44.000 soldados, 117 tanques y 1.000 piezas de artillería. Su ataque diezmó tanto al Regimiento 262 como al 250 Batallón de Reserva y causó numerosas bajas al 250 Batallón de Zapadores y a la unidad antitanque de la División Azul. Los soviéticos hicieron retroceder varios kilómetros a los españoles que, no obstante, se defendieron con uñas y dientes y consiguieron mantener las líneas. Hasta el punto de que al día siguiente el Ejército Rojo suspendió la ofensiva tras perder 20.000 soldados. Los españoles en cambio, tuvieron 2.800 bajas entre muertos y heridos y varios cientos de prisioneros.
El regimiento del sargento Osorio, el 269, sufrió de refilón la Ofensiva de los rusos. Tal y como relata en su diario de campaña: “a las siete de la mañana empezaron los rojos hacer fuego con artillería, morteros y organillos de Stalin (un tipo de lanzacohetes múltiples montados en camiones) sobre las posiciones ocupadas por el Regimiento 262 de nuestra División. A las nueve aproximadamente, avanzaron cerca de cuarenta tanques rompiendo nuestra línea por dicho sector, también actúa mucha aviación de ellos, por la tarde vino la nuestra y bombardeó y ametralló y hubo combate derribando a dos ó tres aparatos rojos”. Como puede deducirse las fuerzas soviéticas se concentraron en otro punto de las trincheras defendidas por Osorio, ya que ese día su Compañía sólo tuvo un muerto y un herido.
FINAL DE LA GUERRA Y VUELTA A CASA
Tras la batalla de Krasny Bor, la guerra de trincheras volvió a ser la característica habitual, con golpes de mano frecuentes por parte de ambos bandos. Un típico “encontronazo” con el enemigo es el que vivió Osorio el 6 de mayo de 1943: “a las doce y media de la noche vino una patrulla roja cogiendo preso a un centinela español con una lona y golpeándole la cabeza con porra pero como se puso a gritar, entonces lo soltaron y se dieron a la fuga, en la retirada se mató uno por mi fusil ametrallador”. Al día siguiente la suerte volvió a estar de parte del sampedreño, “a las doce y media de la mañana empezaron los rojos a tirar con los morteros sobre nuestra posición cayendo dos morterazos encima de mi chabola resultando heridos el cabo y un soldado de mi pelotón, resultando yo ileso por milagro porque estaba junto con ellos dentro de la chabola”.
Conforme pasaba el verano de 1943 Miguel Osorio fue viendo menos acción en el frente. El día 21 de agosto le concedieron el emblema de Soldado de Asalto y obtuvo un permiso. Su hijo Juan Osorio cuenta que «mi padre fue al pueblo de Puskin y visitó el Palacio de Catalina de Rusia y se trajo un recuerdo a Marbella: una cinta de la carroza de la emperatriz rusa”. Tras el verano, comenzó el lento retorno de los divisionarios a España. El sargento Osorio, tras recibir otra condecoración, la Cruz Roja al Mérito Militar, fue repatriado en noviembre y volvió a San Pedro a recuperarse.
Ya en su tierra, la vida volvió a la normalidad. Se casó el 26 de junio de 1944 con la marbellí Rafaela Duarte Lima. Pero siguió ejerciendo la carrera militar, así que se reincorporó a su antigua unidad en el Tabor de Regulares de Ceuta. Osorio estuvo en activo en diferentes unidades del ejército español hasta 1967, cuando se retiró con el grado de capitán. Posteriormente trabajó como administrador en la empresa de un familiar, llevando una vida tranquila y dedicada a su familia hasta su muerte en 2004.
Miguel Osorio fue un simple soldado sampedreño que participó en el teatro de combate más duro de la Segunda Guerra Mundial: el Frente del Este. Por fortuna, pudo volver de las trincheras y rehizo su vida en Marbella. Cientos de divisionarios españoles tuvieron peor suerte que él y fueron capturados por los soviéticos. Acabaron en campos de prisioneros durante 11 o 12 años, sobreviviendo en condiciones atroces, hasta que en 1954 pudieron volver a España en el barco Semíramis. Unos doscientos de ellos vinieron a Marbella a recuperarse física y psicológicamente de este trance, pasando unos días en el Albergue del Frente de Juventudes (actual albergue África). Una experiencia que se relatará en el artículo Marbella: sanatorio de la División Azul, el reportaje que cierra la Trilogía Marbella y la División Azul y que se publicará dentro de dos semanas.
El primer reportaje de la Trilogía, Marbellíes en el Frente de Leningrado, puedes leerlo en este enlace:

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