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NotaPublicado: Mié Mar 14, 2012 5:46 pm 
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EL CANEY (SANTIAGO DE CUBA) 1de julio de 1898.

INTRODUCCIÓN:
En cierta ocasión, durante una excursión a Santiago de Compostela, quedé estupefacto al oír a una adolescente norteamericana, hija de gallegos, que en regular español relataba a un grupo de amigos lo que ella había estudiado en su “bachiller americano” sobre los hechos de la Guerra Hispano-Estadounidense, que fue en lo que desembocó nuestra Guerra de Cuba. Les hablaba del otro Santiago, el de Cuba, y de las batallas que tuvieron españoles y estadounidenses con una pasión que mantenía enganchado a su grupo. Como yo mataba el tiempo esperando a unos amigos, atendí con curiosidad a lo que la joven relataba y me maravillé del orgullo dividido con que ella mostraba las victorias de sus compatriotas a la par que el heroísmo y valentía de los compatriotas de su padre. Terminó con una de las batallas que los alumnos militares españoles estudian de pasada, la de El Caney, y que ella desmenuzaba con pelos y señales sobre fuerzas, hechos, y nombres, en una forma que envidié, por la detallada historia de su nación que había estudiado. Luego pensé que si a uno de nuestros escolares se le citan de corrido los nombres de Don Rodrigo, Gonzalo Fernández de Córdoba, Cabeza de Vaca, Eloy Gonzalo, Cortés, Pizarro, Palafox, Zumalacárregui, Vara del Rey, lo más seguro es que pregunte que a qué equipo de futbol corresponde esa alineación. Cuando se levantaban de la mesa, le pregunté a la joven si todo eso se lo habían enseñado en el colegio. Ella me contestó que algo sí que le habían enseñado sobre eso pero en su caso coincidía que su bisabuelo había sido Segundo Teniente en el Tercero de la Brigada Beits, nombre que a mí no me decía nada.

Con el tiempo cayó en mis manos un folleto sobre El Caney y recordé aquella lección de la historia americana, que también era de la nuestra, cintada en una cafetería de Santiago por una joven muchacha. Entonces decidí investigar sobre sucedido en aquel lugar durante la defensa de Santiago de Cuba. Entre otras cosas, supe que la joven americana se refería al 1 de julio de 1898, y que su familiar se encontraba ese día encuadrado en el 3er. Regimiento de Infantería de la Brigada Independiente del General John C. Bates.

LOS ANTECEDENTES PRÓXIMOS:

El día primero de julio de 1898 las tropas americanas, que habían desembarcado en las Costas de Oriente, al Oeste y por encima de Santiago ocho días antes y ya habían tenido los primeros encuentros con los españoles en Las Guásimas y en Sevilla, sitian desde primeras horas de la mañana el pueblo de de El Caney (Departamento Oriental, Santiago de Cuba), situado a 7 kilómetros de Santiago.

Cerca del pueblo de El Caney, se encontraba una estratégica encrucijada de carreteras, controladas al nordeste por el fuerte “El Viso”, situado sobre una colina. El enclave defensivo de El Caney lo componía un pequeño fuerte de ladrillo y cemento llamado El Viso, además de seis blocaos de madera y tierra, una avanzadilla de parapetos de tierra alrededor del fuerte, una iglesia, y una plaza rectangular alrededor de la cual se distribuían las casas de la población civil.


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El fuerte de El Viso, frente a la Loma de San Juan y encima de Santiago, era esencial para la defensa de la capital del Distrito Oriental de Cuba. Desde el fuerte se dominaba el pueblo de El Caney, así como las carreteras hacia otros puntos de la isla; se trataba de un enclave estratégico y fundamental para quien quisiera tomar la isla.

Para situar al lector, diremos que en el combate por la toma de esa localidad, El General Shafter, Comandante en Jefe del 5º Ejército Expedicionario americano, había dispuesto que la 2º División mandada por el General Henry Ware Lawton. Lawton tomase El Caney con rapidez y volviese hacia la loma de Sanjuán a ayudar al resto del 5º Ejercito en la toma de los altos para después dirigirse hacia Santiago. Lawton disponía de cuatro Brigadas y una Batería de Artillería con un total de 6.653 hombres. España, al mando del General Joaquín Vara de Rey y Rubio, sólo disponía en El Caney de 550 hombres en total, 519 de ellos en el fuerte de El Viso. La desproporción era brutal, y los americanos creían que ante el volumen de hombres y armamento, los españoles se retirarían sin oponer resistencia. El mismo General Lawton prometió a su jefe el General Shafter que en menos de dos horas la 2ª División estaría de vuelta para ayudar al resto de las fuerzas americanas en el ataque a la Loma de San Juan.

DESCRIPCIÓN DE LA SITUACIÓN DEL EJÉRCITO ESPAÑOL EN CUBA:

El Imparcial de Madrid de 12-7-1896 deja reflejada la situación de los soldados españoles en este párrafo: “Cada bohío es una estación telegráfica y cada campesino, un servidor de la insurrección. Como consecuencia, los soldados españoles ni siquiera pueden dormir en las casas de los pueblos, porque les roban incluso las armas y municiones. Los movimientos de las columnas peninsulares son inmediatamente reseñados por los "pacíficos" con toda suerte de detalles, mientras las informaciones alternativas están plagadas de errores. De este modo, el juego de marchas y contramarchas se revela agotador y estéril. Los soldados se mueren literalmente de hambre, mientras experimentan las enfermedades e infecciones propias de un país tropical. Tal es el balance de " tantas idas y venidas inútiles como hacen nuestras columnas".

En 1898, el mismo periódico decía: De los 200 mil hombres que habían llegado a Cuba, quedaban a finales de 1897 El Imparcial, 114.961, de los cuales sólo 53 mil treinta estaban aptos para el combate.

El Heraldo de Madrid el 23-10-1896, en un artículo titulado “Para los heridos de Cuba” decía: “A medida que avanza el tiempo es mayor el número de soldados que regresan de Cuba imposibilitados para seguir prestando los duros servicios de la guerra (...). No pocos regresan inutilizados por completo; sus lesiones los han dejado sin medios de acción para ningún oficio. Muchos vuelven consumidos por las fiebres, destruidos por el vómito, víctimas de la anemia, extenuados y demacradísimos. La piel pegada a los huesos, los ojos hundidos en las órbitas, sin fuerza para andar, perdido el apetito, en la mayor miseria fisiológica, causa lástima infinita verlos. Estos últimos constituyen la mayoría de las bajas del glorioso ejército.

También el Heraldo de Madrid el 6-11-1897, en un artículo firmado por Gonzalo de Reparaz, decía: “Aquellos 200.000 muchachos que la Patria mandó a la manigua para defender la integridad del territorio han muerto o enfermado casi todos víctimas de tres causas que, habiéndose podido remediar no se han remediado. La primera, el hambre. El soldado ha comido poco y malo, y en ocasiones no ha comido nada. A veces su único alimento ha sido un pedazo de galleta agusanada (...). Las medidas higiénicas aconsejadas por la subinspección de Sanidad Militar en las instrucciones impresas en 1º de abril de 1896, no se han cumplido. El cansancio, esa era la segunda causa de mortalidad (...). Al soldado no se le daba cama ni abrigo, ni tiempo siquiera para dormir.

Descripción del terreno por El Nacional de Cuba el 3-7-1898: “Tropas yankis siguen su avance... El Caney es todo montañoso. Está atravesado de E a O por Sierra Maestra y Gran Piedra... Muchos riachuelos. Los más importantes son Aguadores y Baconao... Caney y Cristo son centros urbanos, Guaniniun, Demajayabo, Paz de los Naranjos, Zacatecas, Sevilla, Barajaguas, Lagunas, Dos Bocas, Reunión de las Yaguas, Dajao, Juan Angola, Manantuaba son zonas rurales. La cabecera es San Luis de El Caney, con 1500 habitantes (En El Caney atacaron 5000/6000 soldados usa) (Insurrección aumenta en Dpto. Oriental "por innoble proceder de yankis de entregar armas a los rebeldes").

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Justificación del General Shafter, Jefe del 5º Ejército estadounidense, para dividir sus fuerzas: Con ese ataque se intentaba evitar que las fuerzas españolas pudieran hostigar los flancos de los norteamericanos durante su ataque sobre las Lomas de San Juan.

Al mismo tiempo, para crear más dificultades al mando español, se llevaría acabo un ataque de diversión sobre el río Aguadores para evitar que el General Linares pudiera acudir en socorro de las Lomas de San Juan y de El Caney con las unidades existentes en la zona.


ORDEN DE BATALLA:

DESTACAMENTO ESPAÑOL:

General Joaquín Vara de Rey y Rubio
Regimiento de la Constitución Número 29: 3 Compañías. 419 hombres.
Guerrillas: 1 Compañía
Regimiento de Cuba: 40 hombres
Movilizados: 50 hombres civiles de El Caney
2 cañones de montaña Krupp de 75mm. ( En algunos documentos se indica que el tipo de cañón de montaña en El Viso era el español Plasencia Acero 1847-76 de 80 mm. fabricado por Krupp, o el Sepúlveda Bronce de 90 mm fabricado en la Maestranza de Artillería de Sevilla).

Total: 550 hombres

FUERZAS NORTEAMERICANAS:

2ª DIVISIÓN:
Brigadier-General H.W. Lawton

I BRIGADA Brigadier-General W. Ludlow
8º Infantería
22º Infantería
2º Voluntarios de Massachussets

2.324 hombres

II BRIGADA
Coronel Evan Miles
1º Infantería
4º Infantería
25º Infantería

1.457 hombres

III BRIGADA
Brigadier-General A.R. Chaffee
7º Infantería
11º Infantería
17º Infantería

2.026 hombres

BRIG. INDEPENDIENTE
Brigadier-General J.C. Bates
3º Infantería
20º Infantería

1.092 hombres

BATERÍA DE ARTILLERÍA
Capitán Capron: 4 cañones de 81 mm

GRUPO DE AMETRALLADORAS
4 ametralladoras Gatling 30.40

TOTAL: 6.899 hombres

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EL DESPLIEGUE.

La posición de El Caney con sus 550 hombres, tenía por misión impedir que los norteamericanos se apoderaran de la represa de agua existente de Cuabitas que abastecía la ciudad de Santiago, y de la vía férrea que unía a la plaza con varios poblados en que había siembras y por los cuales tenía que llegar el general Escario con refuerzos desde Tempranillo. Aunque no poseían ametralladoras, si que tenían dos cañones de montaña aunque con escasa munición. Sus defensas consistían en seis blocaos de madera con diez o doce hombres cada uno y un fuerte de piedra denominado El Viso. Las casas del pueblo habían sido aspilladas y se abrieron trincheras en el suelo pedregoso, y el juego de unas y otras ofrecía a los defensores un fuego rasante sobre un espacio de entre 600 a 1200 metros; en la punta Nordeste de la posición se encontraba el fuerte de El Viso, guarnecido por 420 hombres, ocupando una colina desde la que se dominan todos los accesos. Las trincheras eran del tipo "carlista", es decir, trincheras en las que la arena excavada, en vez de utilizarse para formar un parapeto delante, como era lo común en aquella época, se tiraba hacia atrás esparciéndola, para hacerlas más difíciles de descubrir. La gran debilidad de la posición de El Caney consistía en que podía dominarse con artillería desde posiciones cercanas situadas en la sierra de Escandell.

El plan norteamericano era que, una vez comenzado el combate de El Caney, el general Shatfer avanzaría con el resto del ejército norteamericano sobre las posiciones de San Juan. Por su parte, el rebelde Calixto García dejaría 200 de sus hombres al general Lawton para su ataque a El Caney y otros 200 para operar con Shafter sobre San Juan, mientras que trasladaría el resto de sus fuerzas mambises el 1 de julio por la mañana al Norte de la ciudad de Santiago para cortar la retirada a los defensores de la plaza y oponerse a la llegada de refuerzos.

Al amanecer del 1 de julio las fuerzas norteamericanas frente a El Caney y las lomas de San Juan estaban desplegadas de la siguiente manera:
La 3ª Brigada, al mando del general Chafee, sobre la senda de El Caney a Guantánamo.
La 1ª Brigada, al mando del general Ludlow, detrás de la 3ª Brigada.
A la izquierda y a dos kilómetros al Norte de Marianage, el 1º de Infantería de la 2ª Brigada y la Bateria del Capitán Capron.
La 2ª Brigada, al mando del general Miles, con dos regimientos desplegados cerca de El Pozo, sobre la orilla derecha del río Aguadores.

La División de Caballería del general Wheeler, frente a las alturas de San Juan con la Batería Grimes.
La Brigada Independiente del general Bates, desplegada cerca de Sevilla.
La Brigada del general Duffield, desplegada frente a Aguadores para atacar esta posición con los apoyos de fuegos de la artillería naval.

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El DESARROLLO DE LAS OPERACIONES:

Al amanecer del 1 de julio los norteamericanos comenzaron el bombardeo del fuerte de El Viso y el pueblo de El Caney. A las 6:30 se inició avance sobre las posiciones españolas de El Caney. Ente sus filas reinaba el optimismo y la confianza; su único temor era que los españoles escapasen sin combatir. El general Lawton pensaba apoderarse de El Caney en una hora; sin embargo, el combate duró diez horas y cuarto, desde las 06:15 hasta las 16:30 horas, demostrando de esta manera la determinación mostrada por los españoles que defendían la posición.

El general Lawton se proponía envolver la posición española con los 3.950 hombres de las brigadas 3ª y 1ª de los generales Chaffee y Ludlow; para ello, la 3ª Brigada de Chaffee se dirigió desde el Noroeste hacia el fuerte de El Viso; la 1ª Brigada de Ludlow atacó desde el Sudoeste hacia la desembocadura del camino que une El Caney con Santiago; cada una de las brigadas avanzó con dos regimientos en vanguardia y otro en retaguardia; una batería de artillería desplegó en posición al Este del pueblo y la 2ª Brigada de Miles ocupó el ala izquierda al Sur de Ducoureau. La Brigada Independiente de Bates quedaba de reserva más atrás, y el General Lawtón confiaba en no tuviese que entrar en combate.

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Ante el avance de los norteamericanos, hacia las seis de la mañana comenzó un eficaz y disciplinado fuego de los españoles que, apareciendo sobre las trincheras, disparando una descarga cerrada y desapareciendo tras las descargas, rasaron el terreno con sus balas mostrando con ello su determinación de presentar batalla al enemigo, que comenzó a sufrir serias bajas entre muertos y heridos y provocando con ello la detención del avance de las brigadas Chaffee y Ludlow. Los norteamericanos reanudaron el fuego de la batería de artillería, que hizo sus fuegos de apoyo sin ser estorbada y como si estuvieran en un campo de maniobras, toda vez que los españoles no ya contaban con munición para sus cañones. A pesar de los impactos del fuego de los cañones sobre los muros del fuerte de El Viso y las granadas sobre las trincheras y casas del pueblo, los defensores mantuvieron su disciplina de fuego. El General Vara del Rey se paseaba tranquilamente delante de las trincheras situadas ante El Viso, animando a sus hombres y animándolos a resistir.

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Pasaban las horas y la Infantería norteamericana continuaba clavada al terreno sin poderse mover a causa de las descargas españolas, por lo que sus jefes solicitaron el envío de refuerzos. A las 13:00 horas la Brigada Miles (1.457 hombres) avanzó desde Ducoureau y entró en línea a la derecha de la brigada Ludlow. Los hombres de Miles se lanzaron al ataque y fueron frenados y rechazados a unos 50 metros de la línea española.

Mientras tanto, a pocos kilómetros de allí, el general Shafter se encontraba también en situación comprometida en las lomas de San Juan, y solicitó al general Lawton que le cediese la Brigada Bates que mantenía en reserva. Pero Lawton se empeñó en conquistar la posición de El Caney, aunque fuera una acción estratégicamente estéril. Por ello, desoyendo la petición de su superior, ordenó al general Bates entrar en acción en El Caney con su brigada (1.100 hombres), de forma que hacia las 15:00 horas la cabeza de la Brigada Bates se desplegó a la derecha de la brigada de Chaffee. Con ello, el General Lawton tenía todas sus fuerzas desplegadas en línea, tratando con ello de quebrantar la defensa española.

Mientras tanto, el fuego de los fusiles Mauser de los españoles proseguía incesante desde sus trincheras a la voz de sus oficiales, que trataban de sacar el máximo partido de los 150 cartuchos de dotación de los soldados.

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A las 15:36 la brigada Chaffee y los refuerzos recibidos en la primera línea, entre los que se encontraban cuatro ametralladoras Gatling de un efecto decisivo para la quiebra de la resistencia española, se lanzaron al ataque contra el fuerte de El Viso, pero quedaron detenidos al pie de la colina; inmediatamente la brigada lanzó un segundo y violento ataque, que por fin consiguió invadir el fuerte a las 16:00, no sin antes sufrir las bajas producidas por el incesante fuego de los españoles, que acabaron cediendo el terreno lenta y disciplinadamente, apoyados por el fuego rápido de sus fusiles. Desde El Viso los norteamericanos de Chaffee comenzaron a disparar sobre el pueblo, que era en ese momento el objetivo de la brigada Ludlow; pero los españoles no cesaron su resistencia. El emplazamiento de los cañones de Capron en el fortín consiguió que todo el pueblo quedase rasado por la artillería y el fuego de ametralladoras y fusilería.


La estación heliográfica volante de Daiquiri cumplió su misión durante el combate dando servicio telegráfico en todo momento y haciendo fuego simultáneamente, sufriendo un herido grave.


El General Vara de Rey, pese a estar gravemente herido en ambas piernas, siguió dirigiendo el combate, de modo que los norteamericanos no entraron en el pueblo hasta las 16:30, y lo hicieron para seguir combatiendo entre las calles. Los españoles llevaban más de nueve horas combatiendo sin cesar, las municiones comenzaban a escasear y el enemigo, muy superior en número, les dominaba desde posiciones superiores.

El General Vara del Rey entrega el mando al Teniente Coronel Puñet para que organice la retirada hacia Castillo por el camino de San Miguel de Lajas para entrar a Santiago por el Norte. . Al comienzo de la retirada, cuando era llevado por dos camilleros fue alcanzado por varios disparos y allí quedó su cuerpo sobre el campo de batalla. Cuando fue encontrado por las tropas norteamericanas, le dieron sepultura y le fueron rendidos honores militares. Los últimos españoles abandonaron las casas para reanudar el fuego desde una colina situada unos 600 metros al Oeste, hasta que agootaron toda la munición. Y así, de una forma ordenada, el teniente coronel llegó a Santiago de Cuba sobre las 20:00 horas con 80 hombres, entre los que se encontraban los operadores de la estación heliográfica, quienes transportaban a su compañero herido grave, y todo el material y documentación.

Dos horas había calculado el soberbio Lawton que bastarían para tomar con sus 6.000 hombres una posición defendida por 550 españoles. Se equivocó, necesitó 12. El consiguió El Caney, los españoles la Gloria

Resultaron heridos en este ataque un hermano del general y su Jefe de Estado Mayor. Los norteamericanos recogieron el cadáver del general Vara de Rey y le dieron sepultura rindiéndole los honores que correspondían a su jerarquía.

El Capitán Wester, Agregado Militar de la Legación de Suecia y Noruega en Washington, que fue un espectador excepcional de todo el combate de El Caney desde el lado norteamericano, posteriormente escribió un informe oficial del mismo a su vuelta de América en diciembre de 1898, del que se hizo eco La prensa española ( Artículo “justicia a todos” del Diario El Motín de 28 de noviembre de 1903 recogido en enlace de referencia al final del trabajo), Según él, tras las líneas norteamericanas iban los insurgentes cubanos, cuya actuación con los prisioneros fue muy criticada por él. En su informe recogió la visión de cadáveres de soldados españoles medio desnudos y con las gargantas cortadas por los machetes de los insurrectos. Su visión le alteró tanto que solicitó, y consiguió, que los mandos norteamericanos pusieran centinelas armados para vigilar a los soldados heridos y prisioneros españoles, en evitación de matanzas por parte de los cubanos.

Otro relato interesante ofrecido por este mismo oficial sueco al diario Göteborg Hudestidming, narra sus impresiones generales sobre los combates, las tácticas y los soldados españoles y americanos, durante las acciones desarrolladas en Santiago y alrededores. Este relato también fue recogido por la prensa española (Artículo “La Guerra Hispano Americana juzgada por el Capitán Wester” del diario La Época de 10 de diciembre de 1898, que está recogido en el enlace de la referencia al final del trabajo).

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Por campos pardos y blancos regaron tierras, tiñeron nieves.
Corazones sin descanso, almas en las que nunca llueve.


Última edición por delaiglesiahernandez el Jue Mar 15, 2012 1:45 pm, editado 5 veces en total

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NotaPublicado: Mié Mar 14, 2012 6:31 pm 
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LA BATALLA DE EL CANEY (CONTINUACIÓN)

LOS OBSERVADORES MILITARES NEUTRALES:

La fuerza expedicionaria estadounidense contra Santiago, partió de Tampa, Florida, el 14 de junio de 1898, compuesto por unos 800 oficiales 16.000 soldados, más un número de empleados civiles y estenógrafos, transportistas, empacadores y estibadores. Con las tropas fueron 89 corresponsales de guerra, y once observadores militares extranjeros. Los escritos de los corresponsales fueron conocidos de inmediato, pero las actividades y las opiniones de los agregados extranjeros eran por su propia naturaleza estrictamente confidencial. Afortunadamente, los informes de los representantes militares y navales británicos y suecos que acompañaron a la expedición de Santiago han sobrevivido a los años transcurridos, y cuando se ven en conjunto con los documentos de las fuerzas españolas en Cuba, y con los de las estadounidenses, arrojan clara luz sobre el desarrollo de la guerra.


Informe sobre el combate de El Caney realizado por el Capitán Wester, Agregado Militar en la legación de Suecia y Noruega en Washington, testigo presencial del combate.

“El 30 de junio por la tarde, el ejército americano se concentró al E. de Santiago para prepararse al ataque.
La brigada Duffield se dirigió por la costa hacia Aguadores.

El núcleo principal de las fuerzas formaba dos agrupaciones: en El Pozo se situaron las divisiones Kent y Wheeler con tres baterías, mientras la división Lawton, con una batería, marchaba hacia él para ocupar posición al E. del Caney.
La brigada Bates constituyó la reserva, situándose al E. de El Pozo.

Frente a ellos, el general Vara del Rey ocupaba El Caney con 500 hombres de Infantería; en Aguadores había 1000; en el centro el general Linares emplazó sus avanzadas, formadas por 1200 hombres, que se situaron en las alturas de San Juan, mientras que los fuertes de la entrada del puerto y los atrincheramientos que defendían Santiago quedaban guarnecidos con 5500 hombres.

El 1 de julio, al punto del día, la división Lawton comienza su movimiento de avance hacia El Caney; la confianza reina en el campo americano, donde el único temor consiste en que el enemigo se escape sin combatir; pero en El Caney, como se verá, están muy lejos de pensar así.

Las casas del pueblo han sido aspilleradas, se han abierto trincheras en un terreno pedregoso, y el juego de unas y otras es rasante sobre un espacio de 600 a 1200 metros; en la punta Nordeste de la posición, el fuerte de El Viso, guarnecido con una compañía, ocupa una colina desde la cual se domina todos los aproches.

Los americanos se proponían envolver la posición española, para lo cual la brigada Chaffee se dirigió desde el Nordeste hacia El Viso; la de Ludlow, desde el Sudoeste hacia la desembocadura del camino que une El Caney con Santiago, mientras que una batería se colocó en posición al E. del pueblo, y la brigada Miles ocupa el S. de Ducoureau, formando el ala izquierda.

Hacia las seis de la mañana comenzó el fuego de las trincheras españolas; de improviso se descubre sobre ellas una línea de sombreros de paja; inmediatamente el ruido de una descarga, seguido de la desaparición de los sombreros; esta operación se repite cada minuto, observándose una gran regularidad y acción de voluntad firme, lo que no deja de producir una profunda impresión en la línea de exploradores americanos; las balas cruzan el aire, rasando el suelo, hiriendo y matando.
Poco tiempo después, toda la brigada Chaffee se encontró desplegada, pero sin poder avanzar un paso, y la de Ludlow se vió también detenida.

Mientras el fuego de la Infantería aumenta progresivamente, la batería americana comienza a disparar. Como los españoles no cuentan en El Caney con un solo cañón, el fuego puede hacerse con la misma tranquilidad que en un campo de maniobras: las piezas pueden hacer daño, sin peligro alguno de recibirlo.

A los pocos momentos las granadas estallaban por encima de las trincheras, alcanzaban las casas del pueblo y perforaban los muros de El Viso, proyectando los shrapnels su lluvia de plomo sobre la posición; mas, a pesar de todo, en el fuego español se observa igual continuidad e igual violencia.

Delante de El Viso se descubría a un oficial paseándose tranquilamente a lo largo de las trincheras: fácil es comprender que el objeto de este peligroso viaje en medio de los proyectiles de que el aire está cruzado no es otro sino animar con el ejemplo a los bravos defensores; se le vió, de cuando en cuando, agitar con la mano su sombrero y se escuchaban sus aclamaciones: "¡Ah, si! ¡Viva España! ¡Viva el pueblo que cuenta con tales hombres!".

Las masas de Infantería americana se echaban y apretaban contra el suelo hasta el punto de parecer clavadas a él, no pudiendo pensar en moverse a causa de las descargas que la pequeña fuerza española les enviaba a cada instante. Se hizo preciso pedir socorros, y hacia la una avanzó Miles desde Ducoureau, entrando en línea a la derecha de Ludlow, y hacia las tres la cabeza de la brigada de reserva se desplegaba a la derecha de Chaffee; pero en lo alto de las trincheras el chisporroteo de los mauser se escuchaba siempre.

Por fin, a las tres y treinta y seis minutos la brigada Chaffee se lanza al ataque contra El Viso; pero queda al principio detenida al pie de la colina, y no invade el fuerte sino después de un segundo y violento empuje.

Los españoles ceden lentamente el terreno, demostrando con su tenacidad en defenderse lo que muchos militares de autoridad no han querido nunca admitir: que una buena Infantería puede sostenerse largo tiempo bajo el fuego rápido de las armas de repetición. ¡El último soldado americano que cayó fue herido a veintidós pasos de las trincheras!

Aunque la clave de la posición estaba conquistada, la faena continuaba. Yo seguí, con el corazón oprimido por la emoción, todas las peripecias de esta furiosa defensa y de este brusco ataque.

Desde El Viso, una vez ocupado, las tropas americanas comienzan a tirar sobre el pueblo, que es también en este momento el objetivo de la brigada Ludlow; pero la ocupación no se efectuó hasta las cuatro y media, hora en que los últimos españoles abandonaron las casas para recomenzar el fuego desde una colina situada 600 metros al oeste. ¡Admirable obstinación de resistencia, a la que todos contribuyen hasta el último instante!

Detrás de la línea de batalla americana se arrastraban los cobardes chacales de esta guerra: los cubanos.

Desde los bosques de palmeras, situados al E. de El Viso, habían tomado alguna parte en la acción. ¡Allí fuí y presencié una escena repugnante: dos hermosos muchachos catalanes estaban tendidos y medio desnudos entre las altas yerbas; sus negros cabellos manchados de sangre; sus ojos abiertos y vidriosos, y debajo de estos pálidos y desfigurados rostros sus gargantas estaban abiertas por esas heridas delgadas y profundas que el machete produce.

Mi misión inactiva y neutral no me permitía sino huir de allí para substraerme a este horrible espectáculo, y así lo hice, dirigiéndome hacia las tropas americanas que en aquel momento daban el asalto a El Viso, y a sus jefes me acerqué rogándoles el envío de centinelas que cuidaran de los heridos españoles que quedaban detrás de las trincheras conquistadas.
Generosos como siempre para los desgraciados, los americanos escucharon mi súplica y ¡curiosa circunstancia! mientras me ocupaba de salvar a mis camaradas españoles, una bala de sus compatriotas en retirada me alcanzó. Pero felizmente sólo llegó a atravesar mi capote.

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El ruido del combate no cesó sino cuando el sol estaba a punto de ponerse. Durante cerca de diez horas, 500 bravos españoles resistieron unidos y como encadenados sin ceder un palmo de terreno a otros 6.500 provistos de una batería, y les impidieron tomar parte en el principal combate contra las alturas del monte San Juan.

¡Después de esto, ni una palabra más se escucha en el campo americano sobre la cuestión de la inferioridad de la raza española!

Y esta lucha de El Caney ¿no aparecerá siempre ante todo el mundo como uno de los ejemplos más hermosos de valor humano y de abnegación militar? Quien haya tomado parte en ella ¿no es bien digno de una honorífica recompensa?

¡Contemplad ese pueblo! Las casas están arruinadas por las granadas, las calles cubiertas de muertos y heridos. El General Vara de Rey está allá, muerto; sus oficiales al lado suyo, muertos; sus dos hijos, muertos; en derredor multitud de oficiales y soldados. Todos han completado su deber, desde el primero hasta el último.

¡Dichoso el país que es tan querido de sus hijos!

¡Dichosos los héroes que han sucumbido en un combate tan glorioso!

¡Con su sangre han escrito en la historia el nombre de El Caney, como uno de los más brillantes episodios guerreros, y con letras de oro deben inscribirse también en las banderas de las tropas que allí combatieron!"

Los americanos se apoderaron del El Caney cuando sólo quedaron 80 defensores magullados y destrozados por el cansancio que se retiraron por la sierra, los demás con los jefes y oficiales habían caído muertos o heridos al lado de su General Vara de Rey.

Solo me resta añadir:

Si en el único encuentro tenido con los americanos se ha portado así el ejército de los españoles, no pudiera justamente afirmarse que, si por conveniencias dinásticas no se hace la paz tan pronto, y se pone en condiciones de batirse a todo el Ejército Español de Cuba, los americanos hubieran aprendido a su costa que aquel puñado de héroes, a los que habían vencido por su aplastante superioridad, no constituían una excepción.

Admiración, Honor y Gloria para los que sucumbieron, pero a la vez respeto y consideración para los que, si la guerra hubiese continuado, se hubieran mostrado dignos compañeros de aquellos de El Caney”.

Los reportajes de Frederic Remington.

En el caso de este corresponsal de guerra, se puede ver el dilema fundamental de estos profesionales que, como siempre lo ha sido, es el de ser neutrales o tomar partido. Y esto, muchas veces, se ha resuelto al margen de la ética: la "obediencia debida" del periodista a su medio o patrón. Frederic Remington, pintor de escenas militares, trabajó para el New York Journal, contratado por Willian Randolph Hearts, un tiburón de los negocios que contribuyó en gran manera a la entrada en guerra de los EEUU por intereses familiares. Fue enviado a Cuba para informar de la situación tras el hundimiento del Maine y las acusaciones de los cubanos de matanzas y crueles castigos por parte de los españoles, envío un informe a Hearts indicándole que no encontraba motivos que justificasen la existencia de dichas acciones horrendas contadas por los revolucionarios, terminando con un “aquí no hay para guerra”. La contestación de su editor, William Randolph Hearst , fue la tajanter orden: "Ponga usted las ilustraciones y yo pondré la guerra".

De acuerdo con la filosofía del periodismo amarillo de Hearst, Remington, en realidad se dedicó a pintar imágenes falsas como la de la foto de la mujer estadounidense brutalmente registrada por agentes masculinos de las fuerzas de seguridad españolas, lo que al parecer, nunca sucedió, ya que únicamente mujeres funcionarias registraban a las mujeres estadounidenses que entraban en el país. Además, el famoso cuadro de Remington de los Rough Riders en plena carga en la Loma de San Juan no se basaba en la carga real, sino en una recreación realizada por los Rough Riders para la prensa. Que una fuerza militar reviva parte de una batalla por el bien de los medios de comunicación muestran sólo una cuestión seria,y es que los líderes estadounidenses tomaron algunas decisiones empujados por la prensa amarilla. Aunque fue el hundimiento del USS Maine que proporcionó el gatillo a los simpatizantes del conflicto armado, Hearst siempre se refería a la guerra española-estadounidense como "la guerra de la revista." En apoyo de la frase jactanciosa de Hearst, muchos historiadores sostienen que la Guerra Hispano-Americana fue probablemente la primeraverdadera "guerra mediática".

Una vez declarada la guerra volvió a Cuba como corresponsal de guerra y con una misión principal, cubrir la campaña militar de Theodore Roosevelt al frente de los llamados “Rough Riders” (Duros Jinetes) del 1er Regimiento de Caballería de Voluntarios del Estado. Realizó muchos dibujos y cuadros de escenas de campo de los soldados así como de los asaltos y las operaciones americanas sobre El Caney, la Loma de San Juan, y Santiago. Envió varias crónicas a su diario de Nueva York. Esta es una de sus crónicas:

“El 1 de julio, una fuerza combinada de cerca de 15.000 tropas estadounidenses de infantería regular, regimientos de caballería y de voluntarios, entre ellos Roosevelt y sus “Rough Riders " en particular, y los 71 de Nueva York, 1 º de Carolina del Norte, 23 y 24 de color. Junto con los rebeldes atacaron a las fuerzas cubanas, 1.270 españoles atrincherados en El Caney y los altos de San Juan, fuera de Santiago, realizando peligrosos asaltos frontales al sitio de los españoles al estilo de la Guerra Civil Americana. Más de 200 soldados estadounidenses murieron y hubo cerca de 1.200 heridos en los combates. El apoyo de fuego por armas ametralladoras Gatling fue fundamental para el éxito del asalto.

Las fuerzas españolas en Guantánamo estaban tan aisladas por los marines y las fuerzas cubanas que no sabían que Santiago estaba en estado de sitio, y sus fuerzas en la parte norte de la provincia no podían romper las líneas cubanas. Esto no era lo deseado por la columna de Escario de Manzanillo, que luchó a su manera más allá de la decidida resistencia de Cuba, pero llegó demasiado tarde para participar en el sitio de Santiago.

Después de las batallas de Cerro de San Juan y El Caney, el avance por tierra de los estadounidenses llega a su fin. Las tropas españolas defendieron con éxito Fort Canosa, lo que les permite estabilizar su línea y prohibir la entrada a Santiago. Los estadounidenses y los cubanos por la fuerza comenzaron un sangriento asedio, para estrangulamiento de la ciudad. Durante las noches, las tropas cubanas cavaron una serie sucesiva de "trincheras" (en realidad parapetos levantados), hacia las posiciones españolas. Una vez completado, estos parapetos fueron ocupados por soldados estadounidenses, y una nueva serie de excavaciones se realizaba más adelante. Las tropas estadounidenses sufrían mientras muchas pérdidas diarias por el fuego español y rifles de francotirador, pero sufrieron muchas más muertes de agotamiento por el calor y las enfermedades transmitidas por mosquitos. En los accesos occidentales a la ciudad, las fuerzas del general cubano Calixto García comenzaron a invadir la ciudad, provocando represalias y el pánico y mucho miedo entre las fuerzas españolas”.

Las crónicas de Gaspar Whitney, corresponsal de guerra de Harper’s:

“El 1 de Julio de 1898, en el transcurso de la madrugada, las tropas estadounidenses toman posiciones y se preparan para la lucha. La división Lawton se sitúa frente a El Caney. En el camino de Caney a Guantánamo se sitúa la brigada Chafee; detrás, la brigada Ludlow; a la izquierda la batería de Capron; dos kilómetros al norte de Marianaje, la brigada Miles y detrás, al este del Pozo, en la reserva, la brigada Bates. En total cerca de 7000 soldados. Al amanecer, la división Lawton comienza el ataque, al noroeste avanza la brigada de Chafee; en el sudoeste la brigada de Ludlow y por el sur avanza también la brigada de Miles, secundados por la artillería.

Desde las trincheras españolas, suenan las continuas descargas de fusilería de sus máuser, los hombres de Chafee quedan bloqueados, el avance es imposible. En ayuda de los primeros, acude la brigada de Ludlow, pero las certeras y continuas descargas de los españoles, que tiran sobre las posiciones marcadas por las columnas de humo de los fusiles antiguos de los americanos, causan grandes estragos en sus líneas; Ludlow también es repelido y deben detener el avance para no sufrir mas bajas. El camino esta sembrado de soldados muertos, y aunque los españoles también sufren bajas, la intensidad y precisión del fuego español, no disminuye. Para eliminar la resistencia española, el ejército americano, no tiene más remedio que volver a recurrir a la artillería. El Viso, es machacado por la artillería, pero la resistencia y el fuego español no decae.

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Tras ocho horas de lucha, Lawton reclama tropas de refuerzo y municiones.

Mientras los americanos se reabastecen, el general Vara de Rey de los españoles, retira a los heridos y envía municiones a las tropas que quedan. Al poco tiempo se inicia un nuevo despliegue norteamericano. Las tropas de refuerzo de Miles, avanzan hacia el Viso, a la derecha de la Ludlow, en retaguardia se sitúa la brigada de Bates. A las 14 horas, sigue siendo imposible tomar el Viso, las tropas de Lawton, reciben órdenes del jefe del 5º Ejército, general Shafter, de evitar Caney y desviarse hacia la Loma de San Juan, pero el fuego español es tan intenso, que incluso impide la retirada de las tropas americanas. No tienen más remedio que ocupar Caney y El Viso. Las tropas de reserva, se despliegan para reforzar las mermadas brigadas de vanguardia, y se emplazan varias ametralladoras. Esta vez pretenden un ataque frontal a pecho descubierto contra el Viso, una verdadera carga de infantería cuesta arriba. Valerosamente se lanzan al asalto, y a la mitad del recorrido, no tienen más remedio que detener una vez más el avance, y cubrirse como puedan del fuego español. De nuevo la artillería y las ametralladoras, vuelven a intervenir para cubrir el avance americano, y baten sin piedad las defensas españolas.


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Los pocos soldados españoles que continúan con vida, faltos de munición, no tienen más remedio que retirarse Fuerte El Viso, hacia Caney. En un perfecto orden, rodilla a tierra, disparan y retroceden, disparan y vuelven a retroceder, las enormes bajas sufridas no hacen cesar el fuego. Perdida la altura de El Viso, la posición de Caney es insostenible. Ahora ya sí, los americanos dominan la colina y se apoderan del fuerte.

El General Vara de Rey, está gravemente herido en las dos piernas, y desde una camilla ordena la retirada hacia Santiago. La ruta de escape, es cerrada por la brigada Ludlow. Pero los españoles no cesan de disparar hasta agotar toda la munición, quedan ya menos de 100 que se retiran cubriéndose con el terreno. El general español Vara del Rey ha muerto con la mayoría de sus oficiales y soldados. Han perdido cuatro de cada cinco, pero han producido 600 bajas en el ejército americano, 100 muertos y cerda de 400 heridos graves; el escuadrón de Caballería de los Rough Riders , entre muertos y heridos pierde 107 jinetes”.


Crónica del Corresponsal Richard E. Killblane y publicada en junio de 1998 en la Revista de Historia Militar USA.

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"...La mañana del día anterior, el mayor El general William R. Shafter, comandante del V Cuerpo, había viajado hasta El Pozo para estudiar las alturas alrededor de Santiago de Cuba y El Caney. Le acompañaron el teniente coronel Edward J. McClernand, el teniente coronel George McClellan Derby, el teniente coronel John D. Miley y el teniente R.H. Noble. Derby, el jefe de máquinas, subió en un globo de hidrógeno para observar el campo de batalla propuesto. Al mediodía, el general de brigada Henry W. Lawton, comandante de la 2 ª División, y el brigadier general Adna R. Chaffee, al mando de 3 ª Brigada de esa división, se unieron al grupo.

Cuando Shafter completó su reconocimiento, llamó a Kent y Sumner para delinear un plan de asalto por tierra a la ciudad de Santiago en operación conjunta de Ejército y la Armada para capturar o destruir la escuadra españoal atrapada en la bahía. Las alturas dominantes de la ciudad, estaban defendidas por 750 hombres y dos obuses modernos, el ejército era el objetivo primario.

El General español Arsenio Linares y Pombo había colocado la mayor parte de la guarnición de Santiago, 10.429 soldados, marineros, infantes de marina y artillería, en otros puntos de la ciudad, o en reserva. Hacia el norte, 3.000 insurrectos cubanos al mando del General Calixto García Iñiguez bloqueaban la llegada de los refuerzos españoles a lo largo de la carretera del Cobre. Al Noreste de la ciudad, 520 soldados españoles, comandados por el general de brigada Joaquín Vara de Rey y Rubio, ocuparon El Caney.

Debido a El Caney podía enviar refuerzos por el camino de El Caney y amenazar el flanco derecho de Shafter, éste propuso que Lawton capturar la ciudad de El Caney. Lawton Afirmó que eso se podía hacer en dos horas. El Capitán Allyn Capron separó la batería de los obuses de Shafter para apoyar Lawton.

Sumner y Kent avanzarían por el camino principal a Santiago, y una vez cruzasen el río Aguadores con sus brigadas con sus brigadas éstas se desplegarían de la siguiente forma: Sumner a la derecha y Kent a la izquierda. Después de que Lawton tomase El Caney, se debería de aliniar a la derecha de Sumner. La batería del capitán George Grimes apoyaría el esfuerzo principal.

A la luz de amanecer el 1 de julio, mientras los los hombres comían comenzaron a volar los rumores sobre los acontecimientos del día. Las cornetas sonaron a continuación, llamando a la atención, y los soldados se alinearon en dos columnas en el camino polvoriento. Cada uno a la cabeza del comandante del regimiento de pie junto a la bandera del regimiento y la nacional, que fueron entubadas en las cubiertas de hule. Las Cornetas volvieron a sonar, y las tropas se movieron hacia adelante. Regimiento tras regimiento marchó por el camino de Santiago, y Miley McClernand ayudante de Shafter cabalgó a través de las tropas con sus ordenanzas para coordinar la batalla desde el frente. Shafter estaba en su tienda de campaña, demasiado enfermo para participar activamente en el, y McClernand instalado en la colina de El Pozo, donde logró la comunicación con Shafter por el cable del teléfono y por ordenanzas montados.

Con una manta enrollada y colgada sobre los hombros y sus mochilas a su lado, los hombres caminaban hacia adelante a lo largo del estrecho camino. Alrededor de las 6 de la mañana, la batería de Grimes corrió delante de los soldados y hasta El Pozo Hill, donde los artilleros colocaron con sus cañones dirigidos hacia Santiago. Miley fue a la tienda de Shafter para informar sobre los avances de las tropas.

Alrededor de las 7 en punto, el sonido de un trueno lejano hacia el norte señaló que la batería Capron había comenzado la batalla de El Caney. Para entonces, la brigada de Wikoff se había unido a la marcha. Los regimientos de caballería restantes se adelantaron a unirse a los hombres de Sumner en El Pozo. Los regimientos de infantería llenos de gente impedían el movimiento de la caballería, con un máximo de tres regimientos de frente. Los periodistas subían y bajaban por las columnas. La mayoría de los corresponsales, observadores militares extranjeros y altos funcionarios disfrutamos de la vista desde El Pozo.

Después de escuchar disparar contra El Caney durante una hora, volvió McClernand y dio permiso a Grimes para abrir fuego con sus cañones, y las nubes de humo blanco salieron de los obuses. Momentos más tarde, un silbido rasgó el aire, seguido por una explosión y luego otra como el fuego de dos cañones. Cañones de tiro rápido Krupp españoles, dijo Grimes. Una tercera andanada golpeó la pequeña casa en El Pozo, rociando metralla que mató a dos e hirió varios otros espectadores. Antes de la siguiente descarga, todos corrieron para ponerse a cubierto, dejando sola a la batería Grimes para hacer su trabajo. Se continuaron vertiendo descargas en el enemigo durante casi tres cuartos de hora, pero el humo oscureció la vista de Grimes y no podía ver la artillería española....".


LO QUE DICEN LOS ESTADOUNIDENSES:

En la revista americana American Army History número 63 de 2007, dedicada a la biografía del General Lawton, aparece la Batalla de El Caney como sigue:


"En la conferencia con Shafter la tarde del 30 de junio, Lawton dio su evaluación de que El Caney seria tomado en dos horas. Todos estuvieron de acuerdo. Shafter hizo sus planes en consecuencia; el ataque principal a las colinas frente a Santiago (San Juan) esperaría la captura de El Caney. Estos planes sonaban bien, pero eran basados en la consideración de El Caney fuera tomado rápidamente y sin muchas dificultades.

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Tres compañías de infantería de la Constitución, y una de fusileros, todo bajo el mando del General de Brigada Joaquín Vara de Rey, se enfrentaban a Lawton en el fuerte de El Viso. Estos 520 soldados españoles fueron ayudados por unos 100 aldeanos armados.

A pesar de la abrumadora superioridad de las fuerzas desplegadas contra ellos, los españoles tenían varias importantes ventajas. El pueblo estaba muy fortificado, protegido por una red de alambre de púas, aspilleras, pozos de tirador y fortines de los llamados blocaos, así como un fuerte de piedra llamado El Viso, situado a 400 metros al sureste del pueblo. La fortaleza estaba rodeada por trincheras cortadas en la roca sólida. También estaba fortificada la iglesia de piedra, que dominaba el centro de El Caney, que según la leyenda registrada había sido el sitio de las oraciones ofrecidas por Hernán Cortés antes de lanzarse a conquistar México en 1519. Los defensores estaban altamente motivados, bien entrenados, y decididos a ganar todo el tiempo que fuera posible para sus compañeros de Santiago.

Lawton había previsto inicialmente un doble ataque a El Caney. su 3º Brigada (7, 12 y 17 Regimientos de Infantería), al mando del general de brigada Adna R. Chaffee, un veterano de caballería a quien Lawton tenia en gran consideración, se desplegaría en Pan de Azúcar Hill, al norte de El Viso, y avanzaría sobre El Caney desde el norte y del este, mientras el Brigadier general William Ludlow con su Primera Brigada de Infantería (8º de Infantería, 22º de infantería, y 2ª de Voluntarios de Massachusetts) daría el apoyo desde sus posiciones al sur y al oeste de El Caney.

Lawton inicialmente mantuvo en reserva al Coronel Evan C. Miles y su Segunda Brigada (los Regimientos 1º, 4º, y 25º de Infantería, éste último de Soldados Búfalo, soldados negros) y al Brigadier general John C. Bates con su Brigada Independiente de Bates ( 3º y 20º de Infantería). El capitán de Artillería ligera Allyn Capron ( Batería E, 1 º de Artillería) proporcionaría apoyo.

En total, Lawton tenía alrededor de 6.650 hombres, cuatro cañones de 3.2 pulgadas, y cuatro ametralladoras.

Lawton marchó con sus hombres la mayor parte de la noche, tomando posiciones frente a El Caney justo antes del amanecer el 1 de julio de 1898. Lawton lideraba en ese momento diez regimientos del Ejército de EE.UU. La mas grande concentración de tropas americanas desde abril de1865. Lawton ordenó al Capitán Capron abrir fuego justo a las 06:30 horas.

A diferencia del efecto devastador inmediato que la batería Capron había logrado en la batalla de Wounded Knee siete y medio años antes, su poder destructivo en Cuba era menos efectivo por la fuerza de las fortificaciones españolas. La captura de El Caney, pronto se hizo evidente, que tomaría mucho más tiempo que dos horas. La Batería Capron fue inicialmente situada a unos 2.300 metros al sureste de El Caney, a pesar de que el los españoles no contaban con capacidad de contrabatería por haber terminado la munición de sus dos cañones al poco de iniciar la respuesta artillera. Esta distancia limitó la precisión de los disparos sobre las posiciones españolas. Por otra parte, el fuego no se concentró, de forma continua, o adecuadamente en el objetivo principal. Técnicamente, los cañones de Capron, que todavía utilizaban pólvora negra, y que carecían de los avances que permitieron a la Artillería francesa establecer tiros indirectos con precisión, no eran los más adecuados a la tarea de reducir rápidamente las fortificaciones del enemigo. Capron, probablemente estaba afectado por el hecho de que en la marcha hacia El Caney, había pasado frente a la tumba de su hijo, K. Allyn Capron Jr., Teniente de Caballería sirviendo en los Rough Riders, que había caído en el ataque del General Wheeler en Las Guásimas justo una semana antes.

Tras de otro fuerte ataque artillero, se hacía evidente, especialmente para los corresponsales y los observadores militares extranjeros, que el bombardeo era virtualmente inútil para doblegar por sí mismo el fuerte.

El terreno no era el más apto para la misión de la Infantería americana, pues no tenían prácticamente ninguna protección, con excepción de matorrales y vegetación. Muy pronto, los atacantes comenzaron a pagar el precio de los preparativos apresurados, la mala planificación, y deficiencias técnicas. Mientras que los soldados de infantería del ejército regular estaban equipados con el moderno rifle Krag-Jorgensen, el 2º de Infantería de Voluntarios de Massachusetts seguía utilizando el antiguo Springfeld de un solo tiro de pólvora negra con humo, cuya descarga revelaba las posiciones de sus usuarios, sufriendo terribles pérdidas causadas por los magníficos Mauser de sus enemigos, libres de humo y muy precisos.

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En medio de un fuego devastador, la primera línea de ataque hubo de ser retirada. Sir Arthur Lee, Agregado Británico y veterano soldado que acompañaba a la brigada Chaffee, tuvo la sensación inmediata de que el combate estaría determinado por el soldado de a pie y que sería largo y sangriento. Los jinetes habrían de echar pie a tierra y ayudar a la Infantería como uno más de ellos.

Al mediodía, al escuchar que los sonidos de la batalla no habían disminuido al norte, Shafter y sus asesores reconocieron
que la reducción de El Caney iba a tardar mucho más de las dos horas prometidas por Lawton.

Mientras en El Caney continuaban los intentos de reducir el fuerte, en las colinas frente a la ciudad de Santiago, el General de Brigada Jacob Kent y su División de Infantería, y la División de Caballería de Wheeler, desmontada y comandada ese día por el Brigadier general Samuel S. Sumner, se habían acercado a la base de las colinas, y con la ayuda de un destacamento de tres ametralladoras Gatling comandado por el 2º teniente John H. Parker, los estadounidenses cargaron sobre el fortín de San Juan, los defensores, en inferioridad numérica fueron poco a poco empujados de regreso a Santiago.

Alrededor de las 14.00 horas, Shafter envió a un ayudante para instar a Lawton a abandonar la acción en el Caney, y a marchar a San Juan Hill, y unirse al ataque principal, que trataba de reducir el grueso de las fuerzas españolas frente a Santiago, tan pronto como fuera posible. Lawton, quien había estado soportando crecientes pérdidas y esforzándose por horas frente a El Viso y los blocaos de El Caney llegó a la conclusión de que una retirada ahora sería vista como una derrota, y molesto por la resistencia de El Viso, desobedeció deliberadamente las ordenes de su Comandante.

En este momento, la batería Capron se había acercado a 500 metros de su objetivo y ahora sus cañones abrían agujeros en las paredes de El Viso y en las defensas de El Caney. Lawton decidió entonces que ya era hora de un esfuerzo máximo. A las aproximadamente 15.00 horas, el 12º de Infantería, con el apoyo de varias compañías del 25º de Infantería, se adelantó y tomó El Viso por asalto directo.

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El Sargento americano Herbert Howland, testigo presencial, diría: "el suelo quedó cubierto con los cuerpos de los españoles muertos."

Un periodista del NY Times, refiriéndose a las opiniones de los agregados extranjeros que les acompañaban, describió este asalto final de la infantería americana como "el mejor logro americano de toda la guerra".

Después siguieron dos horas más de combate con las tropas españolas en el poblado de El Caney, donde el general Vara de Rey había conseguido reunir a sus tropas, éste recibió tiros en las dos piernas, y la batalla finalmente concluyó a las 17.00 horas.

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Los españoles habían luchado heroicamente, prácticamente hasta la muerte. De la guarnición de 550 hombres, unos 85, incluidos el General Vara de Rey, resultaron muertos, 150 heridos y capturados 120, y el resto o bien huyeron a Santiago o buscaron refugio en las colinas.

Las pérdidas de los americanos fueron aún mayores: 81 muertos y 360 heridos, con la brigada de Chaffee sufriendo las mayores pérdidas. Las dos horas de Lawton se había convertido en doce y en una sangrienta carnicería, en un poco inspirado, mal coordinado y poco apoyado asalto de infantería contra una posición bien atrincherada, fuertemente fortificada y defendida por valientes soldados.

Al final, el efecto acumulativo de horas de golpes de artillería, una abrumadora superioridad numérica de más de 12
a 1, la disminución del suministro de municiones de los españoles, y las heridas y por último la muerte en la batalla del General de los españoles, fue lo que decidió el resultado de la batalla.

A pesar de los pronunciamientos oficiales y la adulación pública que siguió, la toma de El Caney no había sido el mejor momento de Lawton, el gran general americano. Con sus filas diezmadas y sus hombres agotados y desorganizados, Lawton dejó descansar a sus tropas sólo unas horas, y, en consonancia con su práctica en la persecución del indio Gerónimo, comenzó antes de la medianoche una marcha forzada para reforzar el ataque a Santiago.

Nueve miembros del 17º Regimiento de Infantería recibieron Medallas de Honor del Congreso, todos por "valientemente ayudar en el rescate de los heridos desde el frente de las líneas bajo un intenso fuego del enemigo”..

Juicio a la actuación de Lawton:

Realizando una evaluación del desempeño del general Lawton en El Caney, batallas que junto a la de San Juan han entrado en la mitología popular como grandes victorias de las armas americanas, descubrimos que la verdad es que hubo valentía, sí,
pero brillantez e inspiración militar, no.

Los estudiosos contemporáneos de las grandes campañas de Lawton no lo han exonerado de la crítica justificada.
Graham Cosme, en una observación bastante suave, escribió: "En El Caney, el General Lawton sin duda tuvo una gran responsabilidad en el retraso en el desarrollo de un efectivo ataque y luego, el no aprovechamiento de los frutos de la victoria tardía". Brian Linnn no se corta tanto, y describe a Lawton como "un alcohólico autocompasivo que a menudo se pierde en las complejidades del alto mando"

El error más grave de Lawton en El Caney fue su defectuosa evaluación de las fuerzas del enemigo. Incluso después un reconocimiento efectuado personalmente, que había revelado la profundidad y la fuerza de las fortificaciones enemigas, persistió en subestimar a su oponente.

Aunque Lawton merece algo de mérito por llevar a cabo un reconocimiento del terreno, en agudo contraste con Shafter, que generalmente estuvo desconectado en esencia del campo de batalla, sus resultados fueron pobres...

El exceso de optimismo expresado por Lawton en la conferencia de jefes del 30 de junio, al asegurar la conquista en menos de dos horas, sería muy costoso para los hombres de la división de Lawton, en especial la Brigada de Chaffee. Los defensores de
El Caney eran profesionales, duros, determinados, valientes, tenaces y bien dirigidos por el General Vara del Rey, que resultó ser un guerrero heroico y digno adversario que finalmente murió mientras era transportado herido en una camilla, junto a dos de sus hijos.

En el nivel táctico, queda por saber si el asalto contra El Caney era necesario. Una fuerza mucho menor podría haber aislado el fuerte y cortado la carretera de Guantánamo, para así eliminar la amenaza de la llegada de un refuerzo y permitir que los elementos principales de la división se emplearan en el ataque principal a Santiago. Cuando Shafter recapacitó sobre esto y requirió la presencia de las fuerzas de Lawton en el empeño principal, este ignoró la orden y continuó su ataque sobre El Caney. Este cambio de órdenes de Shafter es una poderosa evidencia de que no había una necesidad real de capturar El Caney.
El mando de combate más grande de Lawton antes de El Caney había sido un regimiento, que estaba por debajo de su fuerza normal, durante la Guerra Civil, y esto había sido un tercio de siglo antes. A partir de ese momento un progreso considerable había sido hecho en armas, tácticas, y doctrina militar, pero la mayoría de los hombres que retenían posiciones de alto rango en el US Army no habían evolucionado. La mayoría, como Lawton, tenían poca educación militar formal y poco conocimiento y práctica en tácticas de combate con armas combinadas o en la solución de los principales problemas de logística de las grandes formaciones. Lawton, básicamente, atacó El Caney, como si hubiera recibido la orden de tomar un pueblo indígena con su tropa de caballería.

Lawton estaba lejos de ser único en en este aspecto, sus compañeros adolecían de los mismos problemas; y ésta es ya una observación de carácter general en el cuerpo profesional de oficiales del ejercito americano al final del siglo XIX.

Al final, por su bien ganada reputación por su determinación, tenacidad, perseverancia, y voluntad de cumplir la misión fue premiado por aclamación general, por la toma de El Caney, pero éste, sin duda alguna, fue uno de los mas sangrientos y costosos enfrentamientos de toda la campaña cubana: Uno de cada tres muertes en combate que el Ejército de EE.UU. sufrió en Cuba en 1898 y el 22,5 por ciento del número de bajas en combate del ejercito en la guerra Hispano-americana fueron en las alturas de El Caney”.


El siguiente es el informe de la batalla presentada por Wallis O. Clark, el capitán de la Compañía F, 12 de Infantería de los EE.UU. Informando sobre la participación de la unidad en la batalla de El Caney.

EN LAS TRINCHERAS EN EL FRENTE DE SANTIAGO DE CUBA.
08 de julio 1898
Al Ayudante REGIMENTAL DUODÉCIMO DE INFANTERÍA DE LOS ESTADOS UNIDOS.
General:
Señor: Tengo el honor de presentar el siguiente informe de las operaciones de la Compañía F en el combate al Caney, cerca de este lugar, 01 de julio pasado:
Compañía llegó a cerca del fortín de piedra como parte del Segundo Batallón (Haskell). Después de algunas maniobras que alcanzó una posición detrás de un seto, a unos 450 metros al este de la garita cerca del 11 a. in Permaneció allí durante la cocción en el fortín de la derecha. Entre las 3 y las 4 pm de la compañía, uno por uno, se infiltraron en el espacio muerto en un barranco justo enfrente de su posición detrás del seto. Cerca de las 4 pm, a sugerencia del General Chaffee, comandante de la brigada, la compañía avanza por la ladera sureste de la garita con el apoyo de la Compañía A de Infantería. No se encontró resistencia durante el avance. Tres españoles armados se encontraron en la zanja en el frente de fortín. Se rindieron. Nueve hombres y un oficial (teniente segundo Canalda) fueron capturados en el interior del fortín. Poco después siguieron otros soldados y un fuego fuerte se recibió de la ciudad, el cual fue debidamente devuelto. Los disparos cesaron a las 4,30, juzgo, y la batalla había terminado.
Las bajas en la Compañía F: Detrás del seto – muertos, Primer Sargento Miller y soldado Scott; cabo Schendelmeyer, herido. En el fortín – muertos el Sargento Wilson y el soldado Gering. En el barranco (el fuego de la ciudad) – herido el soldado Moore.
Yo Respetuosamente.

Wallis 0. CLARK,
Capitán de Infantería de Reyes, Comandante F. Empresa


Conferencia de 1998 de Historiadores del Ejército, en Bethesda, Maryland. El impacto del desastre de 1898 en el Ejército español. Intervención del historiador Charles Hendricks
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Los soldados españoles que defendían a Santiago de Cuba a principios de julio 1898 lucharon con valentía y, por su número, más eficaz. En las batallas de El Caney y San Juan Heights, los españoles sufrieron 593 bajas, los estadounidenses 1.519. Sin embargo, las decisiones de los generales españoles del Ejército seguramente podrían ser cuestionada a posteriori. El comandante español en la provincia de Oriente, el general Arsenio Linares, había desplegado en las alturas con vistas a Santiago sólo unos 1.800 de los 30.000 soldados bajo su mando, o menos del 2 por ciento del ejército español en toda Cuba. Por otra parte, no se había opuesto en serio los desembarcos norteamericanos a finales de junio en Daiquirí y Siboney. General Ramón Blanco, quien en 1898 ordenó a las fuerzas españolas en Cuba desde su palacio de La Habana, fue el responsable de la orden que envió la flota de Cervera fuera del puerto de Santiago a su desaparición en la batalla el 3 de julio. La reputación de Linares, en España se benefició, sin embargo, a partir de las graves heridas que recibió en San Juan Heights. 6
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LA VERSIÓN ESPAÑOLA:

Según la prensa militar “La Correspondencia Militar” del 16-3-1899. El Caney estaba defendido por 506 hombres y una compañía de civiles movilizados... Fue atacado por 5.000 soldados al mando del general Lawton, 1000 al mando del general Bates y 400 cubanos. El general Lawton creía que se podría hacer dueño de él en una hora, pero la batalla duró desde las seis y cuarto de la mañana hasta las cuatro y media de la tarde, y los defensores no se rindieron hasta que sus bajas, entre muertos y heridos, ascendieron a 444. Había seis obras de defensa, un fuerte de ladrillo, y cinco blockhaus guarnecidos por 10 o 12 hombres. El fuego dirigido desde estos puntos fue tan terrible, que se consideró como uno de los más graves obstáculos del ataque. Este resultado se debió seguramente a los fusiles máuser y a la pólvora sin humo. Además, el terreno era favorable a la defensa; la mayor parte del espacio que tenían que recorrer las tropas americanas se componía de jardines, de campos y de colinas sin labrar, en las que el 7º de Caballería perdió 104 hombres.

Según el diario “El Imparcial” del 10-8-1898 El Caney fue atacado por dos brigadas yanquis con caballería y artillería. Lo defendían tres compañías del Regimiento Constitución (453 hombres) sin artillería... El general Vara de Rey fue herido en las dos piernas a mediodía. El fuego duró hasta las 6 de la tarde... Se formó un convoy de evacuación para ir a Santiago... Vara del Rey iba en camilla pero le mataron de 3 balazos. Los mandaba el coronel Puñet que se retiró por el camino del Cristo. Romero era comandante de la fuerza del pueblo de El Caney y recibió un balazo en el omóplato al retirarse. Los yanquis lo apresaron y lo entregaron el día 5 en Santiago por no poder curarlo. En Cómbales y El Caney murieron los comandantes Rodrigo Agüero, Rafael Aragón, el Capitán Vara del Rey y los tenientes Domínguez Vara, Pedro Fuentes, Manuel Morales, Antonio Rubio, Segundo Llanos y José Melquínez... Se destacó el telegrafista Manzano, que resultó herido en el muslo. El guarda marina Belmijo se salvó a nado y dijo luego que los mambises fusilaban y macheteaban a los españoles y a los náufragos al llegar a tierra...


La batalla de El Caney contada por José Muller Tejeira, oficial de la Armada Española y testigo personal de la campaña en su libro Combates y Capitulación deSantiago. Madrid 1898.

"El primer día del mes de julio, a las seis de la mañana, la fuerza enemiga principal del ejército comandado por el general Shafter , compuesto al menos de 15.000 hombres, con un montón de artillería moderna, sin contar los grupos de insurrectos, atacó las líneas de la ciudad hacia el Este y el Noreste, es decir, El Caney, defendido por el general Vara de Rey con 520 hombres y dos cañones tipo de Plasencia y la posición de San Juan, ocupado por dos compañías de 250 soldados.
El ataque de los estadounidenses fue hecha por 12.000 hombres, según sus propias declaraciones, y fue dirigida por el general Wheeler , el segundo al mando del ejército.

Tres brigadas de infantería se dirigieron hacia El Caney. 2300 de Ludlow, más 1500 de Miles, y 2020 de Chaffee. Luegi les seguiría otra brigada de 1100.

Los estadounidenses, a decir verdad, comenzaron el combate ese día mostrando una determinación y un coraje que eran realmente magníficos.

Las casas de El Caney, transformadas por el General Vara y sus 520 hombres en fortalezas, vomitaron una lluvia de balas sobre el enemigo, que, con la mayor fe en la empresa, con sus pechos como su única protección, trató ferozmente de atropellar a la aldea.
Con la primera línea diezmada, otra la reemplazó, y una tras otra, y los soldados parecían más como estatuas animadas que seres humanos, si se permite que diga, pero se encontraron con los héroes, que incluso con las casas acribilladas a balazos por parte de la artillería y fuego de fusilería, y sus calles obstruidas por los cuerpos de los heridos, El Caney se convirtió en un volcán que vomitaba lava, y un lugar imposible de alcanzar.

Por la pérdida de sus fuerzas, sin aliento y casi inmóviles, ambas partes dejaron de pelear por un rato, aprovechándolo el General Vara de Rey para hacer recuperarse a sus soldados y prepararse para el próximo combate.

Al recibir la noticia sobre el resultado de estos ataques, el General Linares, que estaba ocupado rechazando los ataques a la posición de San Juan, felicitó a este puñado de leones: "El Ejército americano, nunca esperaba encontrar en su ataque a un valiente general como Vara de Rey , ni a valientes soldados como los que tienen bajo sus órdenes ".

La lucha se renovó, y el enemigo atacó una y otra vez, se le rechazaba y volvía a atacar. Pero como no teníamos reservas, y los americanos tienen una gran cantidad de ellas, no era posible continuar la lucha en esas circunstancias. El general fue herido casi al mismo tiempo por dos balas que atravesaron sus piernas, y cuando estaba siendo evacuado en una camilla, bajo una lluvia virtual de balas, fue asesinado junto con sus dos camilleros. La mayoría de los oficiales (dos parientes cercanos del General, entre otros) estaban heridos o muertos, lo mismo que los soldados.

Hacia las siete de la tarde, después de caer asesinado su jefe, los 520 hombres ya eran menos de 100, y algunos de ellos heridos leves. Este puñado de héroes se retiraron del lugar, después de una defensa de diez horas sin posibilidad de victoria, y el enemigo ocupó la posición tan resueltamente atacada.

A tan sólo 80 defensores pudieron retirarse de El Caney, la mayoría de ellos heridos o lesionados. Los americanos declararon haber tenido 900 muertos. "



BAJAS ESPAÑOLAS EN COMBATE DE EL CANEY

Informe del General Linares:

“En El Caney, situé el día 25 al General Vara de Rey con tres compañías de Constitución y otra de guerrillas a pie, más los 100 hombres de la guarnición del poblado, encargándole que se construyeran atrincheramientos.”


BAJAS (Crónicas de Santiago de Cuba; T X, Pág. 29):

CUARTO EJÉRCITO DE CUBA
1ª DIVISIÓN.- 1ª Brigada


MUERTOS

Excmo. Sr. General de Brigada D. Joaquín Vara de Rey y Rubio, jefe de la brigada.
Primer teniente D. Cesáreo Domínguez Vara, ayudante de campo del anterior.

Regimiento Infantería de la Constitución nº 29

Primer batallón.

Comandantes:
D. Rodrigo Agüero y Mármol
D. Rafael Aragón.
Segundos tenientes:
D. Alfredo Vara de Rey, sobrino del general
D. Manuel Morales
D. Antonio Rubio.
Clases de tropa:
61 individuos (Sin identificar)

HERIDOS

Capitán D. Isidro Arias.
Segundos tenientes:
D. Manuel Estévez.
D. Lorenzo Salinas.
D. Antonio Martínez.
D. Domingo Murillo.
D. Inocencio Rojo.
Clases de tropa:
110 individuos (Sin determinar)

Guardia Civil

XIX Tercio
Capitán.
D. Manuel Romero, comandante militar del Caney.

Estado Mayor.
Capitán D. Juan Ramos Portal.

Ayudante de Campo
Capitán de Infantería D. Antonio Vara de Rey, hermano del general.

Sanidad Militar
Médico 2º D. Ángel Rodríguez

Telégrafos
D. Antonio Manzanos, telegrafista civil.

PRISIONEROS

Regimiento Infantería de la Constitución nº 29
Primer Batallón

Segundos tenientes D. Emilio Vallés y D. Constancio Germán.

DESAPARECIDOS
Segundos tenientes.
D. Félix Escudero
D. Rafael Altolaguirre.
2 Sargentos y 7 Soldados. Estos desaparecidos se incorporaron a la guarnición del poblado del Cristo.

Es curioso que cuando en la mayoría de los escritos se cita la muerte dos de los hijos de Vara del Rey y las heridas de uno de sus hermanos, en el Parte de Bajas constan solamente los nombres de un hermano y un sobrino del general. Los Tenientes Pedro Fuertes, Segundo Llanos y José Melquínez, citados en artículo de El Imparcial como muertos, no aparecen en el Parte de Bajas. Todos los documentos americanos y de otros observadores extranjeros citan una cifra de muertos en El Viso de cerca de 400 españoles. Por todos esos escritos se puede dilucidar que 81 escapados más 117 prisioneros (que serían tanto sanos como heridos), hacen la cifra de 198…..faltan 352 españoles. ¿Muertos reales? ¿Muertos más otro tipo de heridos que no pueden constar como prisioneros? Otra de las citaciones, la del 7º de Caballería debe de tratarse de un error, ya que ese regimiento no aparece en el listado de unidades empleadas durante las operaciones de El Caney. Debe de referirse al 7º de Infantería de la Brigada Chaffee de la que constan más de 100 bajas. Sí que participó un Escuadrón del 1º de Caballería de Voluntarios, los Rough Riders de Roossevelt, unidad que también sufrió un centenar de bajas.

Imagen

Citaré como fuente fiable el Diario Oficial del Ministero de la Guerra, creado por el Ministerio de la Guerra, cuyo primer número salió el 4 de enero de 1888, cuando el General Manuel Cassola era el titular de esa cartera. El exceso de burocratismo del ejército convirtió a este Diario en la fuente más fiable y segura de las informaciones sobre los preparativos y la guerra final de Cuba, pues hasta las órdenes más nimias aparecen en sus páginas. De ellas se pueden sacar las cifras de los soldados que efectivamente combatieron en Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Y el número de muertos y heridos. Una de las cuestiones más debatidas al historiar la guerra de Cuba es la de los muertos, heridos y enfermos, sobre lo cual, desde 1868 a 1898 se han barajado toda suerte de cifras, normalmente acudiendo al sistema facilón del cálculo a ojo de buen cubero y del redondeo. El Diario Oficial del Ministerio de la Guerra publicó 174 listados de víctimas de la Guerra de la Independencia de Cuba (1895-19898), enviados por el Capitán General de Cuba (23-III-1896/7-VI-1900) con los jefes, oficiales, suboficiales y soldados caídos en Cuba, Puerto Rico y Filipinas en esos tres años de guerras finales, con todos los datos de filiación: nombre, lugar y día de nacimiento, arma o cuerpo, grado y muerte y causas de ésta. Este dato ha sido obtenido de D. Pedro Pascual, Doctor en Ciencias de la Información y Licenciado en Geografía e Historia que tuvo la inmensa paciencia de contar uno a uno todos esos nombres, pues no se publicaron las cifras totales. De 1895 a 1898 estas fueron las bajas en Cuba:

2.032 muertos en el campo de batalla
1.069 muertos a consecuencia de las heridas recibidas
16.329 muertos por el vómito
24.959 muertos por enfermedades diversas o accidentes.

Total: 44.389

Esto significa que los muertos en lucha fueron 3.101 (6’98% del total) y por enfermedades, 41.288 (,93’01%). A esto hay que 15 desaparecidos, 33 suicidados y 2 fusilados.

El mismo DOMG publicó los listados (octubre 1898-abril 1899) con los nombres y filiación de los que regresaban enfermos de Cuba y murieron al poco de ser ingresados en la treintena de hospitales civiles y militares dispuestos al efecto e incluso en alguno de los barcos en que regresaban. Fueron 827, cantidad que parece baja si se tiene en cuenta el estado en que volvían.

BAJAS ESTADOUNIDENSES:

Las cifras de bajas norteamericanas en esta acción de El Caney, así como en el conjunto de la Guerra de Cuba, son considerablemente discordantes. En la acción de El Caney oscilan entre 2000 y 400 entre muertos y heridos, la causa más probable es que para el ejército americano los heridos graves, aunque mueran por causa de las heridas a las pocas horas de terminada la batalla no son considerados como muertos en batalla y entran dentro del apartado que ellos denominan otros muertos. No es de recibo una lista de bajas de 107 muertos y 360 heridos que es la más común en los informes, cuando todos los indicios lógicos obtenidos de los documentos escritos, indican que varias veces las tres brigadas asaltantes hubieron que replegarse bajo el fuego español dejando el campo lleno de muertos y heridos. Una división de 7000 hombres con artillería, no es detenida durante diez horas más de lo previsto, solamente porque el enemigo le haya producido 107 muertos.

En el sitio de historia norteamericano spanish american war,en el apartado dedicado a la batalla de El Caney, dice: “La batalla del día disipó la noción vertida por la prensa de que los españoles eran cobardes y presa fácil. En El Caney habían sido superados en número y estaban 12:01 sin artillería, sin embargo, se luchó durante 8 horas. En las lomas de San Juan se les superaban en número a 16:01. Los americanos perdieron 205 hombres muertos, 1.180 heridos. Los españoles perdieron 215 muertos y heridos 3762.

Ni tan siquiera las cifras oficiales del Departamento de Historia de la Biblioteca de la Navy, ni el Informe de Bajas Americanas del Congreso de los EEUU sobre bajas en Cuba durante las operaciones de la Guerra Española-Americana, coinciden en las cifras. Las del Departamento de Historia de la Navy, son las siguientes:

Bajas por estado:

Muertos totales……...2446
Muertos en batalla… 385
Otros muertos……….2061
Heridos no graves…1662

Bajas por grados militares:

Oficiales muertos…. 23
Oficiales heridos….. 99
Soldados muertos…. 237
Soldados heridos…..1332

Aquí también existe una gran diferencia de cifras ya que entre muertos totales y heridos no graves (2446+1662 = 4107) superan bastante a la suma total de bajas por grados militares (1691).

En el Sevicio Militar de Archivos para Militares Veteranos de la American War Librery se especifica que en cuba nurieron 2893 combatientes y fueron heridos otros 1637.

El US Army Military Histori Institute da como bajas totales la cifra de 2446 hombres.

En Casualities of War. Putting American Casualties in perspective
en la parte correspondiente a Cuba indica que el número de muertos durante la guerra fué, en 1898, y referido no solo a Cuba sino a todas las operaciones de la guerra Hispano-Americana:

ESPAÑA: Muertos totales 62.835. Muertos en combate 786. Muertos por heridas 8.627. Muertos por enfermedades 53.000. Prisioneros 30.000.

EEUU: Muertos totales 6.457. Muertos en combate 496. Muertos por heridas 202. Muertos por enfermedades 5.509.

Estas cifras desorientan aún más, y principalmente la de 202 muertos a resultas de heridas sufridas en Cuba, Puerto Rico, Guam, o Filipinas, termina por desconcertar a cualquiera que intente averiguar lo realmente sucedido.

El Diario de Mendoza (Argentina), del 3 de julio de 1898, dice sobre El Caney: “Un oficial ha comunicado desde Washington que la batalla ha sido encarnizada. Los americanos han tenido 500 bajas entre muertos y heridos. Las pérdidas españolas no se conocen, pero no pueden ser inferiores. Los americanos han logrado ocupar y establecerse firmemente en los obrajes avanzados de Santiago y esta mañana... han debido reanudar el combate, emprendiendo nuevamente el ataque a las posiciones españolas. El espíritu de las tropas es excelente”.


JUICIO FINAL:

Años más tarde, en 1907, el Sargento Mayor norteamericano Herbert Howland, que participó en el asalto al fuerte de El Viso, escribía en su obra The Campaign of Santiago de Cuba, 3 volúmenes, Chicago 1908, lo siguiente:

“El valor de los españoles es magnífico. Mientras las granadas estallaban sobre la aldea o explotaban contra el fuerte de piedra, mientras la granizada de plomo barría las trincheras buscando cada aspillera, cada grieta, cada esquina, los soldados de ese incomparable Vara de Rey, tranquila y deliberadamente, continuaron durante horas alzándose en sus trincheras y arrojando descarga tras descarga contra los atacantes americanos. Su número decrecía y decrecía, sus trincheras estaban llenas de muertos y heridos, pero, con una determinación y un valor más allá de todo elogio resistieron los ataques y, durante 8 horas, mantuvieron a raya a más de 10 veces su número, de unas tropas americanas tan valientes como nunca recorrieron un campo de batalla”.

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Los hombres de Vara de Rey cumplieron con creces su misión de detener al enemigo. Dieron un ejemplo al mundo militar de entonces, de lo que una Infantería con moral y bien adiestrada es capaz de hacer aún contra fuerzas muy superiores en número. Entregaron su vida generosamente cuando todo su ser les impelía a salir corriendo, en una situación en la que hasta el propio enemigo no hubiese dudado en justificar su retirada. Únicamente la posibilidad indicada por el Almirante Cervera de desmontar las ametralladoras Maxim de 7mm y 11 mm de los buques, hubiese dado un giro distinto a la contienda; pero el Ejército Español prefería los cañones de montaña por la naturaleza abrupta del terreno. ¡Si al menos les hubiesen proporcionado munición!

El 4 de Julio de 1898, el corresponsal Mencheta del Diario de Burgos, escribía estas líneas desde Santiago, referidas a la gesta de El Caney:

“La victoria no es nunca de los más valientes, sino de los más fuertes, y aquellos hermanos nuestros no han tenido más fuerza que la de su decisión de morir con honra.
Conquistar la gloria es muy hermoso, pero no puede ser el objeto ni la causa de una guerra.
¡La nación puede decir que no dio sus hijos para eso!”

Frases en las que se deja traslucir el sentimiento de derrotismo que existía ya en la nación.

“En la guerra con los Estados Unidos no fracasó el soldado ni el pueblo (que dieron cuanto se les pidió), sino un gobierno imprevisor”(Santiago Ramón y Cajal, capitán médico militar, combatiente en Cuba y Premio Nobel de Medicina)

Sea como sea, una gran parte de los españoles les hemos olvidado o ni siquiera contamos su historia a los más jóvenes, al igual que hemos ido olvidando en cada momento a todos los que enviamos fuera de su tierra, y que han ido abonando con su sangre los campos del mundo en nombre de España. Así sucedió en América, Europa, África, e incluso en las acciones de las últimas gestas heroicas en las que haya intervenido una Unidad Militar Española de entidad superior a una Sección, como fue el caso de Possad, Lago Ilmen, o Krasny Bor, en las estepas rusas.


¡DIOS! ¡QUÉ BUEN VASALLO SI HUBIESE BUEN SEÑOR!



Fuentes principales:

Enciclopedia Militar Española.

Historia Militar de España.

Enciclopedia Espasa Calpe.

Enciclopedia Británica.

http://www.history.army.mil/armyhistory/AH63(W).pdf

http://hemerotecadigital.bne.es/dat[....]/18981210/18981210_17425.pdf#page=4

http://hemerotecadigital.bne.es/datos1/ ... %20(Madrid)/1903/190311/19031128/19031128_00047.pdf#page=1

http://www.ucm.es/info/cecal/encuentr/a ... escuba.htm

http://www.americanistas.es/biblo/textos/08/08-019.pdf

http://www.eldesastredel98.com/capitulos/caribe4.htm

http://www.ingenierosdelrey.com/guerras ... _caney.htm

http://translate.google.es/translate?hl ... d%3Dimvnsb

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Por campos pardos y blancos regaron tierras, tiñeron nieves.
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Última edición por delaiglesiahernandez el Vie Mar 16, 2012 10:40 am, editado 12 veces en total

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NotaPublicado: Mié Mar 14, 2012 7:53 pm 
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Magnífica descripción de este episodio de nuestra historia, triste y glorioso al mismo tiempo.

Al leer la famosa frase del "Poema de Mío Cid" (¡Dios, qué bon vasallo se oviesse bon señor!), no puedo sino hacer una reflexión. Durante muchos años, la he dado el significado que se la da aquí, pero en los últimos años, la veo de una forma diferente y contraria: "¡qué lástima de pueblo, que no es capaz de hacer cosas grandes cuando no tiene un buen líder!" (siento el comentario, pero me sale del alma).

Y sin embargo, la historia nos demuestra, una y otra vez, que los españoles, con buenos o malos líderes, han actuado, la mayor parte de las veces, con honor.

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A mí me parece, Señor, que no tengo otra cosa buena sino ser español (Catalina de Erauso, "la Monja Alférez", a un Cardenal)


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NotaPublicado: Mié Mar 14, 2012 8:23 pm 
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Registrado: Mié Ene 14, 2009 9:23 pm
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He disfrutado con la amplia descripción de aquellos combates tan memorables. Ojalá lo hubiera tenido cuando describí dicha batalla en mi libro sobre los baleares en la guerra de Cuba. Con orgullo explicaba como un balear, el ibicenco Vara de Rey (no del) combatió hasta la muerte al frente de sus tropas.
Por cierto, como anécdota os contaré que hace ya unos años, encontré en una web yanqui TODOS los órdenes de batalla de TODAS las unidades que intervinieron, incluidas las españolas. Pude obtener muchos nombres y confirmar graduaciones gracias a una web norteamericana, incluido el orden de batalla del Batallón Provisional de Baleares, cuando aquí ni siquiera sabían que había existido. Los yanquis ganan las batallas en el cine y en la propaganda, pero la verdad es que lo hacen muy bien.
Como complemento os dejo un fragmento de dicho capítulo de mi libro.
Muchas gracias DELAIGLESIAHERNANDEZ por tu aportación.
Un abrazo


El 22 desembarcan los primeros seis mil norteamericanos transportados en botes a motor desde el convoy hasta la costa. El 24 y 25 la Infantería continua desembarcando y la Artillería lo hace el 26. Estos desembarcos pueden realizarse sin hostigamiento español gracias a los movimientos de distracción de las partidas cubanas al mando de Demetrio Castillo y Jesús Rabí. El 22 cae la pequeña ciudad de Siboney sin apenas combate. En ella establecen los norteamericanos su centro de operaciones. El 5º Cuerpo de Ejército norteamericano está al completo. Su jefe, el general Shafter, tiene bajo su mando la División de Infantería del brigadier Kent y la del brigadier Lawton. Además de estas dos divisiones cuenta con otra de Caballería al mando del general Wheeler, de seis u ocho baterías de campaña. Dieciocho mil norteamericanos se encuentran desembarcados en la provincia de Santiago de Cuba.
El 26 el general Linares dicta un repliegue de sus fuerzas, alejándolas de una playa donde "en combate desigual con fuego de fusil contra el aparatoso alarde del enemigo que nos combatía a cubierto de las corazas de sus mejores barcos artillados con los cañones mas modernos y poderosos." Anuncia que el enemigo ya ha desembarcado sus tropas y se disponen a tomar Santiago. Por último apela a "Vuestras virtudes militares y vuestro valor son la mejor garantia de éxito. [...] La Nación y el Ejército se hallan pendientes de nosotros."
El general Linares cuenta con el Regimiento Infantería Cuba nº 65, El Batallón Provisional de Puerto Rico, los Batallones Expedicionarios de los Regimientos San Fernando nº 11, Asia nº 55, Constitución nº 29 y Talavera nº 4, así como quince compañías de voluntarios. En cuanto a la Artillería apenas una Batería de Plaza y una Sección de Montaña.
En la madrugada del día 1 de julio de 1898 los norteamericanos inician su avance sobre Santiago de Cuba. La División de Lawton asediará El Caney, al mando del general ibicenco Vara de Rey; las Divisiones de Kent y Wheeler se dirigirán hacia San Juan, donde se halla el general Linares, y la Brigada Duffield llevará a cabo una maniobra de distracción contra la zona de Aguadores. El Caney es un caserío con una pequeña iglesia en un terreno algo elevado. Como primera línea de defensa cuenta con el fortín de El Viso y cuatro blocaos de madera. Careciendo de Artillería, pues apenas cuentan con dos cañones Hontoria, el general Vara de Rey defiende su posición con el sistema de fuego por descargas. Durante horas sus seiscientos hombres resisten las arremetidas de seis mil enemigos, entre los que se encuentran los cubanos del Batallón de Caonao, al que causan numerosas bajas. Los cubanos son los primeros en llegar a El Viso, replegándose los españoles hacia el poblado de El Caney. A las seis y quince de la tarde consigue la fuerza cubano-norteamericana tomar esta posición. El general Vara de Rey es uno de los que ha perdido la vida en su heroica defensa.
En la Loma de San Juan no le han ido mejor las cosas al general Linares y sus doscientos cincuenta hombres. Estos se han enfrentado a una fuerza de tres mil combatientes a las órdenes de Weeler y Kent. Durante los combates el propio general Linares ha sido herido de gravedad. También ha sido herido de cierta gravedad el capitán de navío Bustamante, quien con sus marineros ha intentando recobrar la posición, no consiguiendo su propósito. Bustamante morirá dos días después en el Hospital de Santiago. Reagrupadas todas las fuerzas en torno a la línea de trincheras al Este de Santiago, consiguen aguantar los españoles -ahora al mando del general Toral- las diversas cargas enemigas. Al término de los combates en El Caney y la Loma de San Juan del día 1 los norteamericanos han sufrido las bajas de doscientos veintitrés muertos, mil doscientos ochenta y tres heridos y setenta y nueve desaparecidos. Los españoles han tenido ciento dos muertos y quinientos cincuenta y dos heridos.
A los tres días de la toma del Caney y de San Juan por las tropas norteamericanas en combinación con refuerzos cubanos, el almirante Cervera decide salir del puerto y acatar así disciplinadamente las órdenes. El día anterior ha recibido la orden expresa del general Blanco: "En vista estado apurado de esa plaza que me participa el general Toral, embarque V.E. con la mayor premura tropas desembarcadas y salga con la Escuadra, inmediatamente." Tal como se le indica, los marineros supervivientes que han actuado reforzando la Infantería, regresan cansados, heridos y hambrientos a sus buques. Todo el mundo ocupa sus posiciones este día 3 de julio de 1898. En el Infanta María Teresa Juan Salord Bennasar en la pieza de tiro rápido de la batería de estribor, Lorenzo Pons como habilitado de cabo de cañón, Miguel Ferragut Reynés como marinero de primera y Jaime Simó Palerm en el pañol de pólvora. En el Vizcaya Juan Pons Portol en la batería de tiro rápido de babor y Juan Pons Gomila como marinero. En el Cristóbal Colón Guillermo Ramón Cabanellas como marinero de primera clase destinado en el pañol de pólvora número uno. A las nueve y media de la mañana sale la Escuadra española del puerto de Santiago. En la salida esperan los buques enemigos: Vixen, Brooklyn, Iowa, Texas, Oregon, Indiana y Gloucester.

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NotaPublicado: Mié Mar 14, 2012 9:53 pm 
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Muchas gracias delaiglesiahernández,

Muy bien encontrada la analogía con Krasny Bor.
Respecto a las piezas de artillería empleadas por los españoles, un Teniente Coronel de artillería me dijo que el consideraba el Caney , entre otras cosas, la primera acción antiaérea de la historia. Uno de los obuses de montaña Krupp de 75 mm derribó un globo de observación de los americanos.

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Foto de estudio de mi bisabuelo en cuba ( sentado a la izquierda con puro).Se ve claramente el mauser modelo 1893.

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NotaPublicado: Mié Mar 14, 2012 10:16 pm 
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A JUAN MALLORCA.Gracias por el apunte del apellido de Vara de Rey, tienes toda la razón, y el error, que se produce en casi la mitad de las veces que nombro al General, es arrastrado porque en algunas de las comunicaciones americanas consta como del Rey. Gracias , Ya está corregido.

A JAVIER STURMPIONIERE: Tu informador tiene toda la razón. En la revista army military se cuenta que destruyeron un globo con la artillería y otro más con disparos de fusilería.
LA FOTO DE TU BISABUELO.....¡¡¡¡Genial!!!! Muy bien conservada y clara. Mi abuelo también estuvo en la Guerra de Cuba pero se volvió antes de que entrasen en ella los americanos. Fue Alférez de Veterinaria y estuvo destinado en el mismo destacamento en el que estuvo Santiago Ramón y Cajal.

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EN MEMORIA DEL HÉROE IBICENCO Y DE LOS GLORIOSOS CAIDOS EN LA BATALLA DE EL CANEY.

MONUMENTO EN MADRID AL GENERAL D. JOAQUÍN VARA DE REY Y A LOS HÉROES DE EL CANEY

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