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Esta vez no es, como en el caso de Baler, una guarnición de tipo compañía que se defiende durante muchísimos meses del ataque tagalo, en 1898-99 en Filipinas.

Esta vez es el gobernador de la provincia "Archipiélago de los Batanes" que, abandonado por su guarnición nativa, se defiende -y defiende el honor de España- con su esposa e hijos (todos niños) en su casa-gobierno en su residencia oficial de Santo Domingo de Basco, la capital provincial, en 1898.

Vayan estas líneas en homenaje al Caballero Laureado, comandante de Infantería D. Julián Fortea y Selví, a su esposa, y a sus hijos.

Para esbozar su hazaña, basta con la reseña sobre la repatriación de sus restos, doce años después de su gloriosa muerte, recogida en la revista "Época", y que empezaba así:

Desde ayer se encuentran en tierra española los restos de uno de los héroes que en el desastre de Filipinas sellaron con su sangre el término de nuestra dominación, acreditando con estéril sacrificio de la vida, el valor y la abnegación de nuestra raza.

El vapor Isla de Panay desembarcó ayer en Barcelona los restos gloriosos, que se restituyen a la Patria como ofrenda de honor, y que España recibe con todo el cariño y con toda la admiración que se deben al soldado invicto.

El comandante D. Julián Fortea y Selví, cuyos restos son venerados, es un glorioso ejemplo del heroísmo español. Su nombre y sus hechos deben ser recordados siempre, para enseñanza de la raza española.

La epopeya de Fortea en una defensa inverosímil y verdaderamente homérica, y el sacrificio de su vida nos obligarán por siempre a gratitud y admiración.

Los compañeros de Fortea en el Arma de Infantería dedican en estos momentos al héroe el debido homenaje de su amor y su respeto. La ciudad de Teruel, honrada por haber nacido en su seno el heroico soldado, dispone tributos de honor a la memoria del glorioso comandante. A estos homenajes debe asociarse España entera, con el tributo unánime de su admiración y de su gratitud.

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A mí me parece, Señor, que no tengo otra cosa buena sino ser español (Catalina de Erauso, "la Monja Alférez", a un Cardenal)


Última edición por Amenofis el Vie Feb 03, 2012 6:44 am, editado 4 veces en total

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NotaPublicado: Lun Dic 26, 2011 8:01 am 
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El relato más completo de esta hazaña está recogido en un artículo de la revista “Coronelías – Guardas del Rey”, núm 25 (disponible en Internet en
http://www.coronelia-guardas-del-rey.co ... o%2025.pdf)

El artículo se titula "Los héroes, esos desconocidos", y su autor es el Teniente D. José Román del Alamo Velasco

Lo copio íntegro a continuación, en varias entradas:

Nuestra historia está plagada de hechos heroicos, en muchas ocasiones desconocidos, y da pena pensar que cuando un hecho glorioso no se recuerda, es como si no hubiera existido y en su caso su esfuerzo ha sido en vano.

Hace poco leí en el Diario Español “El Mercantil” del lunes 8 de agosto de 1910 una gloriosa gesta que me impresionó profundamente, y que paso a describir por su emotividad y belleza.

El 10 de septiembre de 1910 el vapor “Isla de Panay” repatrió los restos del glorioso Comandante Don Julián Fortea, muerto el 18 de Septiembre de 1898 en la defensa de Santo Domingo de Basco (Islas Batanes).

La profunda admiración que nos inspira el hecho sublime de Fortea nos mueve a recordarlo en estas columnas, tratando de aventar el negro polvo del olvido con que dejan cubrir el tiempo y nuestra frágil memoria los laureles de nuestros héroes. Muchos de nosotros, aquí, hemos ido olvidando la acción ejemplar de aquel bravo español, otros no la conocen ni han oído, quizá, jamás el nombre de Fortea. España en ha hecho justicia glorificando el recuerdo de su sacrificio con el reconocimiento oficial premiado con la Cruz Laureada de San Fernando. Vayan estas líneas como pálida loa y homenaje a la memoria del más heroico español que entregó en estas insignificantes islas su vida por España.

Don Julián Fortea Selví nació en Camarena (Teruel) el día 8 de Marzo de 1845. Su vocación militar le llevó a sentar plaza como voluntario en el regimiento de Borbón. Hizo la campaña del Norte en la que por méritos de guerra conquistó dos ascensos.

Más tarde, en estas islas, tomó parte en las operaciones de la Paragua y en 1882 entró en la Guardia Civil en donde prestó grandes y valiosos servicios, entre ellos la captura de una partida de malhechores que en septiembre de aquel año apresara un convoy en las cercanías de Manila. En esta ocasión luchó cuerpo a cuerpo con el cabecilla Raimundo Cecilio y con dos partidarios hiriendo al primero y desarmando personalmente a los tres.

En 1883 regresó a la Península, volviendo otra vez a Filipinas, cuando se manifestaron los primeros chispazos de la insurrección.

Fue nombrado entonces gobernador político-militar de las islas Batanes con residencia en Santo Domingo de Basco en donde se estableció con su esposa, cinco hijos de corta edad y dos sobrinas.

Fue allí, en aquellas pequeñas y apartadas islas donde la Providencia deparó que el nombre de España quedase para siempre esculpido en sus rocas por el heroísmo sereno y consciente de aquel español estoico.

En 1898 al declararse la guerra entre España y Estados Unidos, estas islas quedaron totalmente desguarnecidas e incomunicadas, Fortea no tenía fuerza alguna a sus órdenes. Previendo el peligro trató, sin embargo, de organizar una milicia indígena, auxiliado por los españoles don Rafael Romero, interventor de Hacienda, y el médico don Marcial Moreiras, pero bien pronto, al llegar las noticias del triunfo de la revolución filipina en el centro y norte de Luzón, los indígenas le abandonan. En un acto de valerosa serenidad, Fortea, seguido de sus dos auxiliares, intentan contener la iniciativa rebelde de los isleños arengándoles conciliadora y amistosamente, pero éstos, ya manifiestamente hostiles, hacen armas contra los españoles, hiriendo a Romero y haciéndole prisionero en unión de Moreiras. Fortea logra retirarse ileso a la casa-gobierno.

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El comandante D. Julián Fortea y Selví[/center]

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Última edición por Amenofis el Lun Dic 26, 2011 8:17 am, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: Lun Dic 26, 2011 8:03 am 
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Reúne en ella sus huestes, las más fantásticas y maravillosas huestes que haya mandado jamás capitán alguno: una mujer, cinco niños y dos niñas. ¡Brava guardia!. Fortea arma y arenga a sus soldados. Los más pequeños, cuyas débiles manos no pueden levantar el fusil, se encargan del reparto de las municiones, los mayores se ciñen bizarramente las cartucheras y aquella tropa formidable, animada por el aliento heroico que su capitán les comunica, se apresta a la defensa.

No se hace esperar la acción de los revolucionarios, quienes, no pudiendo sospechar que el indefenso gobernador trate de resistir, le intimidan varias veces a que se rinda, entregue las armas y la casa-gobierno. A estas intimaciones contestó Fortea, primero con razones negativas, después con el fuego de sus armas.

El bravo comandante no quiere rendirse. Los rebeldes, dueños de la población y alzados todos en armas, le ponen cerco y le atacan empezando el sitio más desigual y sin ejemplo que registra la larga historia de las guerras de España. Acometen los sitiadores con furor; contestan los sitiados con serena calma, al fuego con el fuego. Los pequeños combatientes apostados por Fortea en los sitios estratégicos de la casa, resguardados y atrincherados lo mejor posible se dirigen a sus tiros sobre los puntos que el jefe indica, cayendo muchas veces arrastrados por el retroceso de las armas.

Sugestionados por la calma heroica de su padre en quien fían ciegamente, los pobres niños se baten de entusiasmo. La lucha enardece a los sitiadores y en el estruendo de las descargas la casa tiembla envuelta en humo y el pavimento se cubre de astillas y del yeso de las paredes. Fortea atiende a todos los lados, se multiplica, anima tranquilo imperturbable, a los suyos y a los gritos e imprecaciones de los de fuera contesta con un silencio trágico.

La esposa del héroe no quiere dejarle solo, le sigue a todas partes, trata inútilmente de alejarle de los sitios de mayor peligro y mientras alienta valerosa a sus hijos contiene sus lagrimas pidiendo a Dios en rezo callado y fervoroso la salvación de todos.

Así transcurren las horas crueles, las horas eternas, durante varios días.
En una de las treguas, el enemigo, asombrado de tan tenaz defensa trata de explorar el interior de la casa-fuerte. Trepando por el alto ramaje de los arboles que frente a la casa se alzan, varios soldados atalayan las ventanas y el cuadro dramático que en el interior contemplan les espanta y emociona. Fortea en el centro de la habitación tiene a sus pies a toda su familia pidiéndole arrodillada que la salve y que se salve entregando el fuerte. La esposa le abraza sollozando; le muestra desesperada a los pequeñuelos. Fortea hosco imponente con la llama del dolor en los ojos resiste en silencio la horrible lucha interior que despedaza su corazón; aparta suavemente a los suyos, les arenga y les señala de nuevo los puestos de combate. Es necesario esperar, luchar, luchar más…

Atónitos comunican los indígenas a sus jefes lo que han visto y éstos, creyendo debilitado el tesón del padre por el llanto de los hijos, que se oye desde la plaza, destacan un sargento con bandera blanca, como parlamentario. En vano ruega el emisario al español que se rinda, diciéndole que los soldados indígenas no tienen queja de su mando, que será respetado y que se le ofrece una capitulación honrosa para él, para su familia y para todos los españoles residentes en las islas Batanes.

Fortea, asomado a la ventana, acalla las súplicas de su esposa y contesta al mensajero:

- “Sargento; agradezco sus intenciones. No puedo escuchar la voz de los rebeldes. Mi deber me lo impide “– Insiste el emisario en su demanda y la voz enérgica de Fortea le hace retirarse.

La llegada imprevista de un vapor apresado por los revolucionarios engrosa con fuerzas tagalas bien armadas las huestes de los sitiadores. El contratiempo es terrible, pero el indomable aragonés no cede. La lucha se reanuda. Al enemigo le irrita la brava tenacidad de aquel viejo soldado que consideran loco. Desean ocupar inmediatamente la fantástica fortaleza, pero la empresa no es fácil mientras el pecho del héroe aliente.

Furiosas atacan todas las fuerzas revolucionarias acribillando la casa a balazos, honrando cien veces la bandera que ondea en lo alto. La música metálica de las balas hiende, rasga y abrasa los aires.

El instinto de conservación y la fuerza alentadora de su padre transforma en el interior de la casa a aquellos niños-soldados en cautos y serenos defensores que procuran aprovechar los tiros. Su madre les besa y les anima. Fortea dispara su fusil desde los puntos más vulnerables. Las fuerzas tagalas bien disciplinadas van cerrando el cerco haciendo el fuego por descargas, dispuestas a no cejar en la acometida, a tomar la casa gobierno por asalto en aquella misma noche del 18 de septiembre.

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¡Trágica y memorable noche! El fragor del combate enloquece a los sitiados; entre besos y lágrimas disparan sus armas, pero las fuerzas, al fin decaen, los brazos desobedecen y aquellos niños heroicos se rinden en el regazo de su madre desolada. Las niñas rezan llenas de terror, pidiendo a gritos a su padre que no las abandone. Pero él, el viejo león, no oye nada; ya no se oculta, ya no se resguarda; dispuesto serenamente al sacrificio, con el solo deseo de salvar la vida de aquellos pedazos de su corazón, quiere entregar la suya cuanto antes. Con augusta abnegación de mártir, va en busca de la muerte, única liberación con honor. Dispara sin cesar desde las ventanas sobre el enemigo que se llega audazmente hasta las puertas del fuerte. Una bala le alcanza en el pecho pero sigue haciendo fuego y cuando su esposa horrorizaba, loca, trata de abrazarse a él, frente a una lluvia de plomo. Fortea la rechaza y entonces otra bala perfora mortalmente aquel pecho poderoso.

Un grito de angustia anuncia a los sitiadores que el león ha caído. La familia le arrastra hacía el centro de la estancia mas resguardada. ¡Momento pavoroso, momento cruel en que todo calla y los corazones sangran! De pronto una explosión de noble anhelo de venganza impulsa a los hijos a disparar rabiosos sus armas. Su madre les acaudilla trasfigurada.

- “¡No quitéis la bandera! “ — les grita Fortea agonizante— “¡Mirad si están bien cargados de fusiles“!

– “¡No quitéis la bandera!-“repite entre estertores al entrar su espíritu glorioso en la Eternidad a las tres de la madrugada, entre el estruendo del combate, reanudado con mayor furia….

La ideal compañera recoge de los labios del héroe el último suspiro y con él su temple indomable.

Al nacer el nuevo día los sitiadores rendidos apagan sus fuegos pero los defensores ocupan sus puestos y la bandera continua enhiesta en lo alto de la casa. El panteón del héroe quedaba custodiado por la heroína, la brava castellana Dª Ascensión García San Martín, viuda de Fortea.
Cuando después de algunas horas esta valerosa mujer, falta ya de municiones, agotadas las fuerzas físicas, aceptó las proposiciones de honrosa capitulación ofrecidas por un parlamentario, los revolucionarios penetraron silenciosos y emocionados en la casa del gobierno. Al poner el jefe filipino su planta en ella, atónito dudaba de lo que veían sus ojos: una mujer y siete niños rodeando armados el cadáver de su capitán. Con generoso impulso dispuso allí mismo que se procediese al entierro de Fortea con todos los honores militares y que no se arriase la bandera española mientras el cuerpo no recibiera sepultura. “Como prueba de admiración a un “hecho de tanta bravura, tanta lealtad y señalado patriotismo”.


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Dª Ascensión García San Martín, esposa del comandante Fortea (foto de 1897)

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Los tres hijos mayores de D. Julián y Dª Ascensión, que formaban el 50% de aquél ejército familiar (foto de 1897)[/center]

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Última edición por Amenofis el Vie Feb 03, 2012 6:38 am, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: Lun Dic 26, 2011 8:22 am 
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Este es el glorioso hecho de armas del comandante Fortea. Por su grandeza estoica ha sido comparado al de Guzmán el Bueno por su semejanza, al de mártir de la Independencia, Don Vicente Moreno que acepta el suplicio antes de reconocer al Rey “intruso”, rechazando las súplicas de su mujer y de sus cuatro hijos.

Pero más grande, más dramático é interesante que éstos, es el caso de Fortea, el cual no tiene igual en la historia de nuestras armas.

Fortea que “hubiera podido capitular honrosamente con garantías y condiciones”, según informe de consejo supremo de Guerra y Marina, Fortea, sacrificando sus más caros amores, su propia vida, al cumplimiento del deber y haciéndolo sereno, reflexivo, consciente, es la idea pura levantándose sobre el imperio de la materia. Los apagados espíritus sanchunos que no aciertan a comprender estos sublimes sacrificios, no podrán mirar de frente sin quedarse cegados por esa luz deslumbradora que irradia tan alta espiritualidad.

Estos héroes, estos “locos sublimes”, son los que salvan y afirman los más nobles conceptos que dignifican nuestra alma. Sin la obra de estos héroes de que tan pródiga fue nuestra tierra, España hubiera perdido su grande é inconfundible personalidad. Martín Cerezo, Dujiols, Comas – aquel bravo capitán Comas, héroe impulsivo, temerario, arrebatador, de muchos desconocido y de todo olvidado, que fue el ídolo de los soldados de la división Lachambre- y Fortea, el más grande de todos, cuando todo se perdía en estos mares, salvaron lo más preciado: el nombre y el honor de España.

Honremos reconocidos su memoria, que el culto a los héroes es la más alta manifestación del culto a la Patria.

A sus órdenes, Comandante Fortea

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NotaPublicado: Lun Dic 26, 2011 8:28 am 
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Repatriación de sus restos mortales

Copio el artículo publicado en la revista navarra "La Avalancha", de 8-10-1910 (enlace: La Avalancha: revista ilustrada. Año 16, n. 374 (8 octubre 1910)).

Siempre los neos-

Todo el mundo sabe que han sido repatriados a España los restos de un héroe que supo defender en Filipinas de los ataques de los insurrectos tagalos la bandera española hasta sucumbir sellando con su muerte la epopeya de su patriotismo y de su valor.

Con grandes detalles ha contado la prensa cómo se defendió el comandante Fortea de las acometidas de los conjurados filipinos, que fueron alentados por los masones de por acá, Morayta y comparsa, disparando tiros desde su vivienda. En esta defensa le ayudaban su valerosa mujer y débiles hijos que siendo casi niños servían las municiones al defensor de en hogar para contener la salvaje turba instrumento del mandil.

Lo que no saben muchos, y nosotros queremos hacerlo constar es que esos restos han venido a España, no porque los gobiernos liberales los hayan reclamado, que bien sin cuidado les tiene el fin de los soldados que allí murieron, sino por los frailes Dominicos, por el Marqués de Comillas y por la cristiana casa naviera de Ilo-Ilo Inchausti y Compañía, todos ellos neos, católicos y, como tales, buenos españoles y excelentes patriotas.

El Gobierno se ha concretado á salir á esperar esos restos y hacer el papel de plañidera ó llorona; pero, de eso, de recoger piadosamente al héroe y traerlo a la metrópoli para que la familia y España entera los venerase como a restos de un mártir de la patria... ¡cuán lejos estaba!.

El periódico militar El Ejército Español cuenta así la odisea del traslado de esos restos, y estas líneas pueden servir de padrón de ignominia para un Estado que consiente que se traiga de favor una carga tan preciada.
Dice así “El Ejército Español”:

«Los hijos del comandante Fortea no podían resignarse a que los restos del que los dio el ser y les legó con su sacrificio tan alto ejemplo de heroísmo permanecieran siempre, perdurablemente en aquella ingrata tierra en que consumó su sacrificio. Y como nadie se preocupara e repatriar aquellos sagrados despojos, dirigiéronse á la Compañía Trasatlántica con el exclusivo objeto de proporcionarse datos exactos acerca de los gastos que podría representarles el traslado a España de aquellos queridos restos, abandonados en extraña tierra.

El marqués de Comillas, en uno de sus característicos rasgos de generosidad y patriotismo, tomó e su cuenta la empresa de repatriar los restos del comandante Fortea, y ordenó e su Agencia de Manila interesara del Comité de festejos del día de Santiago que hiciese las gestiones necesarias para la exhumación de tau gloriosos restos, que yacían en el cementerio de Santo Domingo de Basco.

El Comité, acogiendo la idea con gran entusiasmo, la llevó á la práctica; comisionando a los frailes dominicos residentes en dicho punto para que efectuaran la exhumación y comprobación correspondiente.

Realizada esta operación con gran rapidez, y transportados los restos á Manila, gratuitamente, por la casa naviera Inchausti y Compañía, depositáronse en la iglesia de San Francisco de la capital magallánica hasta el día 9 de Agosto último, que fueron conducidos, en lujoso féretro, a bordo del “Isla de Panay”, en el cual han sido trasladados a Barcelona, también gratuitamente.

Merecen, pues, gratitud de la patria los frailes dominicos de Basco, el Comité de festejos españoles en Manila, la casa lnchausti y Compañía, la Compañía Transatlántica y, muy especialmente, el marqués de Comillas; entidades todas a las que se debe la repatriación de los restos gloriosos del comandante Fortea.»

No haya cuidado do que la prensa del “trust” y sus apéndices de provincias cuenten a sus lectores la verdad de este hecho; que pone patente ante al mundo entero que el patriotismo exista siempre entre los neos; porque a los amigos de los anarquistas y á los que compadrean con los republicanos la patria los hace mal de ojo, porque no la aman, porque la consideran un mito. Aunque finjan, como bellacos, quereres que no sienten.

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Llegada a Barcelona de los restos mortales del Comandante en 1910 (12 años después de los hechos gloriosos narrados) en el vapor "Isla de Panay"[/center]

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Una vez en Barcelona, los restos mortales se embarcaron en tren con destino a Madrid. a continuación copio parte del artículo que le dedica ABC el 14-9-1910, pág 9 (enlace http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.e ... 4/009.html)

El comandante Fortea

Ya están en la capital de la nación los restos de Fortea, el comandante heroico que escribió con su abnegación una página inmortal en la historia militar española. Una explosión reparadora de admiración y de justicia ha promovido el homenaje a estas cenizas, que simbolizan la bizarría y el sacrificio, el arrojo y el altruismo del soldado ejemplar.

Hubiéramos querido que las circunstancias del traslado hubiesen permitido otra hora más propicia de arribo y otro más céntrico itinerario para el cortejo, de suerte que el féretro pasara con grandiosa solemnidad por lo más concurrido de la capital, bajo la reverencia de todo el pueblo madrileño, tan patriota y generoso.

No ha podido ser así, y ha faltado necesariamente la adhesión material, corpórea, de la gran masa popular.

Con todo, Madrid estuvo representado con la comisión de sus ediles, y España con la presencia de las más altas representaciones de las armas.
Y la adhesión espiritual de todos los patriotas, de todos los hombres de corazón, asistió á la recepción de las reliquias del comandante Fortea, el bravo y el abnegado, que dió a sus hijos y a la patria el ejemplo conmovedor de un valor sublime.

LLEGADA DE LOS RESTOS

A las ocho de la mañana hora en que entró en agujas el correo de Barcelona, se hallaban en el andén las autoridades, el jefe del Gobierno y las comisiones.

A decir verdad, era muy escasa la concurrencia del elemento civil.

En las puertas de la estación se advertía la presencia de público; pero tampoco era éste muy numeroso.

La hora, inadecuada, impedía el que tuviera e! acto la debida brillantez.

Llegó el tren, fue bajada la caja y, con los honores rendidos por un piquete da Infantería con bandera y música, colocada en un armón. E inmediatamente se organizó la comitiva.

Abrían la marcha la Guardia municipal montada, de gala, el clero castrense. Sobre el armón se colocaron varias coronas y otras muchas en dos carruajes que seguían en pos del féretro.

Formaron la presidencia los Sres. Canalejas, ministro de la Guerra, capitán general de Madrid, gobernador civil, generales Martitegui, Gómez Cañete, Muñoz Cobos, López Torrens, Bascarán y March, capitán Fortea y el otro hijo del heroico comandante.

El cortejo se dirigió directamente al cementerio de la Almudena.

Al llegar a la estatua del general Espartero se colocó el armón al pie de dicho monumento, y ante los restos desfilaron las fuerza, despidiéndose después el duelo.

Hasta el cementerio de la Almudena siguieron las comisiones, dándose a presencia de ellas y de los hijos y sobrinos del Sr. Fortea sepultura a los restos, después de un responso cantado por el clero de la necrópolis.

Las fuerzas rindieron á las cenizas del héroe los honores de ordenanza.

El acompañamiento lo constituían las comisiones militares, presididas por el coronel Zegrí; la del Ayuntamiento, compuesta por los Sres. González Hoyos, Uceda, Fraile, Corona y González Alberdi; la de las comisiones liquidadoras, constituida por los comandantes Vega, Navas, Foz y Moreno Sarrau, y la del Casino militar, formada por los comandantes Ascati, Martínez y Merello.

Daban escolta dos compañías del regimiento del rey.

TRISTE NOTICIA

Al llegar ayer mañana, acompañando los restos de su padre, el capitán D. Miguel Fortea, y antes de que por cualquier indiscreción tuviese inesperadamente conocimiento de ello, le fue comunicada la triste noticia del fallecimiento de uno de sus hijos, ocurrido durante su breve estancia en Barcelona.

LAS CORONAS

Han dedicado hermosas coronas al héroe el ministerio de la Guerra, la Inspección de Comisiones liquidadoras, el Centro del Ejército y la Armada, el sobrino del finado, don Ventura Fortea; el Centro del Ejército y Armada de Barcelona, el tercer tercio de la Guardia civil, Cuerpo de Administración Militar, los infantes de la guarnición de Barcelona, los hijos de Fortea, la infantería de guarnición de Zaragoza, la guarnición de Reus, una del Ayuntamiento de Zaragoza, otra de D. Fernando Weyler y los periódicos militares Ejército Español y La Ilustración Militar.

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Breve biografía del héroe

Copio la biografía disponible en http://www.escolar.com/Enciclopedia/Tom ... -1685.html. Muchos de los datos aquí recogidos ya están en las anteriores entradas.

Como puede verse, entró en el Ejército de soldado raso.

FORTEA SELVI: Biog. Militar español. N. en Camarena (Teruel) el 8 de marzo de 1845. M. en Santo Domingo de Basco (Filipinas) en septiembre de 1898.

A los diez y nueve años de edad alistóse como soldado voluntario en el regimiento Infantería de Borbón. Entusiasta por las armas y obediente al cumplimiento del deber, bien pronto sobresalió de sus compañeros y a los pocos meses se le otorgo el empleo de cabo segundo por elección, confiriéndosele el de cabo primero un año más tarde.

En 1867 se le destino a situación de reserva; pero, poco propicio a la tranquilidad del hogar y sintiendo nostalgia por las armas, en febrero de 1868 ingresó como voluntario en la guardia rural, otorgándosele al poco tiempo el empleo de cabo primero. Mandando el puesto de Torrejón de Velasco, ocurrió la revolución de septiembre del año citado. Los elementos populares le exigieron la entrega del armamento, resistiéndose a ella y logrando salir con sus soldados a través de la tumultuosa muchedumbre se presentó con su destacamento intacto en el cuartel de San Gil, de Madrid.

Disuelta la guardia rural, volvió otra vez a la reserva; pero en abril de 1869 ingresó en el batallón de Cazadores de Madrid, tomando parte con arrojo y valentía en algunas operaciones de guerra, ascendiendo a sargento segundo. Destinado a Filipinas, se batió bizarramente contra los igorrotes de la Paragua, otorgándosele el empleo de sargento primero.
De regreso en la Península, se le destinó al ejército de operaciones del Norte, consiguiendo las estrellas de alférez por vacante de sangre en el combate de San Pedro Abanto.

Hasta 1878 tomó parte en innumerables acciones de guerra durante la campaña carlista, volviendo a Filipinas con el empleo de teniente, prestando relevantes servicios en Carabineros y en la Guardia civil veterana. Uno de los hechos que más le enaltecieron entonces fue el descubrimiento y prisión de los autores del robo de un convoy en el puerto de Maypajo, a una legua de Manila. A pesar de la epidemia colérica que asolaba el país, se internó en los bosques y, sin descansar apenas, consiguió la captura de quince de los malhechores y ocho espías que componían la partida de salteadores, rescatando 772 pesos de los 27.000 robados y casi todos los efectos, después de empeñada lucha cuerpo a cuerpo, hiriendo al jefe de la partida, Raimundo Cecilio.

Regresó en 1883 a la Península, y al iniciarse los primeros chispazos de la revuelta de Filipinas, embarcó nuevamente para el Archipiélago. En 1898, ya comandante, ejercía el cargo de gobernador político-militar de las islas de Batanes, residiendo en Santo Domingo de Basco, donde quedó en completa incomunicación poco después de haber estallado la guerra entre España y los Estados Unidos.

El día 18 de septiembre de este año arribó a un puerto próximo un vapor insurrecto, con tropas de desembarco, y noticioso de ello el comandante Fortea convocó el mismo día a algunos españoles que allí residían, a los que entregó armas y dio instrucciones para la defensa de la plaza, adoptando las convenientes medidas; la guarnición, al saber que eran insurrectos los que venían en el barco, se sublevó y trató de apresar al gobernador; pero éste, refugiándose en la casa-gobierno con su familia, compuesta de su esposa y cinco hijos, el mayor de ellos de trece años, y dos sobrinas de veinticinco y quince años, respectivamente, se hizo fuerte y rompió el fuego contra la tropa y las milicias sublevadas.

Repetidas veces intimaron en vano los sublevados al gobernador para que se rindiera, y después de nueve horas de fuego y de causar a los contrarios algunas bajas, murió el comandante Fortea a consecuencia de las heridas de bala que recibió en aquel combate.

A la mañana siguiente entraron en la población las tropas insurrectas que el vapor conducía, y noticioso el jefe de ellas de lo ocurrido, ordenó que su tropa rindiera honores militares al cadáver del gobernador, homenaje tributado al valor y abnegación de aquel jefe español cuya conducta les admirara.

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NotaPublicado: Vie Feb 17, 2012 3:53 pm 
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Anécdota

La afasia sobrevenida al capitán Fortea

Hay una anécdota, correspondiente a Annual, de la que fue protagonista uno de los hijos del Comandante. Es decir, uno de aquellos niños que defendieron la bandera española junto a su padre, y que vivieron toda la tensión del asedio, así como la gloriosa muerte de quien era, al mismo tiempo, su padre y comandante.

Su nombre era Julio Fortea García, y eligió la carrera militar. Había nacido el 20 de mayo de 1887 (seguramente, en la Península, aunque no he encontrado el lugar exacto). Ingresó en la Academia de Infantería, en Toledo, el 31-8-1905 (cuatro meses después de que le fuera concedida a su padre la Cruz Laureada de San Fernando). El 26-6-1908, con su despacho de 2º Teniente, tuvo su primer destino en el Regimiento San Fernando nº 11. Dos años después, el 26-6-1910, ascendió a 1º Teniente. Capitán 09-09-1913.

Después de un destino en el Regimiento Melilla 59, le encontramos el 3-6-1920 al frente de la 13ª Mía de la policía indígena, habiendo sucedido en el mando de esta mía al capitán Huelva, caído en la defensa de Abarrán.

En julio de 1921, los efectivos de esta mía estaban distribuidos entre el morabo de Sidi Mohamed, y Yebel Udía, realizando diariamente misiones de vigilancia y descubiertas entre Tahuarda, el collado de Tizzi Azza y la posición B. Lo que no se sabe es si la noche del 21 de ese mes (víspera del comienzo del desastre de Annual) el capitán Fortea pernoctó en alguno de esas posiciones. Además, hay alguna aparente contradicción entre la información que maneja en su informe el general Picasso (según ésta, el 21-7 estaban en Annual un oficial y 40 efectivos de la 13ª Mía), y los datos de Caballero Poveda, que dice que los policías indígenas que estaban aquél día eran de las Mías 5ª, 6ª, 10º, 11ª y 15ª. En cualquier caso, el resto de esta unidad parece que estaba en el morabo citado.

La siguiente información sobre el capitán Fortea nos lo describe, dos días después habiendo perdido el habla. La posible causa pudo ser un estrés postraumático, la neurosis de guerra, o una afasia debida a una lesión cerebral. De estas tres, y teniendo en cuenta cómo se produjo su curación (que narramos más adelante), lo más probable es que la causa fuera una de las dos primeras.

¿Cuándo y por qué perdió el habla el capitán?. En principio, se pensó que habría sido como consecuencia de la situación en Annual (suponiendo que hubiera estado allí el día 21 o 22), pero en la declaración del comandante Alzugaray para el informe Picasso, éste afirma que se encontró con el capitán Fortea en Ben Tieb en la mañana del 22 y que mantuvo una conversación. Así, queda sin efecto la versión (publicada por la prensa) sobre que habría perdido el habla al ver cómo mataban al general Silvestre, o cómo profanaban después su cadáver. Por tanto, perdió el habla después, como consecuencia de la tensión de aquellos momentos.

¿Fue neurosis de guerra?. Digamos, en primer lugar, que esta situación no se considera entidad clínica, sino que se engloba dentro de la categoría de neurosis traumática, definida por el Dr. Oppenheim en 1889.

¿Fue estrés postraumático?. Este escenario aparece tras estar expuesto a una situación estresante y traumática. Por ejemplo, cuando se vive acontecimientos que representan un peligro real para la propia vida; también cuando se asiste a acontecimientos (en los que no se participa activamente) que resultan con muertes y heridas especialmente impactantes; o, por último, cuando se conoce, narrado por un protagonista, un acontecimiento con las características anteriores.

El caso es que el capitán Fortea debió pasar una situación igualmente estresante cuando defendió el honor de España junto a su padre en Filipinas. ¿Quizás el hecho de sentir, en aquél momento, la presencia protectora del padre le libró de un estado similar?. Aunque así fuera, recordemos que aquellos hechos los vivió con sólo 11 años de edad....

En los acontecimientos de aquél verano de 1921 se vivieron situaciones parecidas a la del Capitán. Así, tenemos el caso del alférez Ruiz Tapiador tras escapar de Dar Azugaj y refugiarse en el pozo 2 en Tistutin. O el del alférez Balseiro, que deambulaba perdido ante la atónita mirada del general Navarro. Hubo cientos de soldados de los que se conoce que padecieron aquellas neurosis; de ellos, algunos nunca pudieron superarlo, y a otros les acompañó en sus sueños toda su vida.

Pero el capitán Fortea lo superó, como contaremos más adelante, y recuperó el habla. Era un oficial africanista, endurecido en aquella guerra cruel. Y así le encontramos de nuevo en febrero de 1922 al mando del Harka auxiliar de Beni Said, con el que llegó hasta el barranco del Izumar (donde murió el coronel Morales). Incluso intentó, desde allí, realizar un rápido avance para llegar al campamento de Annual, perdido 6 meses antes. Y si no lo llevó a cabo, fue porque recibió órdenes terminantes de que no lo intentara (no se pudo llegar a Annual hasta mayo de 1926).

En ese mismo año de 1922 sufrió un accidente de moto en el que se fracturó la mano y sufrió contusiones en la cabeza. De todo ello se recuperó sin ningún problema.

En agosto de 1922 perdió a su jefe, el coronel Lasquetty, en combate en el Igan.

En 1923, Fortea ascendió a comandante, ganando la Medalla Militar Individual por su participación en la rotura del cerco de Tifaurin; se la impuso el general Marzo en septiembre de ese mismo año.

En 1924 se le destinó a la Mehala Jalifiana de Melilla. En 1925, a los servicios Jalifianos como interventor militar de Melilla, sustituyendo provisionalmente al coronel Monasterio como jefe del peñón de Alhucemas.

Finalizó su carrera militar con el empleo de coronel.
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Última edición por Amenofis el Sab Feb 18, 2012 9:59 am, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: Vie Feb 17, 2012 4:22 pm 
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Cómo recuperó el habla el capitán Fortea

Hacia el 15 de agosto de 1922 (casi un mes después de Annual), seguía sin recuperar el habla, ni emitir sonidos. Unos pocos días después, los periódicos publican la noticia de que ya puede hablar, recordar, y contar sus experiencias en ese tiempo transcurrido.

¿Cómo lo consiguió? Pues no fue con los métodos terapéuticos desarrollados y perfeccionados durante la 2ª guerra mundial (que ya entonces empezaban a emplearse, en un estado muy primario). Tampoco recibió descargas eléctricas ni se le sometió a la cura de Kauffman.

Le curó la hipnosis.

Por aquellos años había un médico militar, el Dr Julio Camino Galicia, con cierta fama por sus estudios y experimentos en psiquiatría, desde 1911 (cuando ascendió a capitán), y en hipnosis. Esta actividad la desarrollaba en la Sanidad militar, y en su consultorio de la Cruz Roja. Y en 1915 ya estaba en Marruecos, en Zeluán , en donde aplicó sus técnicas hipnóticas, ya más desarrolladas, tanto entre militares como entre la población civil.

En 1920 publicó un “Manual de Hipnotismo e Hipnoterapia”, y siguió desarrollando sus técnicas. En 1933 se retiró de comandante, acogiéndose a la ley Azaña. Siguió investigando y publicando muchos libros sobre enfermedades mentales, y fue profesor de psiquiatría y medicina legal de la academia de sanidad militar. Falleció en Madrid el 21 de enero de 1956.

Por cierto, digamos, para terminar esta breve biografía, que el Dr Camino, primogénito de seis hermanos, tuvo entre ellos al famoso poeta de la Generación del 27, León Felipe.

Volvamos al capitán Fortea. El 19 de agosto recibió en su casa la visita del Teniente Coronel de Ingenieros Bernardo Cabañas Chavarría (ayudante del general Muñoz-Cobos) y del Capitán médico Vicente Martín Crespo (médico del batallón expedicionario del regimiento Almansa).

Esta visita se produjo dentro de los cometidos del general Muñoz-Cobos, que fue comisionado para supervisar y gestionar el tratamiento de los heridos en el desastre de Annual, y verificar que los medios allí disponibles eran adecuados.

Cabañas conoció el cuadro clínico de Fortea, y fue quien le convenció para que intentara el tratamiento mediante hipnosis, asegurándole que la probabilidad de cura era muy alta. Fortea aceptó, la sesión duró siete minutos, y terminó recitando el abecedario y pronunciando el nombre de su esposa. Hay que recalcar que Cabañas no era médico, aunque pudo conocer las técnicas de Camino en Madrid, ya que estuvo destinado varios años en el Regimiento de Zapadores nº 2, mientras Camino era médico del Regimiento de Húsares de la Princesa.

No fue el único caso de curación por hipnosis que consiguió Cabañas en aquellos días. También tuvo éxito con un soldado del Alcántara, y al regresar a Málaga, con otros dos soldados, procedentes de Annual, que estaban siendo tratados allí (Leopoldo Megías, del regto. Mixto, y José Alba, del Ceriñola). En todos los casos, el tratamiento fue efectivo.

Una de las publicaciones del Dr Camino describía las condiciones que debía reunir un hipnotizador, ya que esta práctica es muy delicada: Debía ser médico, buen sociólogo, inspirar confianza, y rodearse en las sesiones de testigos honorables (para evitar abusos, o sospecha de abusos), ser de una gran honradez y no aplicar esta técnica más que en trastornos para los que se consideraba la hipnosis un tratamiento adecuado.

Y aunque Cabañas no era médico, sí cumplió todas las demás condiciones, siendo especialmente cuidadoso en lo referente a la presencia de testigos.
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NotaPublicado: Vie Feb 17, 2012 4:30 pm 
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Bibliografía

- "De cómo recuperó el habla el capitán Fortea": http://desastredeannual.blogspot.com/20 ... pitan.html

- La hipnosis en España en el siglo XIX y XX. Cómo recuperó el habla el capitán Fortea: http://noticias.hipnosis.org.es/hipnosi ... an-fortea/
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Comentarios finales

Buscando situaciones similares en la División azul, tenemos varios casos de neurosis debidas a la tensión del combate, con resultados extremos: un caso tan grave, que terminó en fusilamiento (al automutilarse un guripa), y casos leves como el que narra Juan Serrano-Mannara sobre él mismo, en sus días de combate cuerpo-a-cuerpo en la Legión Azul, en que (palabras textuales) "estaba tan nervioso que no atinaba a armar el machete en su mosquetón".

Por ello, invito a los camaradas del foro que puedan aportar alguna experiencia (mejor aún si son médicos) sobre estas situaciones en la División azul (naturalmente, no en este subforo, sino en el que se podría habilitar para ello, si hay intervenciones suficientes para justificarlo).
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