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Martín Álvarez Galán, granadero de Infantería de Marina

El general e historiador Bermúdez de Castro escribió en el periódico “Ahora”, el 14 de julio de 1936, con el título “Combate naval del Cabo de San Vicente y el granadero Martín Álvarez”, la impresión que había sufrido en una visita a Gibraltar muchos años antes.

Cuenta que había ido a Gibraltar con motivo de la Exposición de la Marina del año 1885. Allí vio, entre los cañones tomados por los británicos en Aboukir, Trafalgar y San Vicente, uno que era una verdadera joya, de bronce, con un precioso cascabel con dos delfines en sus asas, y esculpido el escudo de España con el “Carolus III”. Un oficial inglés que le acompañaba le explicó: “El del navío "San Nicolás", en la batalla del Cabo de San Vicente”.

En la casamata en donde se encontraba el cañón, vio una plancha de hierro donde figuraba escrito un texto en inglés, que traducido por el oficial al español, decía: “14 de febrero de 1797.-Batalla Naval del Cabo de San Vicente. ¡Hip, "Captain"! ¡Hip, "San Nicolás"! ¡Hip, Martín Álvarez!".

El General, entonces Teniente, creyó en su ignorancia que San Nicolás sería el Santo del día, y Martín Álvarez algún español que se había distinguido como capitán al servicio de Inglaterra.

El oficial británico que le acompañaba prometió mandarle una crónica de la batalla con la que tenía relación aquel cañón, y sobre quién era Martín Álvarez. Aquél oficial se llamaba Sir John Butler.

La información que le hizo llegar decía, en resumen, lo siguiente:

El 14 de febrero de 1797, frente al cabo San Vicente, el navío británico "Captain", en el que izaba su insignia el Comodoro Nelson, comandante de una flotilla, había vencido la resistencia del navío español "San Nicolás". Pero cuando un destacamento inglés se acercaba a arriar la bandera española, se encontraron a un granadero, Martín Álvarez, de centinela junto a ella, quien se mostró dispuesto a defenderla hasta el final.

Martín se lanzó con su sable sobre el oficial británico que iba en cabeza, al que atravesó de parte a parte, quedando el sable clavado en un mamparo, y el oficial ensartado en él como una mariposa en un alfiler.

Al no poder desprenderlo, cogió su fusil a modo de maza, tumbó a los ingleses que le rodeaban, hizo huir al resto, a los que persiguió a mazazos, se subió al alcázar y allí cayó al suelo, acribillado de heridas.

Había cumplido una consigna de la Infantería de Marina: "Nadie ose arriar la bandera hasta que el granadero expire”.

En las marinas de todo el mundo, la costumbre es que el mar sea el lugar de reposo de los muertos. El ritual consistía, formada la tripulación en cubierta, en atarles un peso (por ejemplo, una bala maciza de cañón) a los pies, y se les lanzaba por la borda. Pero el Comodoro Nelson, jefe de la flotilla británica que apresó el "San Nicolás", dio instrucciones de que a Martín Álvarez, antes de lanzarle, se le envolviera en aquella bandera que tan bravamente había defendido, y se dieran en su honor tres hurras: una por el navío vencedor, otra por el vencido, y otra por Martín Álvarez.

El relato de Sir Butler era mucho más extenso. Pero la parte que nos interesa quedaba así:

“../..Pero en el barco español “San Nicolás de Bari” queda algo por conquistar. Sobre la toldilla arbola la bandera española que flota al viento cual si todavía el barco no se hubiese rendido. Un oficial inglés que lo observa va a ella para arriar la bandera. Antes de llegar un soldado español, de centinela en aquel lugar, sin apartarse de su puesto, le da el alto, el oficial no le hace caso y se acerca, el sable del centinela lo atraviesa con tal fuerza que lo queda clavado en la madera de un mamparo. Un nuevo oficial y soldados se acercan y el centinela no logrando desasir su sable de donde se hallaba pinchado, coge el fusil a modo de maza y con él da muerte a otro oficial y hiere a dos soldados. Da después un salto desde la toldilla para caer sobre el alcázar de popa donde lo acribillan a tiros los ingleses. Nelson que ha presenciado la escena se aproxima al cadáver silencioso.

Urge desembarazar los barcos de muertos y ruina y se comienza a dar sepultura a los muertos. Todos tienen el mismo trato. Una bala atada a los pies. Un responso del capellán y por una tabla deslízanse hundiéndose en el mar. Al llegar al turno al centinela español, Nelson ordena que se le envuelva en la bandera que había defendido con tanto ardor."


Esto es lo que el General, que nunca había oido hablar de este caso, pudo averiguar en su visita. Y así lo relató en "Ahora". Sin embargo, no había conocido toda la verdad, que vamos a exponer seguidamente.
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Última edición por Amenofis el Mié Jul 04, 2012 12:00 pm, editado 3 veces en total

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NotaPublicado: Vie May 14, 2010 3:53 pm 
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Nelson fue, pues, quien ordenó que el nombre del granadero Martín Álvarez quedase perpetuado en la casamata de Gibraltar que conserva un cañón de su barco, el San Nicolás.

Volviendo a los hechos, al ir a lanzarlo al mar, los británicos comprobaron que Martín Álvarez no estaba muerto, sino malherido.

Lo curaron y, una vez repuesto, lo desembarcaron en Lagos, en el Algarve portugués. Desde allí pasó a España, a Extremadura, no estando claro si con un pasaporte británico, o porque se escapó de Lagos.

Arnao se inspiró en la vida de Martín Álvarez para crear una novela histórica, de ámbito mucho más amplio, pero deja claro que el capítulo dedicado a este infante de Marina es rigurosamente histórico.

Entonces, siguiendo a Arnao, Martín Álvarez llegó a Extremadura y a su pueblo, Montemolín. Desde allí se desplazó a Sevilla, primero, y a Cádiz, después, para presentarse a su batallón. Allí tuvo que testificar en la causa instruida sobre el apresamiento del “San Nicolás de Bari” y los otros navíos perdidos en el combate -desastroso- del Cabo de San Vicente, y averiguar si había responsabilidad de algún o algunos comandantes españoles o de sus oficiales.

El Mayor General de la Armada don Manuel Núñez Gaona actuó de fiscal en esta causa, por orden de Carlos IV.

El interrogatorio entre él y el granadero Martín Álvarez fue el siguiente:

Fiscal:
- ¿Se encontraba en el navío “San Nicolás de Bari” con ocasión de rendirse este barco a los ingleses?

Martín:
- Yo no he estado nunca en el “San Nicolás de Bari” en ocasión de rendirse a los ingleses.

Fiscal: - ¿No se encontraba en el “San Nicolás de Bari” el 14 de febrero?

Martín:
- Sí, señor

Fiscal: - ¿Y no fue después a poder de los ingleses?

Martín: - Sí, señor

Fiscal: - Entonces, ¿por qué niega haber estado en el “San Nicolás de Bari” con ocasión de rendirse a los ingleses?

Martín:
- Porque el “San Nicolás de Bari” no se rindió, sino que fue abordado y tomado a sangre y fuego

Fiscal: - ¿Y a qué llama entonces rendirse?

Martín:
- Yo creo, que no habiendo ningún español cuando se arrió su bandera, mal pudieron haber capitulado

Fiscal: - ¿Pues dónde estaba la tripulación?

Martín: - Toda se hallaba muerta o malherida

En su informe final, el Fiscal dedica estas palabras al granadero Martín Álvarez:

"No puedo pasar en silencio la gallardía del granadero de Marina Martín Álvarez, perteneciente a la tercera compañía del noveno batallón, pues hallándose en la toldilla del navío San Nicolás cuando fue abordado, atravesó con tal ímpetu al primer Oficial inglés que entró por aquel sitio que al salirle la punta del sable por la espalda la clavó tan fuertemente contra el mamparo de un camarote, que no pudiendo librarla con prontitud, y por desasir su sable, que no quería abandonar, dió tiempo a que cayera sobre él el grueso de enemigos con espada en mano y a que lo hirieran en la cabeza, en cuya situación se arrojó al alcázar librándose, con un veloz salto, de sus perseguidores".
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Combate naval del Cabo San Vicente

El siguiente resumen está basado en los relatos oficiales británicos sobre la batalla.

En enero de 1797, el Almirante Jervis se encontraba al frente de su escuadra, fondeada en Lisboa. Las órdenes que acababa de recibir del Almirantazgo eran de dejar libre el tráfico en el Mediterráneo para los buques británicos y de sus países aliados.

Allí se le informó de que se dirigían hacia Lisboa tres escuadras francesas desde el Norte, y una española desde el Sur, con objeto de bloquearle en el estuario del Tajo, o de batirle, en el caso de salir a mar abierta.

En aquél momento, España y Francia eran países aliados, como consecuencia de los Pactos de Familia, firmados entre los Borbones de ambos reinos. La política exterior española era, desde esa firma, errática, y así lo fue durante los siglos XVIII y XIX.

Jervis, sopesando sus posibilidades, decidió salir a mar abierta y dirigirse hacia el Sur, para enfrentarse a la escuadra española, que era menor que la escuadra conjunta francesa que venía desde el Norte.

Salió de Lisboa protegido por la niebla. Y el 14 de febrero, un serviola del "Victory" vió la escuadra española dividida en dos grupos, y navegando sin orden de batalla (lo cual indicaba que no habían considerado la posibilidad de que los británicos abandonaran Lisboa).

Jervis ordenó zafarrancho de combate, y el "Captain", cuyo comandante era el entonces Comodoro Nelson, atacó al "San Nicolás de Bari" que, después de un durísimo combate, se vio abordado por los ingleses.

El resto ya se ha relatado. Sólo añadiremos algún dato. El Sargento Mayor William Norris es quien vio ondeando la bandera española sobre la toldilla, defendida por Martín Álvarez. El Sargento se adelantó a los demás para arriarla, y fue ensartado por el granadero. Otros oficiales y soldados le siguieron y Martín, al no poder desclavar su sable, tomó su fusil por el cañón y, blandiéndolo como una maza, mató a otro oficial e hirió a dos soldados.

Martín se parapetaba y revolvía a gran velocidad, defendiéndose durante un gran rato, pues ya ninguno de los ingleses osaba acercarse, limitándose a dispararle desde lejos.

Pasado un buen rato, Martín cayó al suelo, con muchas heridas recibidas, y habiendo perdido mucha sangre.

El resto coincide con lo ya narrado
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Última edición por Amenofis el Jue Jul 05, 2012 12:42 pm, editado 3 veces en total

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Quién fue Martín Álvarez

Se dispone de datos biográficos muy precisos, debido a la recopilación que hizo don Ramón Viu, una vez que Isabel II, en 1848, dispuso que se eternizase el nombre de Martín.

Martín Álvarez Galán nació en Montemolín (Badajoz) en 1766. Sus padres se llamaban Pedro Álvarez y Benita Galán. Pedro tenía el oficio de carretero, que había heredado de padre y abuelo. Y por ello realizaba frecuentes viajes.

Martín era hijo único. Su madre le contaba las hazañas de su abuelo materno, sargento de Felipe V en la guerra de Sucesión. Duarnte el asedio de Badajoz por los partidarios del Archiduque de Austria, un inglés le disparó un arcabuzazo, que le supuso la pérdida de un brazo. El asedio terminó con la pérdida de Badajoz para Felipe V.

Seguramente, estas historias, adobadas con cuentos y bulos, le hicieron despertar su afición a lo militar, y un cierto rencor hacia los ingleses.

Su primera propuesta de ser militar

Cuando cumplió 14 años, empezó a aocmpañar a su padre en los viajes, para conocer el oficio y los contactos paternos. Y se estrenó bien en el primero de estos viajes. Mientras iban marchando, y su padre dormitaba en el carro, un bandolero, apodado "El Zurdo", de la banda de "El Bruno", le apuntó con su pistola mientras le pedía el dinero.

Martín tuvo entonces ocasión de demostrar sus cualidades y genio. Retrocedió de un salto, tomó dos piedras y, apuntándole con una, le dijo: "Si dispara y yerra, es hombre muerto". Pedro, el padre, despertó con el alboroto, y también se allegó el resto de la banda. Resultó que Pedro y Bruno se conocían y respetaban. "El Zurdo" se disculpó por ser nuevo y no conocer aún bien a quién podía asaltar, y "El Bruno" dijo a Pedro que, viendo el coraje de su hijo, valía para soldado. El carretero le respondió: "... lo único que hace falta, Sr. Bruno es que, a los cuentos que su madre le ha metido en la cabeza, le venga usted diciendo eso".

Ahí quedó la anécdota.

Martín Álvarez, militar


Años después, muerto su padre y habiendo tomado Martín su relevo, se encontró, al volver de un viaje a Badajoz, con que su madre había muerto y la mujer a quien pretendía la habían casado sus padres con el hijo del molinero, a quien veían mejor partido.

Entonces, Martín decidió dejar aquellas tierras y hacerse militar. Vendió su patrimonio y se fue a Sevilla a alistarse.

Martín, aunque inteligente, era muy ignorante. No sabía leer ni escribir. No conocía bien los diferentes Cuerpos militares, pero le gustaba la Caballería. A su llegada a Sevilla contactó con un destacamento de "alistadores de Marina". Estos eran destacamentos formados por soldados bien parecidos y bien vestidos con uniformes muy nuevos y vistosos, que trataban, de esa forma, conseguir voluntarios para la Armada. Este destacamento estaba formado por un capitán, un sargento, dos cabos y doce granaderos escogidos, uno de los cuales era un tal Lucas García, granadero de Infantería de Marina. Martín y Lucas congeniaron enseguida pero, ante las dudas de Martín, que seguía prefiriendo la Caballería, Lucas decidió no defraudarle, llamando a su batallón "Dragones del Viento" y diciendo que los nombres de los barcos eran, en realidad, de caballos.

Y así, el 26 de abril de 1790, ingresó en la Infantería de Marina, quedando encuadrado en la 3ª Compañía del 9º Batallón. Su talla, cinco pies y siete pulgadas.

De Sevilla marchó a Cádiz. Y tras la instrucción y una temporada de vigilancia en los Arsenales, el 16 de septiembre de 1792 embarcó como soldado en el navío “Gallardo”, de 74 cañones, pasando de Cádiz a Cartagena. Y en él operó en el Mediterráneo, entre Cartagena y Barcelona, en 1793. En aquellos años, dentro de esa política errática, le tocaba a España aliarse con Inglaterra contra Francia. Martín participó en la toma de las islas de San Antíoco y San Pedro (al Sur de Cerdeña).

En 1794 partió hacia América en la dotación del "San Carlos", volviendo en 1795 escoltando un convoy.

El 26 de enero de 1796 está en el "Santa Ana" (tres puentes, de 112 cañones). En Cartagena pasa al "Príncipe de Asturias" (tres puentes, 112 cañones). Y por fin, en Cartagena, el 1 de febrero de 1797 pasa a formar parte de la dotación del "San Nicolás de Bari" (dos puentes, 74 cañones). En este navío (que otros dicen tenía tres baterías y 80 cañones), al mando de D. Tomás Geraldino, irá a Málaga, luego a Cádiz, y se cubrirá de gloria en San Vicente.
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Última edición por Amenofis el Jue Jul 05, 2012 12:35 pm, editado 4 veces en total

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NotaPublicado: Vie May 14, 2010 5:14 pm 
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Recompensas en vida, y el final

Después de la investigación en Cádiz, y por los méritos acreditados, se le quiso ascender a cabo (entonces no existían las condecoracioens actuales), pero no pudo ser al ser analfabeto (las antiguas Ordenanzas militares de Carlos III, vigentes hasta 1978 -creo- decían en su artículo 2º del Cabo: "el Cabo deberá saber leer, escribir, y algo de cuentas").

Pero eso no arredró a Martín, que aprendió a leer y escribir en pocos meses y fue nombrado cabo el 17 de febrero de 1798 y cabo 1º a los 6 meses, en agosto de 1798.

Se le asignó entonces a la dotación del "Concepción" y partió hacia Brest (Francia). En esta travesía, el 12 de noviembre, se izó en el navío la bandera encarnada, señal de atención. Se dio orden de formar en cubierta toda la dotación, y el comandante mandó salir de la formación al Cabo 1º de granaderos Martín Álvarez. Entonces se leyó un Decreto Real por el que se le concedían 4 escudos mensuales de pensión vitalicia.

El contenido del real Decreto era:

"El Rey nuestro señor, ha visto con satisfacción el denodado arrojo y valentía con que se portó a bordo del navío San Nicolás de Bari, el granadero de la 3ª Compañía del 9º Batallón de Marina Martín Álvarez, cuando el 14 de febrero de 1797 fue dicho buque abordado por tres navíos ingleses; pues habiendo Álvarez impedido por algún tiempo la entrada a un trozo de abordaje, supo también defender la bandera que el Brigadier D. Tomás Geraldino le había confiado antes de su muerte, y con su valor hizo de modo que aquella se mantuviese arbolada aun después de todo el grueso de los enemigos tenían coronado su navío.

Teniendo también S.M. en consideración de la honrada conducta que en el servicio observa Martín, se ha servido concederle 4 escudos mensuales por vía de pensión vitalicia, en premio de su bizarro comportamiento; y es su real voluntad que se les haga saber esta benévola y soberana disposición, al frente de toda la tripulación y guarnición del navío donde se halle embarcado".


Transcurridos algo más de dos años de estos hechos, el destino jugó a Martín una mala pasada: al salir de una guardia, resbaló en una escalera, dándose un golpe que le dañó la pleura y un pulmón. De resultas de ello le apareció una tuberculosis. Se le desembarcó en Brest (Francia), y allí murió en un hospital el 23 de febrero de 1801 con 35 años de edad.
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Reconocimiento "post-mortem"

Las recompensas no terminaron cuando terminó su vida. Hubo hechos posteriores, como consecuencia de que, al menos en la primera mitad del s.XIX, no se olvidó su coraje y heroismo.

Una Real Orden de 1848 dispuso que hubiera permanentemente un buque en la Armada que se denomina "Martín Álvarez".

En otra Real orden del 4 de julio del mismo año, se disponía que su nombre figure constantemente como premio en la nómina de la revista de la Primera Compañía, Primer Batallón, Primer Regimiento, nombrándole el Coronel en la Revista del Comisario.

Y fuera de España, además de la placa y el cañón de Gibraltar, se conserva el sable con el que ensartó al oficial británico en el Museo Naval de Londres.

En 1938, en plena guerra civil, se inauguró en su pueblo, Montemolín, un paseo con su estatua al lado de la ermita de Nuestra Señora de la Granada. Al acto acudió el Almirante Bastarreche y una compañía de Guardiamarinas de San Fernando (que es donde estaba entonces la Escuela Naval Militar). Las placas de la base del monumento están hechas con el bronce fundido de viejos cañones que estaban en la Comandancia de Marina de San Fernando.

Los buques de la Armada española que han llevado su nombre, hasta 1995, han sido:

· Goleta “Dolorcitas”, de 7 cañones, rebautizada “Martín Álvarez” (1849-1850). Naufragó en la costa de Burdeos (Francia).
· Falucho guardacostas de 1ª clase “Martín Álvarez”.
· Cañonero de hélice de 207 toneladas “Martín Álvarez” (1871-1876). Prestó servicio en Cuba, y terminó allí, en el río Canto.
· Cañonero de hélice de 173 toneladas “Martín Álvarez” (1878-1882). Prestó servicio en Filipinas.
· Buque de desembarco (L-12) “Martín Álvarez”. (1971-1995). Construido en 15 de junio de 1954 en USA con el nombre de “USS Wexford Contry” (LST-1168), y entregado a la Armada Española el 29 de Octubre de 1971 en la base naval de San Diego (California).

Ignoro datos sobre otros barcos en los períodos 1882-1971 (que, de seguro, hubo alguno con ese nombre), y a partir de 1995 (no sé si la actual "Memoria histórica" acabará con esta práctica).
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R. O.de 12 de diciembre de 1848, resolviendo que haya perpetuamente en la Armada un buque que se denomine “Martín Álvarez”:

"Excmo. Sr, la Reina Nuestra Señora, de conformidad con el parecer emitido por V.E en su comunicación 1354 de fecha 5 del corriente mes, referente a la propuesta del Mayor General, se ha dignado resolver que en lo sucesivo haya perpetuamente en la Armada un buque del porte de 10 cañones para abajo que se denomine Martín Álvarez, para constante memoria del granadero de Marina del mismo nombre perteneciente a la 3ª Compañía del 9º Batallón, que hallándose embarcado en el navío San Nicolás se distinguió por su bizarría sobre la toldilla del mismo el 14 de febrero de 1797, al rechazar el abordaje de un buque inglés de igual clase, el Capitán, donde arbolaba su insignia el Comodoro Nelson; siendo en consecuencia la Real voluntad que desde luego lleve el referido nombre la goleta Dolorcitas.

Quiere al mimo tiempo S.M. que esta soberana resolución se lea al frente de banderas a los batallones de Marina, como premio debido al mérito que contrajo aquel valiente soldado cuya memoria debe ser eterna en los anales del Cuerpo al que perteneció.

De Real Orden le digo a V.E. a los fines consiguientes y en contestación.

Dios Guarde a V.E. muchos años.

Madrid 12 de Diciembre de 1848. El Marqués de Molins.

Sr. Subdirector General de la Armada.

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Última edición por Amenofis el Sab Ene 07, 2012 10:07 am, editado 1 vez en total

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Bibliografía:

- Historia de la Infantería de Marina española. Rivas Fabal.

- Historia de la Infantería de Marina española. Hugo O’Donnell (Duque de Estrada). ENB.

- Novela histórica “Martín Álvarez” de D. José de Arnao y Bernal, Comandante de Infantería de Marina. Edit. por la Biblioteca de Camarote de la Revista General de Marina.

- Publicación “Batalla Naval del Cabo de San Vicente y el granadero Martín Álvarez” del General Bermúdez de Castro.

- Enlace http://www.militar.org.ua/foro/la-infan ... 17-30.html

- Enlace http://www.todoababor.es/articulos/martin_alvarez.htm
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Última edición por Amenofis el Jue Jul 05, 2012 12:38 pm, editado 1 vez en total

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Amenofis escribió:
Quién fue Martín Álvarez

....Este destacamento estaba formado por un capitán, un sargento, dos cabos y doce granaderos escogidos, uno de los cuales era un tal Lucas García, granadero de Infantería de Marina. Martín y Lucas congeniaron enseguida pero, ante las dudas de Martín, que seguía prefiriendo la Caballería, Lucas decidió no defraudarle, llamando a su batallón "Dragones del Viento" y diciendo que los nombres de los barcos eran, en realidad, de caballos.

Al releer este párrafo, he recordado que en "Las Partidas" del Alfonso X el Sabio, se recoge este símil entre barcos y caballos sobre el mar.

Copio a continuación lo que dicen sobre este tema:

IIª Partida. Título XXIV. Ley VIII.

En qué manera ficieron los antiguos semejantes de los navios á los caballos.

"Cabalgaduras son los navios a los que andan sobre mar, asi como los caballos á los que andan por tierra; ca bien asi como el caballo que es luengo, et delgado, et bien fecho, es ligero et mas corredor quel que es grueso et redondo, otrosi el navio que es fecho desta manera es mas corriente que el otro; et de los remos ficieron semejante á las piernas et a los pies de los caballos, que han de ser luengos et derechos; et esta es cosa que conviene mucho otrosi a los remos de los navios, ca asi como el caballo non se podrie mover sin ellos, otrosi el navio non se moviere sin remos cuando el viento fallesciese; et á la siella semejaron el entablamiento do van sentados los remadores, que non debe ser mas pesado de la una parte que de la otra, porque vaya el navio egual; et otrosi posieron la vela por semejanza de las espuelas, ca asi como el caballo magüer que haya buenos pies no corre tan bien como cuando le den de las espuelas, otro si el navio magüer que haya buenos remos, non puede ir tanto con ellos como cuando le fiere el viento en la vela et le face ir por fuerza: et el timon ó el espadilla ficieron semejante al freno del caballo; porque asi como non se puede enderezar nin revolver á cual parte le quisieren levar; et sin aquesto, las cuerdas que son para atar el navio, son asi como el cabestro et las hazquias con que atan el caballo; et sin todo esto, asi como nol pueden facer estar quedo cuando sin las sueltas es, en esa mesma manera fueron sacadas las áncoras para facer estar quedo el navio.

Onde todas estas cosas deben los cabdiellos de los navios tener bien aparejadas en guisa que tengan de cada una dellas antes de mas que de menos; ca la mengua que por esto viniese, en tal logar podrie acaescer que todo el fecho se podrie perder por ende, porque la culpa et la pena serie dellos segunt el daño que por ello viniese. Otrosi deben tener sus homes bien mandados de guisa que les den todas estas cosas cuando las hobieren meester; et si asi non lo ficieren, han de haber pena segunt el daño que hi viniese por el su desmandamiento".


O sea, que ya Las Partidas, promulgadas en 1259, recogen este símil entre los navíos y los caballos que "cabalgan" sobre las olas. Y dice el texto que así lo consideraban los antiguos, por lo que hay que deducir que ya se utilizaba el símil con anterioridad.

Por ello, no es de extrañar que en la Marina castellana primero, y en la española después, se transmitiera este símil dentro de las tradiciones orales que nos han llegado.

Y que, por tanto, aquel suboficial que convenció a Martín de que la Marina era una Caballería del mar, no se inventó el símil, limitándose a aplicar el que por tradición había conocido.
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He descubierto hoy este hermoso artículo de Arturo Pérez-Reverte:

Citar:
El sable y el granadero

Arturo Pérez-Reverte

XLSemanal - 09/4/2012

Hoy toca vieja batallita. Con ésta, además, saldo una deuda. O lo intento. Iba en tren cuando un joven me abordó con mucha educación. Traía en la mano un objeto largo y estrecho en una funda de paño. Soy teniente de Infantería de Marina, dijo, y voy a incorporarme a un destino. También soy lector suyo desde que empecé a leer. Por eso, como éste es mi sable de oficial, quiero que lo tenga usted. Pasado mi estupor, y tras la natural resistencia a permitir que se desprendiera del sable, insistió y no hubo otra. Bajé del tren con su regalo bajo el brazo, que ahora está en mi casa, en compañía de dos docenas de sables y espadas vinculados a la historia de España de los cuatro últimos siglos. Agradecido, envié al joven un libro también un par de veces centenario, y con el acuse de recibo llegó una petición: que dedicase un artículo al granadero Martín Álvarez, infante de Marina español en el combate naval de San Vicente. Y aquí me tienen. Cumpliendo con el sable.

El 14 de febrero de 1797, una escuadra española mandada por un cobarde incompetente, el almirante Córdoba, fue derrotada por otra inglesa cerca del cabo San Vicente. A los ingleses los mandaba el almirante Jervis, que tenía menos barcos pero tripulaciones mejor adiestradas y con más ganas de pelea. Además, la escuadra española estaba mal dispuesta, mientras que los británicos conservaban la línea. De manera que nos dieron las suyas y las del pulpo. Sólo siete navíos españoles entraron en combate, y perdimos cuatro. Dos de ellos, el San José y el San Nicolás, tomados al abordaje por el Captain, con el comodoro Nelson dirigiendo el ataque. El resto de barcos españoles se dio a la fuga sin socorrer a los compañeros apresados; y si no perdimos también al Santísima Trinidad, que con Córdoba a bordo arrió bandera, fue porque el brigadier Cayetano Valdés, un duro e inteligente marino que ocho años más tarde se batiría con mucha decencia en Trafalgar, fue al rescate con su navío Pelayo, y dijo al Trinidad que o izaba la bandera de nuevo y seguía combatiendo, o lo cañoneaba.

Cayetano Valdés no fue el único español decente ese día. Y como no son precisamente los ingleses quienes mejor hablan en sus memorias de los sucios spaniards -que pasan las batallas tocando la guitarra y oliendo a ajo-, tiene aún más valor que los datos que siguen provengan de la relación de un marino llamado sir John Butler. Durante el abordaje británico del San Nicolás, el comandante don Tomás Geraldino sitúa en la toldilla, donde ondea la bandera, a un infante de marina con orden de que nadie la arríe y rinda el navío. La misión ha recaído sobre un granadero extremeño de 31 años que se llama Martín Álvarez Galán. Y a esas alturas del combate, con el navío inundado de ingleses, el comandante muerto y los oficiales rindiéndose, el granadero sigue en su puesto, sable en mano, defendiendo las drizas de la enseña porque nadie le ha dicho que se quite de ahí. Así que cuando el trozo de abordaje inglés llega a la toldilla, y el sargento mayor de marines William Morris pretende arriar la bandera, Martín Álvarez, que anda flojo de idiomas para explicarse hablando -ni siquiera sabe leer ni escribir-, le pega un sablazo al tal Morris que lo clava en un mamparo, con tal fuerza que no logra liberar el sable; así que agarra un fusil como maza, mata a golpes a un segundo oficial inglés y deja heridos a otros dos rubios antes de que lo frían a tiros. Y es ahí donde el comodoro Nelson, que ha presenciado la escena -siempre odió a los franceses, pero respetó a los españoles cuando eran caballerosos o valientes-, se porta como un hidalgo: cuando están recogiendo a los muertos para arrojarlos al mar con una bala de cañón como lastre, ordena que a Martín Álvarez lo envuelvan en la bandera que con tanto valor defendió. Y surge la sorpresa: el granadero no está muerto, sino malherido. Y lo evacuan a un hospital portugués, donde salva la vida.

Martín Álvarez volvió al mar y murió cuatro años después, tras un accidente que degeneró en tuberculosis. Se ahorró, quizás, repetir su hazaña en Trafalgar. Pero tuvo la satisfacción de ser ascendido a cabo y premiado con una pensión vitalicia de cuatro escudos mensuales. Lo que nunca supo es que, por decreto real, siempre habría un buque en la Armada española que llevaría su nombre, ni que en Gibraltar quedaría un cañón con la placa: «Hurra por el Captain, hurra por el San Nicolás, hurra por Martín Álvarez». Tampoco supo que en el Museo Naval de Londres se conservaría hasta hoy, con veneración y respeto, el sable con el que, bajo la bandera del navío vencido pero no rendido, un humilde infante de marina español clavó en un mamparo al sargento mayor William Morris.


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