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NotaPublicado: Dom Nov 15, 2009 10:13 am 
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La victoria heroica del almirante Blas de Lezo en Cartagena de Indias

La derrota más humillante de la Armada británica, infinitamente mayor que la que sufrió nuestra Armada Invencible en 1588 (cuyas pérdidas –2 barcos hundidos por los ingleses de 137- fueron insignificantes, siendo diez veces mayores las debidas a la meteorología, y no a los buques ingleses) se produjo en 1741, en Cartagena de Indias, una de las llaves del control del Caribe.

De haber caído en poder de Gran Bretaña, hoy día se hablaría inglés –al igual que en USA- en Colombia, Venezuela, Panamá, Costa Rica, Nicaragua (hay una pequeña parte de su territorio en que se habla inglés), Honduras, El Salvador, Guatemala, Cuba, República Dominicana, Puerto Rico y, quizás, Méjico.

Este episodio, uno de los más heroicos entre los muchísimos de la historia de España, es muy desconocido, hasta el punto de que en Madrid (como en la mayoría de ciudades españolas) no hay una calle dedicada a Blas de Lezo.

Invito a los camaradas del foro, una vez terminado el relato, a establecer comparaciones con algunos hechos de la División Azul
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A mí me parece, Señor, que no tengo otra cosa buena sino ser español (Catalina de Erauso, "la Monja Alférez", a un Cardenal)


Última edición por Amenofis el Lun Mar 26, 2012 7:01 am, editado 11 veces en total

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Antecedentes

Todo empezó casi 20 años antes, al final de la guerra de Sucesión, que ganaron los Borbones, pero perdió España (habría perdido o sufrido mucho independientemente del vencedor, porque así sucede siempre en las guerras civiles).

Por el Tratado de Utrecht (en realidad, varios tratados desde 1712-15), España perdió los Países Bajos españoles (actuales Bélgica y Luxemburgo), todas sus posesiones en Italia (Milanesado, Nápoles, Cerdeña y Sicilia), y Gibraltar y la isla de Menorca. Y, a pesar de esas pérdidas, España seguía siendo una gran potencia, aunque más débil.

Gran Bretaña fue el país más beneficiado en Utrecht, pues además del control del Mediterráneo occidental, consiguió romper el monopolio comercial español sobre sus territorios americanos, al obtener el “asiento de negros” (posibilidad de que los ingleses vendieran esclavos negros en los territorios españoles durante 30 años) y el “navío de permiso” (un navío anual con 500 toneladas de capacidad de carga, para comerciar con las Indias, que se multiplicaba, “milagrosamente”, como los panes y los peces, obteniendo contrabando y otros beneficios ilegales para la Corona inglesa).

Y además, después vinieron los “pactos de familia” (Borbones de España, Borbones de Francia), por los que ambos países se obligaban a apoyarse en caso de agresiones de terceros. El primero se firmó en 1733.

La clave de la discordia entre España y Gran Bretaña estaba en el dichoso “navío de permiso”, porque los británicos –con su tendencia secular a la piratería- le multiplicaron de una forma tan descarada, que empezó a afectar seriamente al comercio entre los distintos territorios españoles. Y aunque hubo un intento serio por ambas partes de resolverlo en 1739, el Parlamento británico se opuso.

Y la guerra estalló el 23 de octubre de 1739. Como hemos visto, su causa fue sólo comercial. España defendía su comercio, y Gran Bretaña, avariciosa al ver el botín, no quería soltar la presa. Y Francia, obligada por el pacto de familia a apoyar a España, decidió condicionar su entrada a conseguir algunos beneficios comerciales (aliados, sí, y casi amigos, pero no gratis).

La guerra se ha llamado “Guerra de Asiento”, o “guerra de la Oreja de Jenkins”. Y como su razón de ser eran intereses comerciales ultramarinos, lógicamente sus principales episodios se produjeron en el mar o en territorios ligados al control del mar.

El curioso nombre de “oreja de Jenkins” se debe, en la historiografía inglesa, a que un guardacostas español apresó en Florida, en 1731, al "Rebecca", un navío contrabandista inglés (de los que medraba al amparo del “navío de permiso”), capitaneado por el pirata Robert Jenkins. Este pirata fue llevado ante la Cámara de los Comunes en 1738 por los partidarios de la guerra contra España, a la que se oponía el gobierno británico de Walpole. Y allí atestiguó, con la oreja en la mano, que el capitán del buque español que le apresó, Julio León Fandiño, le había cortado la oreja mientras le decía: "Ve y dile a tu rey que lo mismo le haré si a lo mismo se atreve".

Después de este testimonio, la opinión pública británica se puso del lado de los belicistas, y Walpole (dicen que a regañadientes) se vio obligado a declarar la guerra a España.
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Última edición por Amenofis el Jue Dic 26, 2013 7:19 pm, editado 3 veces en total

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NotaPublicado: Dom Nov 15, 2009 12:09 pm 
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Hola amigos.
Estoy comenzando a leer este libro:

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EL DÍA QUE ESPAÑA DERROTÓ A INGLATERRA - Del escritor colombiano Pablo Victoria.

Citar:
DE COMO BLAS DE LEZO, TUERTO, MANCO Y COJO, VENCIO EN CARTAGENA DE INDIAS A LA OTRA ARMADA INVENCIBLE. La vida y la obra de Blas de Lezo, nacido en Pasajes en 1689, constituye una de las carreras militares más fulgurantes y menos conocidas en España y fue quien derrotó a Inglaterra y a una nueva Armada Invencible inglesa, de 180 navíos frente a las costas de Cartagena de Indias el 13 de marzo de 1741. La derrota del imperio inglés que preservó al español casi un siglo. Un hecho asombrosamente desconocido en España.



Citar:
Una vez más, ha tenido que ser un no Español el que venga a refrescarnos un acontecimiento histórico de gran trascendencia y que en España no es que esté olvidado, es que no existe.

Hasta el propio autor se extrañó cuando vino a España en busca de información que aquí no hubiese nada más que alguna reseña de no más de 3 o 4 líneas en alguna enciclopedia perdida. En fin, que os voy a contar.

El libro relata con todo lujo de detalles la defensa y victoria final sobre una “armada invencible” inglesa, mayor en número de barcos y hombres a la enviada siglos atrás por Felipe II, a conquistar Cartagena de Indias y así estrangular y colapsar la vértebra princial de los puertos de ultramar y de la ruta del oro por Panamá, y como consecuencia, apoderarse del Imperio Español en América.

El 13 de Marzo de 1741, una flota invasora, según el autor la más grande de la historia después de Normandía, al mando del Almirante Sir Edward Vernon y compuesta de 180 navios ,23.600 hombres y 3.000 piezas de artillería, asomaba sobre las costas de Cartagena de Indias para comenzar un asedio infernal.

Los ingleses se sabían tan superiores que ya habían preparado los festejos de su victoria, incluso habían acuñado una serie de monedas y medallas con leyendas sobre su aplastante victoria y la humillación infligida al imperio Español. Pero los ingleses no contaban con que los españoles tenían al “medio hombre” más valiente y capaz de los que la historia nos ha dado. El General Don Blas de Lezo que, cojo, tuerto y manco pudo vencer, no sin harto sufrimiento, a esta vasta flota y derrotó y humilló al “perro inglés” hasta el punto que este episodio fue olvidado y enterrado y nunca más se supo de él ni de las monedas, medallas, preparativos y festejos que habían hecho antes de la batalla. Por olvidarse, hasta España acabó olvidando la vergüenza que para los ingleses supuso esta gran derrota y olvidó tambien al propio Blas de Lezo.

Es una pena, como dice el autor, que estos pasajes ni siquiera aparezcan en los libros de historia de los colegios y que no se sepa nada de este episodio, este libro en gran medida es un tributo a este “hombre y medio” y de esta manera hacer un poco de justicia histórica.

El libro está muy bien enfocado ya que el autor explica el por qué de cada cosa. Se remonta incluso a la adolescencia del General Blas de Lezo para explicar sus heridas en combate. El por qué ciertas decisiones políticas en aquella época se tomaban. Las características sociales de las colonias, con los distintos estratos; criollos, españoles, negros, indios y esclavos. Las causas que llevaron a Inglaterra y España a la guerra y la determincación inglesa por acabar con la supremacía española en América.

Mención aparte tiene para mí toda la narración del asedio y del combate. El autor reconstruye diálogos y extractos del diario de guerra del General español y lo envuelve todo en una atmósfera que hace que uno no se pierda detalle del combate. Las tomas de decisiones, las reuniones con el Virrey de Nueva Granada y con los generales, y por último, el alto nivel de detalle en las descripciones de las interminables y sucesivas batallas apuntando número de hombres ,cañones, tipos de barco, fuertes, fortines y murallas y todo lo que en aquellos días y en aquel lugar ocupó a los 2 ejércitos. Incluso hay 3 o 4 mapas con la situación de los invasores y de los defensores para poder visualizar a groso modo todo lo explicado.


http://www.hislibris.com/el-dia-que-espana-derroto-a-inglaterra-pablo-victoria/

Ya os comentaré algo cuando acabe...

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"Enhorabuena teniente, siempre primero el recuerdo al caído.
Siempre está una oración por delante de una novedad,
siempre un héroe por delante de un general".
Generalleutnant Muñoz Grandes.


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NotaPublicado: Dom Nov 15, 2009 6:57 pm 
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El escenario

Al tratarse de una guerra ultramarina, el teatro de operaciones iba a ser el mar o las ciudades costeras americanas. En ambos casos, el protagonismo tendría que ser para las Armadas de ambos países.

La Armada española estaba en un situación lamentable que, precisamente, cambió después de esta guerra. Había sufrido mucho durante la guerra de Sucesión, perdiendo una gran parte de su capacidad militar.

Al iniciarse la guerra, la Real Armada española contaba con 41 navíos (de ellos, uno de tres puentes con 114 cañones; el resto, de dos puentes, y de ellos, dos de 80 cañones, seis de 70, doce de 64, y 9 de 50). La mayoría estaban desarmados a comienzos de 1738. A ellos había que añadir un número inferior de fragatas. Y además, parte de los llamados navíos no eran, realmente, navíos de línea, sino buques de escolta con cañones de pequeño calibre. Y aunque se habían hecho esfuerzos de mejora después de la guerra de Sucesión, la situación era esta a finales de 1739.

Por el contrario, la británica disponía de más de cien navíos de línea. De ellos, quince de tres puentes, con 90 a 100 cañones cada uno, cincuenta y nueve de dos puentes, armados con 80, 70, 64, y 60 cañones. Además, veintinueve navíos de 48 a 54 cañones, más de cuarenta fragatas y numerosas unidades menores. Y, por último, los cañones eran de calibres superiores a los de los barcos españoles.

Francia, después de conseguir algunas ventajas cedidas por España, intervino aportando una escuadra.

Como se ve, la desproporción de fuerzas era enorme. Y, si miramos la operatividad de los barcos, podemos decir que las tripulaciones británicas estaban casi al completo, y perfectamente entrenadas. Mientras, España siempre andaba con su flota escasa de personal.

Ante el panorama planteado, no podemos reprochar a los británicos el que, nada más iniciada la guerra, ya la dieran por ganada.
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Última edición por Amenofis el Jue Sep 22, 2011 8:13 pm, editado 2 veces en total

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NotaPublicado: Dom Nov 15, 2009 7:44 pm 
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Estrategia británica

Los británicos se fijaron, como objetivo estratégico, estrangular el control español de América, tomando el istmo de Panamá y el control del mar Caribe, y dividiendo en dos el territorio español. Desde aquí, pensaban que los diferentes territorios españoles irían cayendo como fichas de dominó al no tener el control del mar. Así, pensaban poder expandir su territorio norteamericano incorporándole el Norte del virreinato de la Nueva España (es decir, el Sur de los actuales USA), las islas del Caribe, y nos territorios de las actuales Venezuela y Colombia, donde la penetración española hacia en el interior no existía, puesto que sólo había asentamientos costeros (aunque de la importancia de Cartagena de Indias, p.ej).

Sólo pensaban respetar la parte más continental de la Nueva España (el actual Méjico), en donde sabían que España se había expandido por el interior, y el control del territorio les podía resultar extremadamente difícil. Para ello se basaban en experiencias anteriores de combates en tierra con los españoles. Desde la invasión de los normandos franceses en el siglo XI, Gran Bretaña sólo había sufrido invasiones de España y, aunque todas fueron de poca duración (meses; siempre inferior a un año), habían sufrido continuas derrotas. Tenían muy presente el dicho que se había hecho famoso en las islas: “A los españoles, en la mar quiero; porque en la tierra.... ¡que San Jorge nos proteja!”.

Para llevar a cabo esta estrategia, se organizaron dos líneas de ataque:

- una, la principal, sería en el Caribe, y se le encomendaba a la escuadra del almirante Vernon
- y otra en el Pacífico, donde se pensaba enviar una escuadra inferior (al ser menor la capacidad de resistencia española), formada por el navío "Septrentión" y dos buques menores, al mando del almirante Anson. Su objetivo, acosar las colonias del Pacifico Sur, y remontar al N, hasta la actual Colombia.

A la hora de fijar objetivos reales, estuvieron considerando cuáles eran los puertos más importantes a controlar. El principal era, sin ninguna duda, La Habana (Cuba), pero el Almirantazgo llegó a la conclusión de que era muy difícil conquistar la plaza desde un ataque por mar. Sus informaciones daban los siguientes elementos de defensa: fuertes con 152 cañones, 1.300 soldados de guarnición, 5.000 milicianos, 500 efectivos de Caballería, y armas para movilizar a otros 10.000 hombres. Si se tiene en cuenta que un asedio por tierra requiere, normalmente, una fuerza tres veces superior, y que esta proporción hay que elevarla en el caso de desembarco, es lógico que el Alto mando británico dudara sobre iniciar un ataque a un punto tan problemático.

En segundo lugar estaba Cartagena de Indias. Además de ser una de las plazas claves del comercio de las Indias, era la principal base de la Flota española de “Tierra Firme”. Además, conocían que en 1697, un ejército francés de Pointis, con sólo 3.000 hombres, se había apoderado de la ciudad durante unos meses.

En tercer lugar estaba Portobelo, en el istmo de Panamá. De menor población que Cartagena de Indias, era más fácil de atacar con éxito. Y, además, era también base de la Flota de Tierra Firme.

Mientras seguían las discusiones e indecisiones en el Almirantazgo, enviaron una flota al Caribe, unos meses antes de la declaración formal de guerra, lo que hace pensar que la decisión estaba ya tomada y que la famosa oreja del pirata era sólo un pretexto para poner a la opinión pública del lado de la guerra. Y esta flota ya empezó a dar señales de vida en las costas españolas de América, en forma de pequeños zarpazos.

Al final, un mes y medio después de iniciada formalmente la guerra, el Almirantazgo decidió que la flota y tropas de desembarco establecerían su base en la isla de Jamaica (británica desde 1655), para que desde allí, y en función de las circunstancias, hacer los preparativos necesarios, y dar libertad a Vernon para actuar conforme a su propio criterio.

La flota que iba a atacar por el Pacífico no se preparó en estas fechas, al considerar que esa maniobra era aún prematurae.

La estrategia española era, naturalmente, defensiva, dada su inferioridad marítima. Pero no por ello derrotista, ni siquiera conformista.
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Última edición por Amenofis el Lun Dic 07, 2009 12:47 pm, editado 2 veces en total

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NotaPublicado: Lun Nov 16, 2009 5:11 am 
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Despliegue y operaciones navales anteriores a la guerra

Nueve meses antes de iniciarse oficialmente la guerra, partió hacia Jamaica el comodoro Charles Brown, con dos navíos de 70 y 60 cañones, dos fragatas de 40 cañones, una de 20. A estos barcos debían incorporarse uno de 50 cañones y una fragata de 40, procedentes ambos de África. La idea era reforzar la escuadra ya estacionada en la isla, para una mejor protección del comercio británico, y para recoger información sobre los movimientos de las escuadras y buques españoles.

La escuadra llegó a Jamaica el 29 de abril, iniciando su despliegue. Al mismo tiempo, se reforzó la fuerza naval británica en la península del Labrador (estación de Newfoundland), listos para desplazarse al Caribe.
En agosto, la escuadra de Jamaica zarpó rumbo a Cuba, destruyendo dos balandras y capturando otra. Asimismo, en septiembre, atacaron Puerto María, rapiñando y destruyendo casas y propiedades.

Mientras tanto, la Marina española contaba en la zona con su Armada de Barlovento, con base en Veracruz, mandada por don José Antonio de Herrera, y formada por dos navíos, de 60 y 50 cañones, dos fragatas de 24 cañones, y barcos menores. Aunque su principal misión era luchar contra piratas y contrabandistas, en aquél momento no existía como tal escuadra, al haberse repartido por puertos de apostaderos de la zona.

Pero ante las señales evidentes de la ya cercana guerra, se enviaron los dos navíos a La Habana, para reforzar las protección de aquél puerto esencial, y las fragatas, junto a una tercera, fueron enviadas a Cartagena de Indias, para reforzar las escasas fuerzas y tropas allí presentes, mandadas por don Blas de Lezo.

El puerto de Veracruz quedó con una mínima protección naval, por las razones que ya hemos dicho de poderse defender mejor en tierra.

Los acosos y capturas de barcos españoles por los británicos estaban a la orden del día, tanto si había guerra declarada como si no. Pero los barcos españoles eran bastante esquivos, y las capturas ese año fueron mínimas.

Así ocurrió con la escuadra de azogue de ese año, que llegó felizmente a Santander, descargando su mercurio, sin que la numerosa flota británica del almirante Vernon, desplegada por todo el arco desde Gibraltar al cabo Ortegal, pudiera detectarlos.

Para colmo, los británicos apresaron en septiembre, cerca de las costas españolas, un navío y una fragata mercantes (pero armados con cañones de bajo calibre) procedentes de La Guaira. Aunque el valor de la carga “confiscada” alcanzaba los dos millones de pesos, la mercancía estaba asegurada en Londres, por lo que, al final, el resultado para la Corona británica fue cero.
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NotaPublicado: Lun Nov 16, 2009 5:26 am 
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Objetivos británicos y primeros movimientos de ambos bandos

Al haber fracasado en el objetivo de capturar a los buques españoles que regresaban de América, la escuadra de Edward Vernon volvió al plan inicial. Puso rumbo al Caribe, y llegó a Port Royal (Jamaica) en octubre de 1739. Incorporó la del comodoro Brown, disponiendo allí mismo de nueve navíos, seis fragatas y buques menores. A ellos había que añadir las unidades dispersas en otras estaciones navales.

Brown regresó a Jamaica en Noviembre, informando a Vernon de los resultados de sus investigaciones sobre número y distribución de los barcos españoles en la zona. Ya sabía que no existía la Armada española de Barlovento, al tener sus buques dispersos, como ya se ha dicho. Esta información se obtenía de los mismos puertos pues, al no haber guerra declarada, tenían franca la entrada en todos ellos.

Las instrucciones que Vernon había recibido en julio de 1739 eran muy claras (y aún no había declaración de guerra): “cometer toda suerte de actos hostiles contra los españoles, y procurar apresar, hundir, quemar o destruir de otro modo todos los navíos o barcos, tanto de guerra como de comercio, y otros barcos que vos encontréis”.

Los españoles, por su parte, utilizaron métodos más sutiles para obtener información. Introdujeron espías en Jamaica y otras estaciones británicas en el Caribe. Así, don Miguel Moncada Sandoval, al mando de una balandra con cargamento de azúcar, se desvió de su ruta con diferentes pretextos, entrando en Port Royal, e informándose del número de buques, características y distribución.
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NotaPublicado: Lun Nov 16, 2009 6:28 am 
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Operaciones británicas en 1739: La Guaira, La Habana y Portobelo

a) La Guaira

Vernon ordenó al capitán Thomas Waterhouse, al mando de tres navíos, bloquear el comercio español entre La Guaira y Puerto Cabello, y apresar todos los barcos. Al ver que había 17 embarcaciones (entra buques y naves menores) en La Guaira, entró en el puerto enarbolando bandera española el 22 de Octubre (antes de la declaración de guerra). Pero los españoles estaban prevenidos y, después de un cañoneo de tres horas, se retiraron sin lograr ninguno de los objetivos, y habiendo recibido serios daños en sus buques. El mérito hay que repartirlo entre los defensores, su gobernador, brigadier don Gabriel José de Zuloaga, y el comandante del fuerte, capitán Francisco Saucedo.

Al llegar a Jamaica, intentó justificar su fracaso aduciendo que no tenía pilotos que conocieran esas aguas, y que, al tratarse de un botín pequeño, no compensaba arriesgar las vidas y los barcos, que serían necesarios para operaciones más importantes. Y aunque esto consta documentalmente, hay autores ingleses como Edward Cust que, entre líneas, dan por hecho que se capturaron dieciséis naves españolas.

b) La Habana


Mientras se producía el ataque anterior, la flotilla de Brown, antes de regresar a Jamaica e informar a Vernon, intentaba bloquear La Habana, sin conseguirlo, aunque consiguió capturar varias balandras y goletas cargadas de añil y sal. Desembarcaron en diversos puntos, pero siempre debieron reembarcarse ante la presencia de tropas destacadas por el gobernador don Juan Francisco Güemes de Horcaditas.

c) Portobelo

Después de lo anterior, Vernon optó por un puerto de cierta importancia, pero de características defensivas inferiores a las de Cartagena de Indias (objetivo final para el que aún no se veía con una fuerza suficiente). Este puerto fue Portobelo.

El ataque se produjo el 20 de Noviembre (después de la declaración de guerra), y lo protagonizaron seis navíos y 2.735 hombres. Al mismo tiempo, destacó una fragata a Cartagena de Indias, para informar del posible envío de refuerzos españoles, y dejó en reserva, pero casi listos para intervenir, otros dos navíos y una fragata.

Y ahora vamos a contar la versión británica y la española de la capitulación de la plaza de Portobelo.

1)Versión británica

La escuadra británica entró en la bahía en formación de línea, y comenzaron a cañonear el castillo de Hierro (o San Felipe), hasta reducir las defensas al mínimo que permitiera el desembarco de tropas, que se realizó tomando el fuerte la misma tarde.

Se intentó llegar a los dos fuertes interiores de la bahía (Gloria y San Jerónimo), pero los vientos contrarios lo impidieron. Cuando al día siguiente se disponía el ataque final, el gobernador don Francisco Javier de la Vega Retez pidió la capitulación. Vernon consiguió un botín de 10.000 pesos, 40 cañones de bronce, dos de campaña, cuatro morteros y 18 pedreros. Los británicos tuvieron tres muertos y seis heridos.

No se saqueó la ciudad ni se molestó a la población, según la capitulación firmada. Así demostraron que no era verdad la propaganda española que les mostraba como piratas y saqueadores.

2)Versión española

Ciertamente, la ciudad capituló. Y la capitulación fue inevitable, si se estudia el cúmulo de circunstancias negativas que se dieron.

A diferencia de otros puertos (p.ej, Cartagena de Indias) y por diversas razones, Portobelo fue un ejemplo continuado, durante muchos decenios, de desidia e ineptitud de la mayoría de sus gobernadores, aun siendo un puerto estratégico para el comercio indiano. Por ello, la habían ocupado (aunque por poco tiempo) el inglés Morgan (1668) y el francés Pointis (1697).

La situación en 1739 era la siguiente. El gobernador estaba preso en Panamá (probablemente, por corrupción). Al no haberse nombrado nuevo gobernador, actuaba como tal, interinamente, don Francisco J. de la Vega Retez, un inepto desde el punto de vista militar.

Las tres fortalezas estaban bien dotadas de cañones, pero la mayoría, desmontados. Así, el castillo Todofierro (y no Hierro, como decían los británicos) tenía 32 cañones, pero montados, sólo nueve. Se desmontó la artillería de los dos buques guardacostas que había, y se llevó a los fuertes, junto con Don Francisco Garganta, comandante de los guardacostas, 90 marineros y 54 soldados.

Después de casi tres horas de resistencia, el castillo estaba casi arrasado y sólo quedaban once defensores en condiciones (el resto, o había caído, o habían desertado), y les faltaba pólvora.

El castillo de Gloria, al fondo de la bahía, gastó pólvora disparando a la escuadra británica, que estaba fuera de su alcance.

Esa noche hubo un consejo, decidiendo la mayoría de los ciudadanos combatir hasta el final, pero el gobernador en funciones izó bandera blanca.

Había 600 hombres de guarnición en los castillos interiores (Gloria y San Jerónimo), suficientes para haber mantenido a la flota atacante a raya, e impedido los desembarcos. Pero uno de los jefes, el capitán Sebastián Vázquez Meléndez, huyó al monte con sus hombres, al igual que el ya mentado gobernador.

Vernon demolió todas las defensas. Además, buscó infructuosamente el botín que esperaba encontrar, y que no estaba allí. Se trataba de los caudales públicos que se enviaban desde Perú (convenientemente custodiados por la Armada del Mar del Sur) a cada feria de Portobelo. La última había tenido lugar en 1738, y los británicos estimaban en doce millones de pesos el caudal enviado... Pero no sabían que, como consecuencia de los rumores de guerra, no se llegaron a enviar.

En resumen, el botín que encontró Vernon consistía en unos cuantos cañones, de los cuales los de hierro fueron arrojados al mar por su escaso valor, y 10.000 pesos, que eran los pagos a la guarnición. Apenas suficiente para compensar los gastos del combate.

Desde luego, no se molestó a la población civil, y se respetaron sus vidas y haciendas (¿quizás para no dañar el comercio, una vez expulsados del Caribe los españoles?).

La noticia llegó a Inglaterra en marzo de 1740, en una goleta capturada a los españoles. Y fue tal el júbilo que, además de ser tema de actualidad durante varios meses, hizo que se diera el nombre de Portobelo a una calle de Londres (Portobello road), calle que aún conserva su nombre, y que es protagonista todos los años, en septiembre, de festejos y una feria (que, por cierto, siempre se ha caracterizado por su violencia).

A Vernon se le dió tratamiento de héroe, y se emitieron medallas conmemorativas. Y en una cena en su honor, dada por el propio rey Jorge II, sonó por primera vez el actual himno nacional británico (“Dios salve al Rey” –en este momento, “Dios salve a la reina”).

La euforia fue tan enorme, así como el menosprecio a la capacidad de combate española. Hubo muchos ejemplos de ello. Así, el general Oglethorpe, comandante de las tropas británicas en Norteamérica, propuso tomar La Habana con sólo dos batallones.

Y, por su parte, los españoles se sintieron avergonzados por aquella humillante rendición, y protagonizaron muchas manifestaciones en contra de los británicos. El propio Blas de Lezo, desde Cartagena, escribió una carta a Vernon:

''....Hubiera estado yo en Portobelo, no hubiera Usted insultado impunemente las plazas del Rey mi Señor, porque el ánimo que faltó a los de Portobelo me hubiera sobrado para contener su cobardía...".

De esta madera estaban hechos los españoles que hicieron grande a España.

Y así terminó el primer episodio serio de la guerra de la “oreja de Jenkins”.
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Operaciones en 1740

1) Cartagena de Indias. Primer intento (13-20 de marzo de 1740)

Vernon decidió realizar un ataque de tanteo, para averiguar la capacidad real de defensa de la ciudad.

El 13 de marzo de 1740 se presentó ante la ciudad con seis navíos, dos brulotes, tres bombardas y un paquebote. Ordenó el desembarco de destacamentos que recogieran información detallada de las defensas.

Cinco días después, su flota abrió fuego sobre la ciudad, buscando que Blas de Lezo respondiera sacando los únicos cinco navíos a mar abierta.

Como los cañones de las fortalezas no alcanzaban a la escuadra británica, Lezo hizo desembarcar algunos cañones de su escuadra, y formar baterías más avanzadas, logrando tener a su alcance a los buques británicos.

Vernon se retiró después de tres días de bombardeo, que ocasionaron daños de consideración en edificios, como el colegio de los jesuitas, la catedral y otros.

Según manifestó, había conseguido su objetivo, al haber determinado las necesidades de tropa y flota (que en aquél momento no tenía) para poder atacar con éxito la ciudad.

2) Conquista del castillo de San Lorenzo el Real de Chagre. 22-24 de marzo de 1740

El fuerte de San Lorenzo estaba en la desembocadura del río Chagre, y muy cerca de Portobelo. Había sufrido un ataque en 1671 por parte del pirata Henry Morgan, que destruyó la fortaleza.

Aunque, estando cerca Portobelo, su importancia era escasa, fue atacada por los británicos (quizás, necesitados de justificar avances, ante el estancamiento de la situación).

La fortaleza estaba defendida por cuatro cañones y 30 soldados al mando del capitán de infantería don Juan Carlos Gutiérrez Cevallos. Vernon la atacó el 22 de marzo con una escuadra de cuatro navíos, una fragata, tres buques bombarderos, dos brulotes, y dos transportes.

Al día siguiente, y tras una resistencia heroica ante la desproporción de fuerzas, se rindió la fortaleza, que fue destruida por los británicos, quienes se apropiaron también de dos guardacostas y de las piezas de bronce que els interesaban.

3) Cartagena de Indias. Segundo intento (3 de mayo de 1740)

Casi dos meses después del primer ataque a Cartagena de Indias, Vernon volvió a intentar el ataque con su escuadra, reforzada en buques y hombres.

Sin embargo, y a raíz de las razones que dio para el intento anterior, el incremento en barcos y tropas no era aún suficiente. Lo que hace pensar que el primer intento fue de conquista, y que él lo convirtió en tanteo tras tener que levantar el sitio.

A pesar de disponer de más medios, Lezo volvió a obligarle a retirarse. Y esto empezaba ya a ser una pesadilla para Vernon.

4) Refuerzos en ambas escuadras durante 1740

España, haciendo un gran esfuerzo, reunió buques en San Fernando y El Ferrol para reforzar su escuadra en el Caribe, al mando del Teniente General don Rodrigo de Torres. Eran once navíos, tres buques menores, y 2.200 hombres.
.
Los británicos estaban ahora decididos a destruir de una vez por todas a la escuadra española, en su totalidad. Envió una escuadra a destruir la de Torres antes de su partida, y tomar las islas Canarias. Una segunda escuadra al mando de Chaloner Ogle zarparía hacia el Caribe con las tropas de Cathcart, que unidas después a la de Norris pondrían sitio a La Habana. Y una tercera, la de Anson, entraría en el Pacífico y ocuparía Panamá por el Oeste

Francia, por su parte, se decidió a intervenir después de la caída de Portobelo, y envió dos escuadras a Santo Domingo, una al mando del teniente general Antoine-Francois d’Antín y otra, al mando de Rochelart.
Sin embargo, una vez conocida la enorme movilización británica, decidió de nuevo quedarse al margen, dejando solo a su aliado España.

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Defensa heorica de Cartagena de Indias (1741)

Y por fin llegamos al hecho clave de la guerra, que, debido a su desenlace, hizo posponer las ambiciones británicas obre el Imperio español por muchos años.

Los combates a que nos referimos tuvieron lugar entre el 15 de marzo de 1741, y el 20 de mayo del mismo año.

El 23 de febrero de 1740 falleció el Gobernador de Cartagena, señor Fidalgo. Don Blas de Lezo, que ya estaba desde 1737 al mando de la Comandancia naval, del Apostadero y de una división de seis navíos, fue nombrado gobernador en su lugar.

Por esas fechas, un informe de inspección, realizado por don Jorge Juan y don Antonio de Ulloa, recogía que Cartagena, como otras muchas plazas de la zona, estaba casi en un abandono total.

Don Blas de Lezo, por su parte, ordenó a dos de sus condestables que determinaran con detalle las posibilidades de defensa real de la plaza. El resultado fue aún peor: la artillería no podría realizar más de diez disparos por pieza, debido a la escasez de pólvora (sólo 3.300 libras), y a la falta de repuestos y provisiones.

Pero don Blas, ya con muchos años de profesión -y de edad- a sus espaldas, ultimaba los detalles de la defensa de la ciudad, aceptando -y sacando partido- de toda la ayuda que le llegaba, ya fuera en forma de embarcaciones o de otro tipo. Y aplicaba todo su ingenio para sacar el máximo partido de aquellos recursos tan escasos e inadecuados. Por ejemplo, mandó colocar dos cadenas delante de los dos navíos que bloqueaban la entrada a la gran bahía por el estrecho canal de Boca Chica. Así se evitaba la entrada de los temibles brulotes incendiados.
Asimismo había desembarcado parte de la artillería de sus navíos para emplazar baterías en tierra, que tuvieran a tiro a los barcos enemigos, estacionados frente a la boca de la bahía.

Mientras tanto, a principios de 1741 Vernon recibió los refuerzos que esperaba, y que consideraba suficientes para rendir la plaza. Y decidió atacar sin esperar que la escuadra del comodoro Anson atacara desde el Pacífico. Estos refuerzos consistían en veintiún navíos y un convoy de ciento setenta velas.

Soberbio y prepotente, Vernon se "dignó" dirigir a Lezo cartas desafiantes. Lezo, sintiendo que se le hería en su honor y dignidad, respondió con el orgullo típico español:

''Hubiera estado yo en Portobelo, no hubiera Vd insultado impunemente las plazas del Rey mi Señor, porque el ánimo que faltó a los de Portobelo me hubiera sobrado para contener su cobardía...".

Así pues, Vernon se presentó el quince de marzo ante Cartagena de Indias, con una escuadra enorme, formada por treinta y seis navíos (nueve de ellos, de 80 cañones; el resto, entre 50 a 70 cañones), doce fragatas, nueve brulotes y varias bombardas, y unos diecisiete mil hombres. La organizó en tres divisiones, poniéndose él al frente de una, el vicealmirante Ogle al mando de la segunda, y el comodoro Lestock al frente de la tercera.

A esta gran escuadra le seguía un convoy de más de cien velas, que trasportaba a un ejército de 12.000 hombres mandado por el general Wentworth por fallecimiento durante el viaje de su titular, general Cothart. Estaba formado por dos regimientos de infantería (2.000 hombres); seis de infantería de marina (6.000); dos de milicias americanas (2.500), artilleros y servicios (1.000) y negros armados con machete 500).

En total, la fuerza de asedio podía estimarse en unas 140 embarcaciones de todo tipo, y unos 27.000 hombres.

Los efectivos ingleses, en barcos y personal, superaban consideradamente a los de la Armada Invencible española que, en 1588, fue derrotada por los temporales en su intento de desembarco en Inglaterra (más de un 40% más barcos).

Vernon ordenó fondear a la escuadra y convoy en la ensenada de Playa Grande, a barlovento de la plaza. Una descripción de la escuadra, que acompaña a un cuadro que la muestra fondeada, dice: "una maravillosa selva flotante de buques, árboles, entenas y jarcias, que llamaban con la vista a la admiración y amenazaban con terror y espanto".

Por parte española, don Blas de Lezo seguía en su puesto de comandante de la división naval y del Apostadero, confirmado por el nuevo virrey de Nueva Granada, don Sebastián de Eslava, que sustituía al anterior por fallecimiento. A ellos hay que añadir otros dos personajes clave en la resisencia: el Mariscal de Campo D. Melchor de Navarrete, segundo en el mando de don Blas de Lezo y Gobernador de la ciudad, a cuyo cargo quedó la parte administrativa y el abastecimiento de víveres, y el Coronel D. Carlos Des Naux, Ingeniero militar y Director de obras de fortificación, quien actuó primero como Castellano del Castillo de San Luis de Bocachica y luego, cuando hubo que abandonarlo, como Castellano del de San Felipe de Barajas

Sus fuerzas estaban formadas por 1.100 soldados del ejército, 300 milicianos cartageneros, dos compañías de negros libres (aproximadamente, 250) y 600 indios flecheros. Si a esto se suman otros combatientes de diversa procedencia, podemos hablar de algo menos de 3.000 hombres. Es decir, la proporción era de 1 a 9 (muy superior a la existente entre divisionarios y rusos en la batalla de Krasni Bor).

A favor de España estaba la posición y configuración de la plaza y sus fuertes, que facilitaba muchísimo su defensa. También su clima, muy apropiado para que personas de otra procedenci apudieran contraer enfermedades tropicales, como el paludismo.

Configuración de las defensas y pasos

El único acceso por mar era tan estrecho (la Boca Chica), que los navíos tenían que pasar de uno en uno, y sólo en una dirección (no había anchura para cruzarse). El canal era largo (unos 8 km) y desembocaba en una bahía no demasiado grande, en donde estaba la ciudad y apostadero. Por ello, era casi imposible entrar los barcos para atacar la plaza desde la bahía.

A ambos lados de la boca del canal había sendas penínsulas, las de Terrabomba y Baradera.

La primera estaba defendida por tres fortificaciones:
- El fuerte de San Luis, fortaleza principal cuadrangular dotada con 85 cañones y morteros (entre los suyos de dotación, y los aportados por las naves encerradas en la bahía). , que por las previsiones de don Blas de Lezo, se había ido reforzando con los cañones de sus navíos y la pólvora de sus santabárbaras.
- los fuertes secundarios de Santiago y San Felipe (con 15 y 7 cañones, respectivamente).

La segunda (Baradera), contaba con terraplenes, tirncheras y empalizadas, con 15 cañones gruesos y 4 pequeños.

A la altura de la bahía interior, y en un islote, estaba el fuerte de San José, construido sobre una escarpada muralla y dotado de 21 cañones.

En dos salientes de esta bahía, que la dividían en una zona ancha y otra más estrecha, se elevaban un fuerte cuadrangular (Castillo Grande), con 60 cañones; y en el del sur, otro fuerte más pequeño (Manzanillo) con 12 cañones.

A todo lo anterior había que añadir las dos gruesas cadenas entre los fuertes de San José y el de San Luis, reforzadas con nuevos cables y maderos, y asegurado todo con tres enormes anclas en cada lado.

Y después de las cadenas y barreras, los seis navíos de que disponía en dos líneas: una primera de cuatro, y una segunda con los otros dos.

Mapa de Cartagena de Indias en la época:

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Última edición por Amenofis el Vie Jun 11, 2010 12:08 pm, editado 4 veces en total

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El asedio y ataque decisivo

El 15 de Marzo, Vernon desplegó su enorme flota, bloqueando la entrada al puerto.

Tras un furioso bombardeo, silenció las baterías de "Chamba", "San Felipe" y "Santiago", y desembarcó tropas y artillería.

Algunos vecinos de Cartagena, ante el impresionante el despliegue de barcos en el horizonte, todo lleno de masteleros como si fuera un bosque sin hojas, consideraron que no había nada que hacer, y procuraron ponerse a salvo.

Lezo, por su parte, se defendía desesperadamente. Nunca se ha sabido si confiaba en lavictoria o luchaba por no darse por vencido. Pero, para tratar de entender su pensamiento y sentimiento, basta con ver su hoja de servicio desde su juventud. Había asimilado perfectamente aquellos tres principios del éxito militar, que se enseñan en las Academias: voluntad de vencer, acción de conjunto, y sorpresa. Y a fe que aplicó las tres con auténtica maestría.

Vernon ordenó un cañoneo incesante, durante 16 días con sus noches, al castillo de San Luis de Bocachica, con un promedio de un disparo de gran calibre por minuto (aparte de disparos con otras armas menores). A cargo de la defensa de ese castillo estaba el Coronel Des NAux con 500 hombres.

Conforme pasaban los días, Vernon estaba más nervioso y preocupado, porque habían aparecido epidemias entre sus hombres, que le hacían temer lo peor si la resistencia se alargaba demasiado.

Cuatro de los seis navíos de Lezo (el "Galicia", el "San Felipe", el "San Carlos" y el "África"), anclados en el lado interior de la bahía y cerca del Castillo, le apoyaban con fuego continuado desde sus cañones.

Pasados esos 16 días, Lezo consideró que ya no era posible ni práctica la defensa de Bocachica. Allí había estado, en primera línea, junto a Des Naux, y desde allí dirigió la evacuación hacia la segunda línea que tenía prevista (debe conocerse que Lezo se desplazaba continuamente en una barca, visitando las distintas posiciones y animando a los defensores).

Su siguiente acción, conforme al plan trazado, fue obstruir el canal de Bocachica, barrenando e incendiando los buques que lo han defendido (previa retirada de sus cañomes, para continuar la resistencia). Se consiguió en gran medida, pero no del todo, puesto que el "Galicia" no llegó a coger fuego a tiempo.

Sin embargo, Lezo había logrado su objetivo de retrasar el avance inglés todo lo posible. Así, con el paso del tiempo aumentaba el riesgo de los asaltantes a posibles epidemias (como ocurrió).

La segunda línea de defensa se estableció en la Fortaleza de San Felipe de Barajas, dejando en manos de Vernon el Castillo de Bocagrande. Lezo, a pesar de que intentó salvarlos, tuvo que dar orden de hundir los otros dos navíos que le quedaban (el "Dragón" y el "Conquistador") en el canal de Bocagrande. De todas formas, los ingleses lograron pasar por Bocagrande, de igual manera que habían conseguido pasar por Bocachica. Eso sí con gran dificultad y mucha demora, al tener que remolcar el casco del navío español que no se había llegado a hundir.

Todo ello añadía retrasos a la ofensiva. Después de esto, los onglese introdujeron navíos en la bahía, y desembarcaron tropas en las islas de Manga y Gracia dejando al margen el Fuerte de Manzanillo. La colina de la Popa (muy próxima al fuerte de San Felipe de Barajas), después de su abandono por los españoles, fue ocupada por un regimiento de colonos norteamericanos, al mando del Coronel Lawrence Washington (hermano mayor de George Washington, el caudillo de la guerra de independencia norteamericana y primer presidente del nuevo país).

Vernon, después de esto, entró triunfante en la bahía a bordo de su buque Almirante, con todas las banderas desplegadas y el estandarte de General en Jefe escoltado por dos fragatas y un paquebote. Para entonces, había perdido ya cerca de la mitad de las tropas de desembarco y una porción menor -pero significativa- de las tripulaciones. Los responsables de estas pérdidas: los combates y las epidemias.

Considerando que la batalla ya estaba ganada, despachó correos a Jamaica y a Inglaterra comunicando tan fausta noticia.

A continuación, ordenó un desembarco masivo de artillería en la bahía, y el bombardeo del Castillo de San Felipe desde mar y tierra, hasta conseguir reducir la resistencia a un nivel que propiciara el asalto al hombre.

Los defensores eran 600 hombres bajo el mando de Des Naux. Lezo, de nuevo, estaba presente en primera línea para levantar el ánimo. Y aún le quedaban varias bazas por jugar, que fue jugando sucesivamente, con gran maestría.

Por fin, el 19 da Abril por la tarde, Vernon consideró que la defensa se había debilitado lo suficiente, y que era el momento del asalto por la infantería.

El asalto comenzó la noche del 19 al 20 de abril. Avanzaron tres columnas aprovechando la oscuridad, al mando del General Woork. En vanguardia iban esclavos macheteros jamaicanos y, a continuación, granaderos y fusileros.

Los defensores no habían bajado la guardia, y desde el fuerte no cesaban de hacer fuego sobre los atacantes. Al llegar los británicos al pie de la muralla, ya con bajas considerables, se encontraron con otra treta de Lezo: había mandado excavar los fosos 4 metros más de profundidad, y las escalas de los atacantes, fabricadas según la información de sus espías, quedaban muy cortas para el asalto.

La mortandad causada por los defensores fue espantosa, aprovechando el desconcierto de los ingleses.

Al amanecer del día 20 de Abril, el espectáculo no podía ser más desolador para los atacantes. Los fosos del fuerte y las vías de aproximación estaban llenas de muertos. Muchos soldados, heridos o enloquecidos, vagaban sin rumbo por los alrededores del fuerte.

Entonces, Blas de Lezo ordenó una salida a la bayoneta, que provocó, además de muchas más bajas, la huída desordenada de los ingleses, que dejaron abandonado todo su equipo.
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NotaPublicado: Lun Dic 07, 2009 2:32 pm 
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La retirada

Después de esta batalla, la moral británica quedó por los suelos. Pero Vernon, soberbio y obstinado, no quería aún reconocer la derrota, cuando había estado acariciando una victoria que, con la toma de esta plaza, habría puesto la América española en manos inglesas.

Desistió de nuevos desembarcos (no contaba con tropas suficientes poara ello), pero insistió en mantener el bombardeo, que continuó un mes más, con tropa y tripulaciones desmoralizadas, y cada vez más reducidas. Por si fuera poco, las epidemias iniciadas se fueron agravando. Y el cólera y el escorbuto hicieron estragos. La bahía se llenaba de muertos flotando en descomposición.

Vernon, cada vez más desesperado, pero siempre soberbio, volvió a ordenar desembarcos (condenados al fracaso), culpando de todos los males a su subordinado el General Wentworth, Jefe Supremo de las tropas de Infantería. Sus desencuentros con el resto de jefes y oficiales fueron en aumento.

Y por fin se retiró. La retirada duró muchos días, y no dejaron de bombardear la ciudad hasta que el día 20 de Mayo desapareció en el horizonte la última vela inglesa.

Muchos barcos fueron remolcados, y cinco navíos, incendiados y hundidos por falta de tripulación.

Aún tuvieron que hundir otro en su regreso a Jamaica. Su llegada, según testimonios de la época, parecía un funeral.

Acciones ofensivas posteriores


Aún realizó Vernon un nuevo intento un año después, en 1742, antes de regresar a Inglaterra, pero sin moral, sin hombres suficientes y -lo peor- sin resultados.

Cuando regresó a Inglaterra, reinaba una gran confusión sobre los resultados de la misión. A los británicos les costaba reconocer que uno de sus almirantes más brillantes (en realidad, el "brillo" se debía más a su propaganda que a sus victorias, y no sólo en el caso de Cartagena de Indias) había "vendido la piel del oso antes de haberlo cazado". Además, había perdido una flota importante de la Royal Navy y había creado una situación de ridículo (muy poco habitual en el carácter británico).

Aún estuvo Vernon en la Armada hasta 1746 (cuatro años después de su regreso), en que fue destituido y expulsado (pero no por estas "hazañas").

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Las consecuencias para los británicos

Mientras se producía el desenlace verdadero, con su derrota (tan diferente de como lo había dibujado Vernon), sus correos a Inglaterra, anunciando su triunfo, habían llegado ya.

Se produjeron grandes celebraciones, y la Corona mandó emitir monedas y medallas conmemorativas en las que se veía a Vernon recibiendo las llaves de Cartagena de un Lezo de rodillas, y la inscripción "El orgullo español, humillado por Vernon". Eso sí, habían tenido buen cuidado de representar a Lezo con sus dos ojos, sus dos brazos y sus dos piernas, para engrandecer más el mérito de los británicos, en general, y de Vernon, en especial.

Cuando por fin se supo la verdad, la imagen de Vernon quedó por los suelos. El rey Jorge II ordenó retirar todas las medallas acuñadas con ese motivo, y prohibió que se hablara de Vernon en el futuro.

Y puedo dar fe que esa prohibición aún existe en la actualidad: en la Eniclopedia Britannica (la considerada como mejor de UK, aunque se edita en USA) no trae ninguna referencia a Vernon, ni siquiera como inventor del "grog" (el Espasa, en cambio, sí). Tengo ambas en mi casa, y lo he comprobado.

También se retiraron las medallas que decían en su reverso: "quien tomó Portobelo con solo seis navíos, Noviembre 1739", aunque éstas sí decían una verdad.

Pero, a pesar de los esfuerzos por recoger todas las medallas, muchas salieron de Inglaterra y se han conservado. Y durante muchos años, los enemigos de Inglaterra las utilizaron para burlarse de los ingleses, según dicen algunos textos, "debiendo ser en sus autores tanta mayor la vergüenza cuanto fue mayor su ligereza y arrogancia".

Es curioso cómo los ingleses ocultan sus derrotas más vergonzosas y, en cambio, en España, se acepta como papanatas las versiones de otros países sobre nuestras hazañas (de ahí la Leyenda Negra, creada fuera de España, pero alimentada desde dentro hasta nuestros días; el peor enemigo de España está dentro, y lo triste es que es media España).

Imágenes de las monedas:

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Y, para que se vea los efectos demoledores de una "Memoria histórica" no rebatida, en 2007 una señora norteamericana se dirigió a un compañero mío del foro de historia naval de España "Todoavante" diciendo que lo que habíamos escrito en ese foro estaba plagado de mentiras, puesto que Vernon había conquistado Cartagena de Indias, como lo atestiguaban unas monedas que ella tenía.

Cuando se le preguntó por qué no había en Londres una plaza dedicada a ese hecho tan importante (al igual que la hay sobre Trafalgar), y por qué no figuraba Vernon en la historia británica como uno de sus grandes marinos, ni por qué los británicos habían continuado su expansión en América (en las posesiones "ex-españolas· que habían conquistado) después de su expulsión de USA, se limitó a decir que no sabía, pero que las monedas estaban ahí, "y no podían mentir" (sic).
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Última edición por Amenofis el Sab Jul 07, 2012 4:19 am, editado 5 veces en total

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NotaPublicado: Lun Dic 07, 2009 4:57 pm 
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Las consecuencias para Cartagena de Indias

Pues si alguien creía que esto tendría un buen final para don Blas de Lezo, está equivocado. No hay que olvidar nunca las envidias y el espíritu cainita entre españoles.

Las desavenencias entre el general y virrey don Sebastián de Eslava y don Blas de Lezo fueron constantes antes del asedio (aunque durante el mismo hubo cierta colaboración entre ambos), pero al final fue la táctica de Lezo, su moral y su ejemplo los que consiguieron la victoria.

Eslava no se lo perdonó. Le prohibió enviar informes a la Corona (en los que se quejaba de lo poco previsor de Eslava a la hora de prepararse para el asedio). En su lugar, envió otros en los que hacía ver que la victoria se debía a él que, además de a los ingleses, había tenido que enfrentarse a don Blas.

La Corona destituyó a Lezo, y se le relegó al olvido. Y quedó en el olvido durante muchos años este heroico marino, "medio hombre" de apodo, porque le faltaban (algunos, desde sus tiempos de guardiamarina) un ojo, un brazo y una pierna (es decir, tenía un miembro menos que Nelson, que "sólo" estaba tuerto y manco).

Lezo sufrió por poco tiempo este tratamiento tan injusto, pues el 7 de septiembre del mismo año 1741, a los cuatro meses de su victoria, falleció debido a su edad, a algunas heridas recibidas y, sobre todo, al enorme desgaste físico que sufrió durante el asedio.

Bastantes años después, la Corona reconoció su error, y concedió a su hijo y descendientes futuros el marquesado de la Real Defensa, quedando perpetuada de este modo, sus hazañas en Cartagena de Indias. Pero este título no se hizo extensivo a don Blas (al que se le podía haber concedido a título póstumo).

Colombia sí tiene reconocido como héroe nacional a Blas de Lezo, al que ha levantado un hermoso monumento en Cartagena de Indias:
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Sin embargo, en España son muy pocas ciudades las que tienen una calle dedicada a este héroe nacional. Madrid, por ejemplo, no la tiene (como ya dijimos), aunque hay una campaña de recogida de firmas para conseguirla (campaña a la que el alcalde, en 2009, no se ha dignado responder)
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Última edición por Amenofis el Jue Dic 26, 2013 7:26 pm, editado 4 veces en total

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NotaPublicado: Lun Dic 07, 2009 6:16 pm 
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Biografía de don Blas de Lezo Olavarrieta

Nació en el pueblo guipuzcoano de Pasajes, en la costa entre San Sebastián e Irún, 1687.

Sus padres le enviaron a estudiar a Francia. En 1701, a los 14 años, dio por terminados esos estudios. Al no haber plazas en la Armada española (entonces casi inexistente), ingresó como guardiamarina en la Marina francesa, siguiendo la política qua había establecido Luis XIV, de fomentar el intercambio entre las armadas de España (lo que quedaba de ella) y de Francia (no se olvide que ya era rey de España su nieto Felipe V, y que aún no había empezado la guerra de Sucesión).

En 1704, cuando estalla dicha guerra, el guardiamarina Blas de Lezo estaba alistado en la escuadra franco-española del conde de Toulouse, compuesta de 77 barcos (de ellos, 51 navíos). A la altura de Vélez Málaga entablaron combate con una escuadra anglo-holandesa (partidarios del archiduque de Austria), formada por 59 barcos y mandada por el almirante inglés Rooke. La batalla fue sangrienta, muriendo unas 3.000 personas por cada bando. Y don Blas obtuvo el grado de Alférez de navío por su valor al haberse mantenido en su puesto después de que una bala de cañón le arrancara la pierna izquierda. Tan joven empezaban ya sus mutilaciones, lo que no fueron obstáculo para que continuara su carrera en la Armada.

En los siguientes seis años demostró su valor y competencia como marino. Por el triunfo en el combate contra el “Resolution”, y por su aportación a la captura de dos barcos, fue ascendido a Teniente de navío con apenas 20 años. Destinado a la plaza de Tolón, perdió su ojo izquierdo en la defensa del castillo de Santa Catalina contra la escuadra anglo-holandesa del duque de Saboya. Una lasca de piedra fue la causante.

Por distintas acciones que supuso burlar la escuadra anglo-holandesa (a veces, recurriendo al método de prender fuego a alguno de sus barcos), fue ascendido en 1710, con 23 años, a capitán de fragata. Es decir, consiguió el grado, o empleo, equivalente a comandante a la misma edad que lo logró Francisco Franco dos siglos después.

Al mando de una fragata, en la escuadra de Andrés del Pez (1), capturó 11 buques ingleses en distintas acciones, incluido el navío de línea “Stanhope”, que duplicaba en fuerza a su fragata.

En 1714, formando parte de la escuadra de Andrés del Pez, participó en la reconquista de Mallorca, que dirigía Pedro Gutiérrez de los Ríos.

Ya de vuelta a la Real Armada (la marina española, que volvía a ser poderosa), ascendió en 1716 a Capitán de navío (con 29 años de edad), dándole el mando del navío “Lanfranco”. Fue destinado a la escuadra de los generales Bartolomé de Urdinzu, primero, y Juan Nicolás Martínez, que patrullaba los mares del Sur (océano Pacífico) para evitar la piratería y contrabando (principalmente, británicos) que ya empezaba a afectar seriamente a la economía española en la zona.

En 1723 se le ascendió a jefe de escuadra, dándole el generalato del mar del Sur. Al frente de su escuadra capturó seis navíos enemigos frente a Chile y Perú.

En Perú se casó en 1725, enviudando y volviendo a casarse en le mismo año.

En 1730 volvió a la península, a Cádiz. En 1731 se le destinó a una escuadra de 18 navíos y 7 fragatas, al mando del marqués de Mari, cuya misión era ayudar al infante Don Carlos (futuro Carlos III) a tomar posesión del reino de Nápoles. Surgió una disputa entre España y Génova, que retenía en sus bancos plata española. Lezo se presntó en el puerto genovés al mando de seis navíos de línea. No sólo volvió con la plata, sino que obligó a rendir honores a la bandera del Rey de España, bajo amenaza de bombardear la ciudad.

En 1732 fue segundo jefe de escuadra de la expedición contra Orán (27 vasos de guerra, además de barcos de transporte con 25.000 soldados), mandada por el teniente general Francisco Cornejo. Esta expedición estaba compuesta por doce navíos, dos bombardas, siete galeras, dos galeotas y cuatro bergantines. Los defensores, al ver las naves, huyeron, entregando sin lucha la plaza amurallada y cinco castillos.

El pirata Bay Hassan asedió uno de los castillos, que fue liberado por Lezo al frente de seis barcos y 5.000 hombres. Persiguió a la nave capitana argelina hasta la ensenada de Mosnagán, donde incendió el barco enemigo y bombardeó los castillos. En 1734, cuando patrullaba el Mediterráneo en busca de los refuerzos que habían pedido los argelinos a los turcos, tuvo que regresar a Cádiz a causa de una epidemia producida por comida en mal estado. Le recibió el rey, personalmente, y le ascendió a Teniente General de la Armada.

En 1736, ya repuesto, don Blas solicitó el mando de una flota, que se le concedió. Partió en 1737 al frente de dos navíos de línea (“Fuerte” y “Conquistador”) con destino a Cartagena de Indias.

Allí, como Comandante general de Cartagena de Indias, tuvieron lugar los hechos ya relatados en la guerra de la Oreja de Jenkins, en los años 1739, 40 y 41.

De resultas de la batalla de Marzo a mayo de 1741, don Blas resultó herido, muriendo cuatro meses después, a la edad de 54 años. Con él, España perdía uno de los mayores héroes y de los mejores militares y marinos de su historia.

(1) Los tratados le llaman "de Pez", pero doy fe de que, en esa época, era una forma abreviada de escribir "de Pérez" (que sería, probablemente, su verdadero apellido, a pesar de que este error se ha ido transmitiendo desde los historiadores de aquellos días hasta los de los nuestros).

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A mí me parece, Señor, que no tengo otra cosa buena sino ser español (Catalina de Erauso, "la Monja Alférez", a un Cardenal)


Última edición por Amenofis el Jue Dic 26, 2013 7:30 pm, editado 4 veces en total

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