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NotaPublicado: Lun Feb 01, 2016 10:16 am 
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El origen del toque de oración en los ejércitos españoles

Yo creí que ya estaba puesto en el foro, pero no lo encuentro, lo que me hace pensar que lo puse en otro sitio.

Lo que viene a continuación puede ser historia, o puede ser leyenda. pero con frecuencia, y cuanto más nos remontamos al pasado, más ocurre, se mezclan tradiciones, mitos e historia. Por eso, aquí voy a contar lo que dice la tradición militar sobre este toque.

Empecemos por decir que, aunque hay antecedentes de toques muy antiguos (incluso en las legiones romanas), no los hay sobre un toque dedicado específicamente a los caídos en combate y que, hasta donde yo sé, tampoco se conoce, en la Edad Media, ningún toque dedicado a este menester.

La referencia más antigua está en el mismo día de la batalla de Ceriñola (Italia), 27.4.1503. Las tropas del Gran Capitán, en inferioridad numérica, habían obtenido una sonada y rotunda victoria sobre las francesas, mandadas por el Duque de Nemours, quien perdió la vida durante el combate.

El Gran Capitán colocó a su derecha a su veterana infantería, mandada por Pizarro, padre del conquistador de Perú, formando en cuadro. En el centro, los piqueros alemanes, también en formación de escuadrón. En la izquierda, la caballería pesada mandada por Diego García de Paredes. Delante de estas formaciones, colocó la caballería ligera, y sus cuatro piezas de artillería, al mando Pedro Navarro, estaban en posición tras un parapeto que habían preparado ex-profeso.

Los franceses iniciaron el combate con una carga de su caballería pesada, que fue rechazada por la artillería, pero que provocó el incendio del polvorín español. Esto produjo un cierto titubeo en el ejército del Gran Capitán, pero éste lo aprovechó para arengarles con esta frase: "¡Ánimo, compañeros, esas son las luminarias de la victoria!”.

Aprovechando el incendio, se produjo un nuevo ataque de la caballería francesa, que volvió a fracasar. Nemours, seguro de su superioridad numérica y la de su caballería pesada, atacó de nuevo de flanco. Los arcabuceros españoles les produjeron muchas bajas, y en esta fase de la batalla, perdió la vida el Duque de Nemours.

Le relevó en el mando francés el suizo Chandieu, que intentó atacar al cuadro central de piqueros alemanes, siendo muy castigado tanto por las picas alemanas, como por los arcabuceros españoles, que se centraron en los flancos del ataque francés. Chandieu murió en este ataque, y los franceses se retiraron.

Entonces, el Gran Capitán vio llegado el momento de explotar el éxito. Con un ataque general, diezmó y dispersó el ejército francés.

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A mí me parece, Señor, que no tengo otra cosa buena sino ser español (Catalina de Erauso, "la Monja Alférez", a un Cardenal)


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NotaPublicado: Lun Feb 01, 2016 10:39 am 
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El hecho que conmovió al Gran Capitán

Lo que viene a continuación está recogido por 'Las Crónicas Manuscritas' de aquellos años:

Ya casi entre dos luces, D. Gonzalo Fernández de Córdoba celebraba en su tienda, con una buena cena, la victoria lograda. Estaba en un lugar muy próximo al campo de batalla, junto al Cerro de Ceriñola, en campos todos sembrados de viñas. A la cena asistían sus capitanes y otros oficiales.

Uno de sus pajes, que les servía la cena, de nombre Vargas, llevaba sobre su jubón una rica vestidura (llamada "jorbea"), impropia de un paje. El Gran Capitán le preguntó de dónde la había sacado. Vargas empezó a titubear, y terminó confesando que, durante el combate, vio a un caballero herido, al que derribó de su caballo, le quitó el yelmo, reconoció al Duque, le remató en tierra, y le desnudó (que era la costumbre en aquellos tiempos, en que la ropa era un bien preciado), repartiéndose la ropa con un soldado que estaba junto a él. Eso sí, tuvieron el detalle de tapar las partes más íntimas del duque con unas tejas y otros cascotes que encontraron por allí.

D. Gonzalo le preguntó si sabía en dónde había quedado el cuerpo. Vargas le dijo que sí. Entonces, se suspendió la cena, y pidió que le llevara hasta el cadáver del Duque. Ya de noche, a la luz de hachones, llegaron hasta el cadáver. Y el Gran Capitán, a pesar de sus casi 30 años de combates continuados, se emocionó al ver aquél cuerpo inane de un joven de 28 años, hasta hace tan pocas horas vivo y lleno de gallardía. ¡Qué no habría visto en su vida el Gran Capitán en tantos campos de batalla! ¿Es que no estaba ya acostumbrado al olor de la muerte? .... Pero aquella visión le conmovió, quizás por primera vez en su vida en un campo de batalla. Él, y todos sus acompañantes, se arrodillaron ante el cadáver.

Mandó inmediatamente que trajeran de su tienda sus mejores galas, con ellas hizo vestir al Duque, y con toda solemnidad, en silencio, le llevaron a su campamento y le rindieron honores militares. Aparte de sus ropas, D. Gonzalo costeó personalmente aquellas honras fúnebres, para las que cedió los mejores adornos de su tienda. Mandó emisarios al campamento francés por ver si querían se les entregase el cuerpo del Duque, o preferían que fuera en el campamento español donde se le rindiesen honras fúnebres. Le dijeron que preferían hacerlas ellos.

Y así se hizo. El ataúd, forrado de terciopelo negro, a hombros de capitanes españoles, escoltado por cien lanzas (caballería ligera), fue entregado al ejército francés.

Aparte de ello, pagó medio real a quien enterrara a cada francés (de los del ejército español ya se encargaban sus compañeros), y en ello se afanaron los habitantes de la región. Las pérdidas francesas superaban en razón de 30 a 1 a las españolas.

Y por último, El Gran Capitán, conocedor de los riesgos de contraer enfermedades en aquella época de pestilencias, y de las dificultades del viaje por tierra, regaló al ejército francés dos “carracas”, llamadas "La Negrona" y "La Charranta", que había apresado en las costas de Nápoles, para que pudieran regresar por mar a Francia.

Luis XII, el Rey de Francia, envió una carta que también consta en las Crónicas:

"No tengo por afrenta ser vencido por El Gran Capitán de España, porque merece que le dé Dios aun lo que no fuese suyo, porque nunca se ha visto ni oído capitán a quien la victoria haga más humilde y piadoso".

Fernando el Católico, por su parte, y siempre tan "agarrado", escribió al Gran Capitán recriminándole el regalo de las dos embarcaciones al enemigo. El Gran Capitán le respondió:

"Si nuestras fueran, se las diéramos; a Dios le gusta más usar de la Misericordia que de la Justicia. Imitémosle en ello, ya que nos ha dado la victoria".

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A mí me parece, Señor, que no tengo otra cosa buena sino ser español (Catalina de Erauso, "la Monja Alférez", a un Cardenal)


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NotaPublicado: Lun Feb 01, 2016 10:40 am 
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Registrado: Sab Dic 27, 2008 10:55 am
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El toque de oración

El Gran Capitán pasó aquella noche pensando sobre lo que había presenciado.

Y, según la tradición, al día siguiente ordenó que, desde entonces y a la puesta del sol, se dieran en sus ejércitos tres “toques largos” de "caja de guerra" (que era como entonces se llamaba al tambor). Estos toques se darían en memoria de todos los caídos en combate, tanto de sus ejércitos, como de sus enemigos. Algunos añaden que estos toques deberían estar suficientemente espaciados entre sí como para permitir rezar un Padrenuestro completo durante este homenaje a los caídos.

Quizás se inspiró en una tradición que ya existía desde muchos siglos antes en la Iglesia, que eran los tres toques de campanas diarios, al alba, mediodía y puesta de sol. Este último, se llamaba de oración, y se dedicaba a las almas de los difuntos. Lo que hizo el Gran Capitán, según la tradición, fue ligar un toque de este tipo al recuerdo de los caídos de todos los ejércitos.

Esta tradición se extendió por todos los ejércitos españoles desde entonces. Y después, lo fueron incorporando el resto de los ejércitos occidentales, hasta el presente.

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NotaPublicado: Mar Feb 02, 2016 9:30 am 
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Registrado: Mié Abr 28, 2010 2:31 pm
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Muchas gracias Amenofis por tu estupenda aportación. Desconocía la historia y tras haber leído tus líneas mi admiración por nuestro Gran Capitán ha ganado aún muchos más enteros.

La muerte, inevitablemente, va ligada a la milicia y, como bien cantan nuestros Legionarios es la más Leal Compañera cuando se ha jurado dar la vida por la Patria.

También los falangistas que formaron por miles en la División llevaban en su propio Himno su referencia a la muerte y su disposición a dar la vida si fuera preciso.

El toque de oración, en cualquier acontecimiento militar, es uno de esos momentos que le ponen a uno los pelos de punta. O al menos, debería ponerlos, porque es la forma de recordar en la actualidad a todos los que en tiempos pretéritos dieron la vida por la Patria.

Un bonito texto y una gran aportación. Un fuerte abrazo.

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¡Honor y Gloria a los Caídos!


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