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Bernardo de Galvez . Oleo realizado por Salvador Maella Colección privada (De Haya Galvez)

Bernardo de Gálvez y Madrid, I conde de Gálvez y vizconde de Galvestón (Macharaviaya, Málaga, 23 de julio de 1746 – Tacubaya, México, 30 de noviembre de 1786) fue un militar y político español, héroe de Pensacola e hijo de otro militar, Matías de Gálvez y Gallardo.

Bernardo de Gálvez nació en Macharaviaya, un pueblo de montaña situado hoy en la provincia de Málaga, España, el 23 de julio de 1746. Estudió la carrera militar en la Academia de Ávila y con la edad de 16 años participó en la guerra contra Portugal, donde alcanzó el grado de teniente. Llegó a Nueva España en 1762 como capitán del Ejército Real, y llevó a cabo una campaña contra los apaches, aliado con los indígenas ópatas. Recibió múltiples heridas, algunas muy serias. En 1770 ya había conseguido el grado de comandante de Armas de Nueva Vizcaya y Sonora, provincias del norte de Nueva España, actualmente Nuevo México.

En 1772, en compañía de su tío José de Gálvez vuelve a la Península Ibérica y es destinado a Pau (Francia) con el regimiento de Cantabria, donde aprende a hablar francés, que le sería muy útil después, en la Luisiana. Destinado a Sevilla en 1775, participa en la desastrosa expedición contra Argel de 1775 capitaneada por Alejandro O'Reilly donde, durante la conquista del fuerte que defendía la ciudad, es gravemente herido de nuevo. Ese mismo año consigue el ascenso a teniente coronel y llega a ser profesor en la Academia de Ávila.

España apoyó desde el principio la Guerra de Independencia de los Estados Unidos mediante Bernardo de Gálvez, quien negoció directamente con Thomas Jefferson, Patrick Henry, Oliver Pollock y Charles Henry Lee. Gálvez bloqueó el puerto de Nueva Orleans para que los navíos británicos no pudiesen utilizar el río Misisipi y también facilitó el tránsito de los rebeldes americanos a través de todo el territorio al sur de la zona de guerra, ayudando al envío de armas y municiones destinadas a las tropas americanas de George Washington y George Rogers Clark.

En 1779 el capitán general de la Luisiana española asaltó las guarniciones inglesas de la Luisiana Oriental: Manchac, sin una sola baja, Baton Rouge y Natchez liberando la cuenca baja del río Mississipi de fuerzas inglesas que pudieran hostigar su capital, Nueva Orleans.

En 1781, aprovechando la mayor velocidad de los correos marítimos españoles, es informado de un nuevo comienzo de hostilidades entre España e Inglaterra. Toma las plazas de Mobila y Panzacola. Poco tiempo después, Gálvez se apoderó de la isla Nueva Providencia en las Bahamas, abortando el último plan británico de resistencia, con lo que mantuvo el dominio español sobre el Caribe y aceleró el triunfo de las armas norteamericanas. Siendo Jamaica el último reducto inglés de importancia en el Caribe, Gálvez se dispuso a organizar un desembarco sobre la isla y sumarla a los territorios bajo soberanía española, pero en mitad de los preparativos lo sorprendió el fin de la guerra.

La consecuencia para España fue la recuperación de las dos Floridas (Florida Occidental y Florida Oriental), lo que hizo que los ingleses se quedaran sin plazas en el Golfo de México, exceptuando la isla de Jamaica. Por la recuperación de la Florida Occidental fue recompensado con los grados de mariscal de campo y teniente general-gobernador del territorio conquistado. El rey Carlos III le concedió el título de conde de Gálvez, y le permitió incluir en sus armas el lema: Yo solo, en reconocimiento por la toma de Pensacola.

Su intervención se consideró tan decisiva para el triunfo de las tropas americanas que durante la parada militar del 4 de julio, desfiló a la derecha del mismísimo George Washington en reconocimiento a su labor y apoyo a la causa americana.

Oficialmente se confirmaría la vuelta al gobierno español de las dos Floridas en el Tratado de Versalles (1783). Esta actuación le valió el grado de teniente general y en 1783 los títulos de vizconde de Gálvezton y conde de Gálvez. Ese mismo año regresa a España, pero vuelve a las Indias el año siguiente, como gobernador y capitán general de Cuba. Al poco tiempo de estar en La Habana, fallece su padre, Matías de Gálvez y Gallardo (17 de junio de 1785), virrey de Nueva España, y es promovido a virrey, cargo del que toma posesión el 17 de junio de 1785, pero muere en Tacubaya, el 30 de noviembre de 1786, se sospecha que envenenado.

Entre las muchas cosas que hizo durante su corto mandato como virrey (iluminación de calles, proseguir las obras del palacio de Chapultepec, destinar a beneficencia el 16% del producto de la Real Lotería y otros fondos de multas) destaca su apoyo a la ciencia, como corresponde a un hijo de la Ilustración, patrocinando la expedición de Martín de Sessé y Vicente Cervantes, que llevó a España un completísimo catálogo de diversas especies de plantas, aves y peces.

Sus restos fueron trasladados hasta la capital y reposan en la iglesia de San Fernando en la Ciudad de México.

A pesar de la envergadura y mérito de las acciones de Bernardo de Gálvez, en España se mantuvo desconocido por la gran mayoría de la gente durante décadas y décadas. En el siglo XXI, en 2008 concretamente, se crea una Asociación Cultural Bernardo de Gálvez en Málaga,1 y se comienzan a estrechar los lazos entre ésta y Macharaviaya y las ciudades de Galveston y Pensacola, en Estados Unidos. La figura del general español parece estar cobrando actualmente la importancia que merece, aún más notablemente desde el año 2012, cuando se ha producido el hermanamiento entre la estadounidense Pensacola y la española Macharaviaya.

En su honor se ha erigido la Estatua ecuestre a Bernardo de Gálvez en Washington, DC, calles Virginia y 22. realizada por el esc8ultor español Juan de Avalos

Dos documentos, localizados por la Asociación Bernardo de Gálvez, con fecha 8 de mayo de 1783 (aniversario de la Batalla de Pensacola), acreditan el agradecimiento del Congreso de los EE.UU. a la ayuda que el Reino de España prestó al pueblo norteamericano y honrar en especial a Don Bernardo de Gálvez con un retrato en las paredes del Capitolio por su destacada participación en la Guerra de Independencia. La misma ha sido ratificada en el Congreso de los EE.UU. y se ha entregado un retrato, obra de Carlos Monserrate Carreño, copia exacta del cuadro de Bernardo de Gálvez realizado en 1784 y atribuido a Mariano Salvador Maella, siendo así el primer español en colgar de los muros del Capitolio.

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Tropas españolas cargan contra los ingleses en el fuerte del «Rey Jorge»

España / DEFENSA/HISTORIA MILITAR
Gálvez: el marino español que se aventuró «solo» contra las defensas inglesas de Florida
ESTEBAN VILLAREJO/MANUEL P. VILLATOROabc_es / MADRID
Día 25/07/2014 - 15.32h
En una batalla clave para la independencia de EE.UU., el malagueño entró con 4 navíos en una bahía repleta de navíos británicos: «El que tenga honor y valor que me siga», dijo
Gálvez: el marino español que se aventuró «solo» contra las defensas inglesas de Florida
US ARMY CENTER FOR MILITARY HISTORY
Tropas españolas cargan contra los ingleses en el fuerte del «Rey Jorge»

El país que estos días dirime entre Obama o Romney vivió en Pensacola una batalla decisiva para su independencia. Y, fíjense por donde, aquella lid de 1781 fue librada y ganada por la Infantería de Marina de la siempre olvidadiza España. Una vez más las casacas rojas de la Pérfida Albión se cruzaban en el rumbo de nuestra Historia. Esa vez, al inglés le tocó perder.

El de Pensacola, en tierras de la Florida occidental, fue un desembarco audaz y osado dada la dificultad de acceder a su bahía. Una empresa temeraria que, exitosa finalmente, alumbraría para siempre el arrojo (cojones, que se dice ahora) de uno de los personajes más influyentes y desconocidos de la Historia común de España y de EE.UU: Bernardo de Gálvez Gallardo Madrid, vizconde de Galvestón y conde de Gálvez. Tras aquel fuego de Pensacola su escudo de armas siempre luciría el lema de «Yo Solo», porque así fue cómo entró en el bastión inglés de la Florida: «El que tenga honor y valor que me siga».

«Para entender el desembarco de Pensacola, antes debemos remontarnos a la Guerra de los Siete Años (1756-1763), ganada por el Reino Unido a una coalición de naciones entre las que se encontraba Francia y España», relata José María Moreno Martín, jefe de la sección de Cartografía del Museo Naval, que este mes exhibe como «pieza destacada» un mapa en ocho viñetas sobre la batalla de Pensacola.

Tras esa guerra, la España de Carlos III y la Francia de Luis XV, y después Luis XVI, aguardaban avizor una primera oportunidad para devolver el golpe a Inglaterra. Y esa vino con la sublevación de las Trece Colonias (1775) que para sufragar las guerras de la metrópli veían cómo sus cargas impositivas aumentaban sin cesar. La gota que colmó el vaso fue el nuevo impuesto del té, que originó un motín en Boston.
España ayudó con dinero a los rebeldes norteamericanos desde el inicio
España desde el primer momento ayudó económicamente a los rebeldes norteamericanos llegando a pertrechar a 30.000 rebeldes con sus uniformes, fusiles y 216 cañones, pero... ¿debía intervenir militarmente como hizo posteriormente la Francia de Luis XVI tras la insistencia de Benjamin Franklin? He ahí el dilema del Rey Carlos III. «España se encontraba en una posición más delicada. Por un lado nos encontramos con las tesis del Conde de Floridablanca, que abogaba por mantenerse neutral so pena de desencadenar un efecto dominó de independencias en las colonias españolas americanas. Por otro lado, el Conde de Aranda, embajador de España en París, veía en el apoyo a las Trece Colonias una oportunidad idónea para recuperar Gibraltar», explica Moreno Martín.

Definitivamente se impusieron las tesis del Conde de Aranda y en 1779 España declaró la guerra a Gran Bretaña. Ya nada sería igual en la Guerra de Independencia de las Trece Colonias: Inglaterra se vería obligada a dividir esfuerzos en el Canal de la Mancha (contra Francia), el Mediterráneo (contra España) y el Golfo de México, donde Inglaterra había arrebatado años antes a España algunas plazas marítimas como era el caso de Pensacola, también conocida como San Carlos de Panzacola. Conclusión: las fuerzas de la guerra por la Independencia de las Trece Colonias se niveló. Por un lado, Reino Unido (120 navíos y 100 fragatas) y, por el otro, Francia (60 navíos y 60 fragatas) y España (60 navíos y 30 fragatas).

Es aquí donde saldrá a relucir el ingenio del entonces gobernador de la Luisiana, el malagueño Bernardo de Gálvez (Macharaviaya, 1746 - Tacubaya, en Ciudad de México,1786) quien comenzó a forjar su leyenda militar como capitán en tierras de Nueva España, llevando a cabo una campaña contra los indios Apaches. Con 24 añitos y heridas a doquier, el futuro «Yo Solo», ameritaba ya el galón de comandante de armas de Nueva Vizcaya y Sonora (aproximadamente el actual estado de Nuevo México). El héroe militar español en tierras del ahora EE.UU. forjaba su leyenda, aunque antes regresaría a España para participar en la fallida expedición de Argel (1775), foco central de la piratería en el Mediterráneo.

En su vuelta a América en 1776 Bernardo de Gálvez es destinado a la plaza de Luisiana. Y es por eso que cuando España decide librar batalla a Inglaterra en el Golfo de México todas las venturas se dirigen hacia él. Fijó como objetivo recuperar Pensacola; antes caerían las posesiones británicas de Manchac y Baton Rouge -en la desembocadura del río Mississipi- o Mobila (1779). El círculo se estrechaba así en torno a la capital de la Florida. Sin embargo, su disposición geográfica y su estrecho con escasa profundidad impedía acometer la empresa.

«Se trataba de una operación bastante complicada, por no decir inverosímil», destaca el jefe de cartógrafos. Un 28 de febrero de 1781 partía desde La Habana la expedición española con 36 buques de guerra con José Calvo Irazábal como de jefe de la escuadra. En sus tripas los ansiosos infantes de Marina aguardaban el desembarco. Por tierras otras tropas españolas y después francesas esperaban el desembarco para envolver la plaza de Pensacola.

En este momento nos dirigimos de nuevo al Museo Naval de Madrid. En el mapa de 8 viñetas que se exhibirá durante dos meses más como «la pieza detallada» (encargado a raíz del informe de la toma de Pensacola «con la clara intención de narrar la historia de una batalla») observamos en su parte central a los navíos españoles frente al escenario de la batalla. La ciudad de Pensacola en su bahía y la isla de Santa Rosa en la bocana de acceso, formando un estrecho con la posición fortificada de Barrancas Coloradas, desde donde provenía el principal riesgo de la empresa.

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ARCHIVO DEL MUSEO NAVAL-MAPA PENSACOLA

La toma de la isla de Santa Rosa

El trabajo se auguraba duro, ya que, para llegar hasta su objetivo, la escuadra tenía que pasar a través de un estrecho flanqueado por dos baterías de cañones. Una sentencia de muerte sin duda. Por ello, Bernardo de Gálvez se decidió a tomar el fuerte de la isla de Santa Rosa para así evitar ser aniquilados por un fuego cruzado.

Con valentía, las tropas del malagueño desembarcan en el terreno dispuestas a derramar sangre inglesa pero, para su sorpresa, la fortaleza estaba desmantelada. «Consiguieron tomar la isla sin ninguna baja y sin ningún disparo», sentencia Moreno Martín. La moral aumentó pues, para entrar hacia la bahía de Pensacola, ya sólo tenían que pasar a través de la batería de las Barrancas Coloradas.
«Yo solo»

«Una vez conseguido esto, lo que pretendía Bernardo de Gálvez es pasar con toda la escuadra, eso sí, lo más cerca posible de la isla (ya española) para evitar el fuego de las Barrancas Coloradas», afirma el jefe de la sección de Cartografía. La empresa comenzaba a tomar forma, pero, al aventurarse por el estrecho, el fondo del casco del navío en el que viajaban el malagueño y Calvo (el San Genaro), tocó en el suelo: tenía demasiado calado para pasar. Por ello, fue necesario salir a aguas más profundas para no quedar encallados.

En ese momento comenzaron las discrepancias pues, mientras Gálvez quería entrar en la bahía y tomar Pensacola, José Calvo (al mando de la escuadra), se negaba en rotundo a atravesar el estrecho. Y es que argumentaban, no sin razón, que no se conocía bien el terreno y que una peligrosa tormenta tropical se aproximaba hacia el lugar. Además, la batería situada en el fuerte de las Barrancas Coloradas seguía activa y, en el caso de que un navío quedara encallado, toda la escuadra podría sufrir su fuego y ser seriamente dañada.

Para Gálvez, en cambio, no había opción. El marino subió a bordo de un bergantín llamado «Gálveztown» (un barco con menor calado que el «San Genaro») y se dispuso a llevar a cabo una de las mayores heroicidades de la Historia española: entrar sólo en la bahía pasando a través del fuego enemigo. Sus últimas palabras quedarían grabadas en la historia: «Una bala de a treinta y dos recogida en el campamento, que conduzco y presento, es de las que reparte el Fuerte de la entrada. El que tenga honor y valor que me siga. Yo voy por delante con el Galvez-town para quitarle el miedo».

No había vuelta atrás, Gálvez enarboló la bandera de Comandante y entró en el puerto junto dos pequeñas cañoneras y un buque de transporte. En contra de lo que se puede pensar, no sufrió serios daños por parte de las baterías enemigas y, además, atrajo el fuego sobre sus barcos. «De aquí es donde viene la leyenda que se puede leer en su escudo de armas: ‘Yo Solo’, porque pasó sin que le siguiera en principio ningún comandante», explica Moreno. «Después pasó toda la escuadra, ya que había buques que hacían frente al fuego de las Barrancas Coloradas y podían atravesar la zona con seguridad» determina el experto.
La marcha de Calvo y la llegada de refuerzos

Tras la entrada en la bahía de Gálvez, el resto de buques se decidieron a seguirle. ¿Todos? No. Hubo uno que se retiró, y es, según fuentes históricas, el navío en el que se encontraba José Calvo. Al parecer, el oficial decidió volver a La Habana tras ver el éxito del malagueño. Definitivamente, su misión había acabado, como más tarde le haría saber Gálvez mediante una misiva.

Antes de llegar a su destino, sin embargo, se detuvo en Matanzas (Cuba) donde preparó minuciosamente su defensa ante las posibles acusaciones que sufriera al llegar a territorio español. ¿Se apoderó la vergüenza de él?, probablemente, pero nunca se supo a ciencia cierta. Lo que es cierto es que, al partir, dejó a la flota española sin su navío, un gran activo en la contienda.

Tras el ataque inicial, y como estaba planeado, una fuerza terrestre española tomó posiciones para ayudar a asediar Pensacola. Pero esos no serían los únicos refuerzos que recibiría Gálvez. «Ese mes llegó una nueva escuadra de navíos, en un principio se pensaban que era enemiga y que venía a ayudar a los sitiados en Pensacola, pero descubrieron que eran españoles comandados por José Solano y Bote que acudían a socorrer a Gálvez», destaca Moreno. Con esta flota eran ya casi 8.000 los hombres preparados para iniciar el asedio en contra de los 3.000 ingleses.

Además, a los asaltantes también se les unieron cuatro fragatas francesas con casi 800 soldados. Y es que, Francia quería aportar también en esta batalla su pequeño granito de arena (o de pólvora), para favorecer la expulsión de Florida de los ingleses y, por lo tanto, luchar a favor de la independencia de los colonos.
La caída de Pensacola

Tras la entrada en la bahía, todo dependía ahora de las fuerzas terrestres, comandadas por José de Ezpeleta. Este, tenía órdenes de tomar los tres fuertes que defendían Pensacola: el de la «Media Luna», el del «Sombrero» y el del «Rey Jorge». «El siguiente episodio se produjo cuando las fuerzas españolas consiguieron tomar la fortaleza de la Media Luna, donde murieron 52 británicos», explica el jefe de Cartografía.

«A partir de ahí consiguieron pasar a la del Sombrero, luego a la del Rey Jorge y asaltar por detrás la ciudad», finaliza Moreno. La misión tocó a su fin, pues en menos de diez días Pensacola se rindió a los españoles. Las Barrancas Coloradas fueron las siguientes en abandonar la defensa, y es que, tras la caída de la ciudad, poco tenían que hacer ante el arrojo de Gálvez.

Una vez finalizada la contienda un nuevo enemigo se asomó entre las nubes: un huracán que causó grandes problemas a los españoles entre el 5 y el 6 de mayo de 1781, como bien puede apreciarse en una de las últimas viñetas del mapa. «Se puede ver como el autor dibuja una mar rizada y los barcos inclinados con sensación de movimiento», sentencia el experto. Sin embargo, no hubo que lamentar grandes daños, ya que los buques se retiraron de la costa y acudieron a proteger la entrada de la bahía frente a posibles refuerzos ingleses.
Gálvez: el marino español que se aventuró «solo» contra las defensas inglesas de Florida

A pesar de las pocas bajas que sufrieron los dos bandos durante esta contienda (74 españolas por 145 inglesas), sin duda la de Pensacola fue una de las batallas que favoreció la independencia de los EE.UU. Y es que, gracias a la toma de la ciudad, se abrió otro frente para los ingleses, que se vieron obligados a destinar soldados a las inmediaciones de la zona descuidando en cierta manera la lucha contra los colonos.

La hazaña le valdría a José Solano y Bote el título de «Marqués del Socorro» por la ayuda prestada. A su vez, Gálvez recibiría gracias a la toma de Pensacola el nombramiento de mariscal de campo, además de un título que no le abandonaría jamás… «Yo solo».

En la España descafeinada de hoy, apenas nadie recuerda aquellos avatares acaecidos en la Florida a fines del siglo XVIII. Si preguntáramos en un instituto, Universidad o redacción de periódico (sí, también) qué es Pensacola nos sorprenderíamos con la respuesta. Eso será en España, porque en EE.UU. aún tienen claro que sin el arrojo de Bernardo de Gálvez quizás todo habría sido diferente.

PD- No se pierdan las conferencias sobre el Mapa de la Batalla de Pensacola los próximos 25 de noviembre y 30 de diciembre en el Museo Naval de la Armada, en Madrid.

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4 PREGUNTAS al Comandante General de la Infantería de Marina, Pablo Bermudo y de Espinosa (General de División)
E.V./M.P.VMADRID


1ª. ¿Qué importancia tiene la Batalla de Pensacola para la Armada de hoy y la Infantería de Marina en particular?

Lo más destacable es, sin duda alguna, la trascendencia de haber participado de una manera directa y decisiva en el proceso de independencia de los Estados Unidos de América. Este vínculo histórico continúa presente hoy en día y se pone de manifiesto en las excelentes relaciones existentes entre la Fuerzas Armadas de ambos países, y en particular de la Infantería de Marina y el Cuerpo de Marines estadounidense.

2ª.¿Por qué cree que es tan desconocida en España esta batalla, por otra parte vital para la independencia nada menos que de EE.UU.?

A diferencia de lo que ocurre en EE.UU y en otros países de nuestro entorno, la atención prestada hacia la historia militar en España constituye todavía una asignatura pendiente en todos los ámbitos del sistema educativo. Nuestro pasado está repleto de hechos gloriosos de los que debemos sentirnos orgullosos, ya no solo como militares, sino como españoles y que deben ser rescatados del «baúl de los recuerdos» dado que constituyen un excelente ejemplo de valores tan importantes y necesarios hoy en día como son el honor, el valor, la disciplina y la lealtad.

3ª. ¿Cómo eran aquellos infantes de Marina del último tercio de siglo XVIII?

Me atrevo a decir que el lema actual del Cuerpo de Infantería de Marina define perfectamente cómo eran aquellos infantes de finales del Siglo de las Luces, unos «valientes por tierra y por mar».

4ª.¿Cómo definiría la personalidad y visión militar de Bernardo de Gálvez?

El carácter expedicionario que ha caracterizado a la Armada y, en particular a la Infantería de Marina prácticamente desde su creación en 1537 (recordemos que es la más antigua del mundo) ha marcado la personalidad de todos sus miembros desde siempre. Bernardo de Gálvez fue un militar destacó por su extraordinario valor y honor, virtudes humanas que han movido muchas veces la rueda de nuestra historia.

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Se espera la presencia del Rey de España Felipe VI en el Capitolio , para colgar el oleo de este español copia del de Salvador de Maella, que ha sido regalado al senado norteamericano por la Asociación Cultural Bernardo de Gálvez de Malaga, para dar cumpliiento a una orden de mayo de 1873 en la que sde aprueba la colocacion en la sala donde se reune el congreso americano.

UNA LUCHADORA LO HA CONSEGUIDO DESPUES DE 331 AÑOS. Teresa Valcarce mas conocida como Tere "Maripancartas". Merece la pena leer como lo ha conseguido.

https://dub109.mail.live.com/mail/ViewO ... n=23167183

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El siguiente artículo -que copio- describe la historia que ha llevado al Senado USA a rectificar la deuda histórica que tenía con D. Bernardo de Gálvez.

Estados Unidos... ¿de España?

Publicado: 21/07/2014 07:05

http://www.huffingtonpost.es/guillermo- ... _hp_ref=tw


El Comité de Ética del Senado estadounidense acaba de dar luz verde para que se cuelgue en el Capitolio un retrato de Bernardo de Gálvez; el malagueño alegre y sencillo que fuera gobernador de Luisiana, virrey de Nueva España, comandante en jefe de todas las fuerzas del Caribe (incluida la armada francesa) y héroe de la independencia norteamericana con una talla equiparable al Marqués de Lafayette. ¡Un momento! ¿Gálvez? ¿El Capitolio? ¿A alguien le suena de algo este pavo? ¿No?, pues no me extraña. A mí tampoco me sonaba de nada.

Sólo cuando empecé a documentarme para escribir el libro A Cien Millas de Manhattan, caí en la cuenta de la inmensa contribución de nuestro país a la construcción de Estados Unidos y de lo poco que sabemos de ello. Vamos, que no to tenemos ni idea. Ni los norteamericanos, ni los españoles. La historia la escribieron los ingleses y se encargaron de quedar bien ellos y dejarnos mal a nosotros. Pero ahora Gálvez nos brinda la oportunidad de resarcirnos. Y vamos a utilizarla.

Esta es la historia de Teresa Valcarce, más conocida como Tere "Maripancartas" (debido a su adición a manifestarte en favor de causas justas), que es la española residente en Washington DC que ha provocado la buena nueva, y de la necesidad de que el rey Felipe VI, cuando venga en septiembre a la asamblea de la ONU, en su primer viaje oficial a Estados Unidos, se traiga un martillo y un clavito de acero especial para paredes de pladur - que es lo que aquí se trabaja - para colgar personalmente el cuadro. ¿Por qué lo digo? Porque ese martillazo real puede conseguir que el legado español empiece a encontrar el reconocimiento que se merece en un país en el que, no nos olvidemos, las dos terceras partes de su territorio actual estuvieron un día bajo bandera española.

Así es: al pensar en la gesta de los conquistadores en América, solemos imaginarlos siempre en México o en las selvas de Perú. Hasta que cae en manos de uno Banderas Lejanas y descubre que españoles fueron los primeros europeos que avistaron el Cañón del Colorado, cruzaron el río Misisipi, atravesaron las grandes praderas o llegaron a Alaska. Una fabulosa narración en la que Fernando Martínez Laínez y Carlos Canales Torres dejan claro que, "mucho antes de que Estados Unidos existiera como nación, España había conquistado ya el Far West y combatido o pactado con las principales tribus indias que luego el cine de Hollywood haría famosas."
Pero es que, además, España tuvo un papel preponderante en la consecución de la independencia de Estados Unidos. Atención, pregunta: En el primer desfile de la victoria norteamericano del 4 de julio de 1783, ¿quién estaba a la derecha de Washington? Respuesta: Bernardo de Gálvez, vecino de Macharaviaya (un pueblito de 500 habitantes a 30 minutos de Málaga ciudad). Bueno, pues ná. ¿Y qué pintaba este paisano allí? Simplemente que se lo merecía.

Este militar que había dado nombre a una ciudad en Texas y a una bahía en el golfo de México (Galveston, derivación de Galvez town, que es la traducción inglesa de ciudad de Gálvez) ganó dos batallas definitivas para la victoria de los patriotas norteamericanos. Primero en Pensacola (hasta poco antes Panzacola), capital de una Florida que llevaba siendo inglesa desde 1763. Allí Bernardo hizo la machada de entrar en la bahía con su barco en solitario, forzando al resto de los navíos a seguirle. Por su hazaña, el rey le permitió lucir en su escudo de armas la leyenda YO SOLO. Y, finalmente, en Yorktown, estado de Nueva York, donde la estrategia militar de Gálvez consiguió ponerle punto y final a la American Revolucionary War.

El general Washington declaró que sin el apoyo de la Spanish Armada - la flota más poderosa del mundo en el siglo XVIII- las colonias no hubieran ganado nunca la guerra a Inglaterra. Pero sólo los franceses, y especialmente Lafayette, que tiene calle prácticamente en todas las ciudades de Estados Unidos, se llevaron la gloria. ¿Por qué? Muy sencillo. Lo explica Martha Gutiérrez-Steinkamp en su Alianza Olvidada: al rey Carlos III no le interesaba prodigar que España apoyaba a las colonias del norte porque la idea de la independencia podía contagiarse a las colonias del Sur. Y sin enterarnos seguimos. Pero vamos de una vez con Maripancartas.

Tere Valcarce nace en El Ferrol y estudia turismo en Málaga. Trabaja en el mostrador del aeropuerto cuando, en 1991, se le acerca un pasajero a pedir información. Afirma que es norteamericano, pero Tere le detecta acento de Cádiz. "Nene, tu eres de El Puerto." "Que no soy" "Que si eres" Pues al final el chico tiene razón. Resulta que es norteamericano, pero criado en la base militar de Rota donde destinaron al padre. Total, que mantienen contacto y, 4 años más tarde, él la pone un llama/cuelga: "aterrizo mañana en Málaga". Es feria y, cosas que tienen que suceder, una copitas y empiezan a salir. En 1999 se casan y se vienen para USA. En 2005 Tere tiene su primer hijo, Pablo, y luego vienen 2 más: Lucas y Lucía. En 2008 se hace ciudadana norteamericana.

En marzo del año pasado su madre le manda un artículo del Diario SUR en el que se menciona que EEUU tiene una cuenta pendiente con un tal Gálvez. "¿Estados Unidos una cuenta pendiente con un héroe de guerra?" se sorprende Maripancartas. No puede ser porque, "si hay algo que los americanos hacen bien es honrar a sus héroes." Contacta al autor del artículo, el periodista Manuel Olmedo, investigador de la figura de Gálvez, y éste le proporciona copia de un documento que descubrió en los archivos nacionales de Washington. Se trata de una resolución fechada en mayo de 1783 por la que el Congreso de Estados Unidos acepta un retrato de Gálvez, donado por un patriota de nombre Pollok, y toma la decisión de colgarlo en la sala "in which Congress meet", donde se reúne el Congreso. Toma ya.

Tere Maripancartas le consuela a Olmedo: "no te preocupes, que en un momentito me acerco yo al Capitolio y les digo que hay un error y que lo tienen que arreglar". Dicho y hecho. Maripancartas se pone en marcha. Llama a Filadelfia, a Washington, al Congreso, a los archivos... y a nadie le consta que la resolución de 1783 se haya cumplido. Y Tere: "¿qué hago, que hago?" En esto aparece un equipo de Españoles por el Mundo a rodar un programa en Washington.... y la citan. La casualidad quiere que, el mismo día del rodaje, tengan que grabar a otro español por el mundo que tiene cita con un congresista de Maryland. Y nene, como diría Tere, mira por donde, se trataba de Chris Van-Hollen: justo el congresista que le corresponde a Maripancartas.

Al terminar la entrevista Van-Hollen se despide de Tere, pensando que es parte del equipo técnico. Le dice: "nice to meet you" (encantado de conocerte). Maripancartas le agarra del brazo y le responde: "si, nice to meet you, pero usted de aquí no se mueve." "¿Cómo que no me puedo ir?" protesta el diputado. "Porque me tiene que ayudar." "¿Yo?" "A ver: no le queda más remedio porque soy ciudadana norteamericana y usted es mi congresista." (Diferencia sutil entre los políticos españoles que se deben a sus partidos y los norteamericanos que están al servicio de sus votantes. Es lo que tienen las listas abiertas.)

Tere le cuenta: "existe una resolución del Congreso de hace 231 años que no hemos cumplido y tenemos que cumplirla." El tipo se queda de piedra y tras una pausa, le pide que, por favor, se lo vuelva a repetir. Maripancartas lo hace y la reacción de Van-Hollen consiste sólo en 3 letras: "Wow!" (que en español se pronuncia guau). Se despiden y, esa misma tarde, cuando llega a casa, ya tiene un correo electrónico de la oficina del congresista: "estamos interesados en el caso Gálvez. Por favor, ponte en contacto con nosotros." Eso ocurre en Emancipation Day, el 16 de abril de 2013. Desde entonces y hasta octubre, Maripancartas prepara con la oficina de Van-Hollen un informe para presentárselo a la Cámara de Arte del Congreso.

Por el camino surge un nuevo problema. El retrato original donado por Pollok ha desaparecido. ¿Qué hacer? La Asociación Bernardo de Gálvez en Málaga pone sosiego: "Tere, tú no te preocupes, que nosotros donamos un cuadro. Tú encárgate sólo de que lo cuelguen." ¿Cómo lo resuelven? Con una buena copia. Cuando Bernardo de Gálvez volvió de Estados Unidos, Carlos III en reconocimiento a sus hazañas le pidió al pintor de la corte, Maella, que le hiciera un retrato. El óleo pertenece a una colección privada que no tiene intención de soltarlo. Así que la diputación le pide a Carlos Monserrate, malagueño que ha hecho retratos de ministros y altos mandatarios (y que vive a 5 minutos de donde está el original colgado, con lo cual lo ha podido ir a visitar infinidad de veces) el favor de que lo calque. Y el 4 de junio, a las 4 de la tarde para ser más precisos, llega el cuadro a la embajada de España en Washington.

Rebobinamos. Mientras Monserrate copia los pelos de Gálvez, en navidades llega la respuesta de la Cámara de Representantes norteamericana. Recomienda el cuadro para una exposición temporal, pero no permanente.

Disgustazo en toda regla. ¿Ahora qué? En Enero aparece Rajoy y le hacen una foto fumándose un puro por las calles de Nueva York. Maripancartas accede a Mariano, a quien le parece interesante la historia y decide comentársela a Obama. También la menciona en el Senado, donde acude a concederle la Encomienda de Isabel la Católica al senador Robert Menéndez, director del Comité de Asuntos Exteriores del Senado. Un demócrata de Nueva Jersey, de origen cubano, que tiene lazos muy estrechos con España. Menéndez, como Chairman, si España le regala el cuadro, puede aceptarlo en nombre de Estados Unidos y colgarlo en el Capitolio. Bingo.

Maripancartas va a la oficina del senador, le plantea el caso, y a Menéndez le parece estupendo. Solicita a la diputación de Málaga que redacte una carta pidiendo al senado norteamericano que acepte el cuadro.... Y el jueves 17 de octubre llegó la respuesta del Comité de Ética del Senado, encargado de aceptar o rechazar regalos. El retrato de Gálvez se acepta.

Ahora sólo queda sacarle partido a esta oportunidad que nos brinda la historia. ¿Lo redondo? Que su majestad Felipe VI, en su primer viaje oficial como monarca a EEUU a finales de septiembre, sea quien cuelgue el cuadro. ¿Motivos? Coinciden tres fundamentales para sacar rendimiento a esta noticia.

Primero: el estado de Florida acaba de pedir al Congreso que le conceda a Bernardo de Gálvez la ciudadanía honorífica. Va a ocurrir y ello va a provocar que se hable de Gálvez en los medios de comunicación norteamericanos porque este no es un honor que se conceda todos los días. Hasta la fecha sólo 7 seres humanos han sido merecedores de ella. Entre ellos Lafayette, el otro héroe revolucionario, Winston Churchill y la madre Teresa de Calcuta. Así que la gente de USA se va a preguntar quién diantres es este Gálvez y el historiador Douglas Brinkley no va a dar abasto del estudio de la CBS al de la CNN dando explicaciones.

Segundo: la visita de Felipe VI coincide con el Spanish Heritage Month (el mes del legado Hispano que se celebra en Estados Unidos del 15 de septiembre al 15 de octubre), con lo cual encaja de maravilla reivindicar un Spanish Legacy que nadie conoce pero que a todos les va a fascinar en cuanto se enteren.

Y, tercero: la entrega del cuadro seguiría la tradición, pues Juan Carlos I en su primer viaje oficial a Estados Unidos, en 1976, regaló una estatua ecuestre de Bernardo de Gálvez. El bronce de Juan de Ávalos está con las estatuas de los libertadores en la Avenida de Virginia, Washington DC, justo detrás del departamento de estado.

¿No queríamos marca España? Pues este acontecimiento, si se lleva con humildad pero con un plan estratégico, puede encumbrar la imagen de nuestro país en Estados Unidos por todo lo alto. Y que se vaya preparando Macharaviaya a recibir hordas de turistas norteamericanos queriendo conocer la tierra del General al que su país le debe la independencia. Si yo fuera el de Kukutxumutxu empezaba ya a diseñar camisetas con los pelos de Gálvez y el logo YO SOLO (I ALONE), porque la primavera que viene se pueden empezar a vender como roscas por la costa del sol.

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NotaPublicado: Vie Dic 19, 2014 4:38 pm 
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Un libro muy interesante, sobre Bernardo de Gálvez y la toma de Panzacola, es el siguiente:

"Yo sólo - La toma de Panzacola por Bernardo de Gálvez, 1781". Autora: Carmen Reparaz y Madinabeitia, Ediciones del Serbal, 1986

Se da la circunstancia de que Carmen es miembro de una asociación, la "Asamblea Amistosa Literaria", de la que yo soy secretario general. Ella me ha contado el tiempo que pasó en USA, en los lugares en que ocurrieron los hechos, para documentarse bien antes de escribir el libro (así suele hacerlo siempre).

(La "Asamblea Amistosa Literaria" es una refundación hecha en 1983 por marinos de la Armada, recordando aquél grupo del mismo nombre que organizó Jorge Juan en Cádiz, en 1755, siguiendo instrucciones del Marqués de la Ensenada, y con el objetivo de que fuera el embrión de una futura Real Academia de las Ciencias Físicas, proyecto que se vino abajo con la caída en desgracia del Marqués).

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