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 Asunto: EL REGRESO
NotaPublicado: Dom Ago 24, 2014 7:24 am 
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EL REGRESO

Dos días después de la toma de Viena por las tropas rusas, el 13 de abril son conquistadas por fuerzas del 46 Ejército y 6º Ejército acorazado de la Guardia las ciudades de Stockerau y Hollambrun, sedes de las compañías españolas 101 y 102 del ejército alemán. Días antes los restos de estas dos compañías emprenden la marcha en dirección a Alemania en unión de sus mandos alemanes (Capt. Graeffe, Tte. Pagador, un sargento y personal subalterno) cargando doce carretas con los restos de la documentación de tesorería de la División Azul y Legión clandestina. Se retiran por el borde fronterizo entre Austria y Checoslovaquia pasando por Horn llegando a una localidad al norte de Linz llamada Leofelden. En dicha ciudad el 18 de abril los cincuenta supervivientes españoles son formados en dos filas delante de los pajares donde pernoctaban y son despojados de todos los distintivos militares de sus guerreras (hombreras, águila y emblemas) y son eximidos del juramento de fidelidad al Führer.
Les dan unos impresos para incorporarse al Arbeitfront (Frente alemán del trabajo) con el fin de no tener problemas con los tribunales volantes de las S.S. Es aquí donde se pierde la pista de los archivos sacados de Hollambrun, pero según testimonios de los supervivientes éstos no fueron destruidos en su presencia. De esta ciudad parten al mando de un brigada armado alemán de avanzada edad que le apodan “El viejo”, el cual hablaba perfectamente el español, que recibe el encargo del capitán Graeffe de facilitarles el regreso a España vía Suiza. De Leonfelden van en un tren de vía estrecha hasta la ciudad de Linz y de aquí en un tren de ancho normal hasta Salzburgo y de allí pasan a Baviera con la esperanza de encontrar alguna representación diplomática española. Vagan por la zona del sur de Baviera (Bad Tölz) e incluso pasan por enfrente de la academia de las Waffen SS y ente la sugerencia de algunos españoles de entrar a comer algo, el brigada al mando les convence para proseguir. Continúan por Partenkirchen y en Rosenheim sufren un bombardeo de la aviación aliada ayudando a las autoridades locales en el desescombro de las casas destruidas; al no conseguir el objetivo de localizar una legación española vuelven a Austria y vía Kufstein llegan a Innsbruck, donde el grupo se divide en dos, uno que decide dirigirse a Italia y el otro con 19 españoles y el brigada alemán siguen hacia Suiza . Para ello van en tren de cercanías de Innsbruck a Feldkirch, capital de Vorarlberrg. En esta ciudad coinciden con el Primer Ministro francés del régimen de Vichy, Pierre Laval en compañía de algunos de sus ministros, entre ellos Bonnard y Gabolde.

Allí en la oficina del N.S.D.A.P. les facilitan unos “ausweis” (Pases) que los identificaban como licenciados del ejército y en el hospital militar se despojan de los restos que les quedaban del uniforme y se visten de paisano. El 1º de mayo salen de esta ciudad y tras caminar cuatro kilómetros llegan a la frontera con Liechtenstein acompañados por el brigada alemán al cual intentan convencer para que cruce la frontera con ellos, negándose, alegando que era alemán y su deber era correr la misma suerte que sus compatriotas.
En la frontera, tras largas colas de refugiados y desplazados penetran en suelo suizo siendo transportados en camiones hasta Vaduz donde pernoctaron una noche. A la mañana siguiente (2 de mayo) son embarcados en tren hacia Zurich y de la estación de esta ciudad son llevados al velódromo de Oerlikon que hacía las funciones de campo de internamiento, donde había más de 5.000 personas, permaneciendo en este campo unos diez días donde son desinfectados, escribiendo a la Embajada española para comunicar su paradero. La situación de los excombatientes españoles es relativamente buena, siendo visitados por personal de la Embajada que les dan un poco de dinero (15 francos suizos). Son avisados que van a ser trasladados al campo de La Plaine donde eran reagrupados todos los españoles ya fueran excombatientes, trabajadores y las familias que les acompañaban. Es en este campo de internamiento donde se ve excombatientes españoles con uniforme de las Waffen SS.

El segundo grupo de Hall-Tirol que se habían separado en Innsbruck entre los que figuraban Miguel Armisen Elorriaga, Miguel del Hoyo y Pedro Larrumbe se dirigen hacia la frontera suiza, pero son avisados erróneamente que las autoridades de este país les entregarían a los franceses, decidiendo entonces emprender viaje hacia Italia.

Pasan por el lago Constanza y se dirigen a Bénero donde son detenidos por los partisanos a los que convencen que son ex prisioneros de un campo de concentración alemán del Tirol, dejándoles pasar y llegan a Verona, donde entran en contacto con un sacerdote español. Durante este periodo se van entrevistando con representantes de partidos políticos italianos argumentando su condición de antifascistas liberados, dotándoles de documentación de refugiados y dinero para que pudieran desplazarse por Italia. Incluso se entrevistan con Prieto Nieri jefe del P.C.I. que les da una carta de recomendación.
En Milán acuden al consulado español para que les ayuden a llegar a España, consiguiendo únicamente ayuda pecuniaria, que la utilizan para viajar por toda Italia. En octubre de 1945 son instalados en un campo de refugiados en Génova donde esperan ser repatriados.

La norma común de los soldados españoles que fueron hechos prisioneros en Italia fue la inquietud de los primeros momentos ya que pensaban que iban a ser fusilados por los partisanos. Estos en su gran mayoría los entregaron a las tropas aliadas –americanos e ingleses- siendo internados en campos de prisioneros de guerra en el norte de Italia. La mayoría de los españoles fueron hechos prisioneros en el sector de Gorizia, zona donde había actuado la Compañía del Teniente Ortiz, así Marcel Vilaros, Ramón Rosende, Manuel Díaz, Juan Córdoba, Benito Plaza, Miguel Gonzálvez, entre otros, fueron capturados entre el 28 de abril y el 29 de mayo.
Los españoles capturados en Alemania por las fuerzas Aliadas en primer momento fueron internados en diferentes campos de prisioneros de guerra, como el americano de Kalsruhe donde fue trasladado el soldado Antonio Pardo, pero fueron agrupados en el campo de Mittelwald en unión con los refugiados hispanos. Desde el mes de mayo no había en Alemania ningún diplomático, los consulados de Hamburgo, Bremen, Dusseldorf y Berlín habían sido abandonados huyendo de los bombardeos y del avance de los ejércitos Aliados. El Ministerio de Asuntos Exteriores español, ante esta situación, a mediados del mes de mayo desplaza a Alemania al diplomático Carlos Arcos, Conde de Bailén, acompañado del secretario de embajada Domínguez Passier, destinados en la legación española de Berna para realizar un viaje de inspección por todo el país y efectuar las primeras gestiones ante las fuerzas de ocupación Aliadas para la repatriación de los súbditos españoles que se encontraban en estas zonas. Gracias a su actuación se intentó el primer regreso de súbditos españoles que sería realizado por tren desde Suiza a España atravesando Francia.
Durante el mes de mayo van llegando a Suiza numerosos españoles, tanto excombatientes como trabajadores residentes en Alemania que son internados en los campos de Santa Margarette, La Plaine-Ginebra o en el anteriormente citado de Oerlikon-Zurich hasta el 14 de julio. Al día siguiente parte el contingente español en un tren habilitado por el gobierno de Madrid con la esperanza de llegar a suelo patrio después de varios años de ausencia en el caso de los trabajadores o como los excombatientes del ejército alemán ya que muchos de ellos lo eran también de la División o Legión Azul alistados desde 1941.

A primeras horas del día 15 de julio parte el tren con los españoles agrupados en Suiza pero el viaje no sería tan agradable como estaba pensado. A las nueve de la mañana partió de Ginebra con dirección a La Plaine donde recoge a los refugiados de este campamento, saliendo de esta localidad a las 12 de la mañana hacia Bellegarde en la frontera franco-suiza, donde son realizados los trámites aduaneros y se comunica por las autoridades francesas el itinerario a realizar en suelo galo. Durante este pequeño itinerario la expedición sufre los primeros incidentes con lanzamientos de piedras e insultos.

A las dos de la tarde se reemprende la marcha llegando hasta Aix-les-Bains sin incidentes, cambiando de locomotora y reanudando la marcha hacia Chambéry, antes de entrar en la estación el tren se detuvo sonando la sirena con insistencia. Es a partir de este momento cuando empieza un lanzamiento masivo de piedras y objetos contundentes hacia los vagones por parte de un grupo de dos mil personas, existiendo otro grupo entre la estación y la ciudad que aplaudía la acción. A continuación se inicia el asalto de los vagones donde la escolta de la Guardia Nacional Republicana francesa había desaparecido e incluso alguno de estos participaba en el asalto. Se llegó al saqueo de todos los equipajes y enseres personales de los refugiados, incluso con el robo de las prendas que llevaban puestas. Las agresiones y vejaciones continuaban, lanzando por las ventanas a los españoles y siendo apaleados sobre el suelo. Tal fue la preparación del asalto que se instalaron explosivos y gatos hidráulicos para volcar el tren, cosa que no ocurrió. La agresión fue generalizada, daba igual que se tratara de hombres, mujeres o niños siendo respetado el vagón de enfermería por la valiente actuación del personal sanitario que se enfrentó con los asaltantes y evitó daños mayores.
En el asalto se utilizó todo tipo de armas, como puños americanos, barras de hierro, armas blancas e incluso algunas pistolas y granadas de mano, aunque estas últimas no fueron utilizadas. Cuando el despojo de los enseres fue total fue disminuyendo el asalto.

El delegado español de la expedición también fue brutalmente agredido y con la ayuda del Sr. Villarias consiguió que se enganchara una locomotora en la parte trasera del convoy, logrando que partiera hacia Suiza a las seis y media de la tarde. La agresión duró aproximadamente hora y media. Los heridos llegaron a ser de unos doscientos de los cuales había algunos muy graves. Al amparo de la noche se llegó nuevamente a la frontera franco-suiza, en el puesto de Bellegarde, donde se arrojó piedras y sonó algún disparo hacia el tren. Ya en La Plaine fueron asistidos por fuerzas armadas suizas y del Servicio de Asistencia de Hospitales helvéticos. El grupo de españoles quedó nuevamente instalado en el campamento de esta localidad y los heridos más graves (71) fueron trasladados a hospitales de Ginebra.

Por la noche y bajo protección de la Cruz Roja internacional el tren regresa a Suiza. Son internados nuevamente en La Plaine donde se recuperan de las heridas recibidas tras el vil asalto. En esta localidad descansan durante unos días donde son tratados cordialmente por las autoridades suizas recibiendo atención médica y les equipan nuevamente. Permaneciendo en esta localidad, las autoridades suizas deciden el traslado de los españoles por temor a una nueva agresión por parte francesa debido a la cercanía de la localidad de La Plaine con la frontera gala. Una de las consecuencias del asalto perpetrado en Chambéry fue el cierre temporal de la frontera franco-española el 22 de junio como represalia al ruin atentado . Parten por ferrocarril hacia la frontera germana creyendo los hispanos que iban a ser devueltos a Alemania. Son instalados en dos localidades del cantón de Appenzell, Urnäsch y Teufen, donde son visitados por D. Juan de Borbón, padre del actual Rey de España, acompañado por sus asesores Joaquín Calvo Sotelo, Eugenio Vegas y Rafael Calvo Serer, quienes se interesan por ellos. También son visitados por el embajador galo en Suiza Sr. De Gaulle, hermano del presidente francés, el cual es interpelado por los diplomáticos hispanos aludiendo al dicho español de “quien se excusa, se acusa”. Permanecen en estas localidades varias semanas, donde reciben ayuda pecuniaria (2,5 francos suizos diarios) por parte del consulado español. A primeros del mes de agosto son trasladados nuevamente a la localidad de Monthey, del cantón de Valais. Aquí son alojados en una antigua fábrica de productos farmacéuticos, donde se despojó de todo tipo de maquinaria habilitándola como vivienda pues se creía que la instancia iba a ser superior a un año. La vida en esta ciudad fue buena debida a la entera libertad que disfrutaron dentro de los límites del confinamiento, dedicándose a trabajar en la cantera, labores agrícolas o en la industria maderera de la zona, siendo remunerados. Tras el fracaso de este primer traslado se decide que el viaje de retorno a España se haga por mar vía Italia.

A finales de octubre el gobierno español fleta un barco, vapor Bánfora, que los trae a España por Algeciras. Este grupo estaba formado por 413 refugiados entre ellos 60 prisioneros de guerra, 43 prisioneros del campo de refugiados de Afragola (Génova) y 50 religiosas españolas que se encontraban en Italia al finalizar la guerra. Antes de desembarcar suben al buque policías españoles que prohíben hacer manifestaciones a los prisioneros de guerra a la llegada, pues en la zona del Campo de Gibraltar se encontraba la Comisión Aliada de Control. Al descender son interrogados por la policía siendo internados tres días en el Campo de Gibraltar. Estos salen hacia Madrid presentándose en el Banco Alemán Transatlántico para reclamar sus haberes no percibidos de los últimos meses, siendo la gestión infructuosa al estar el banco intervenido por los Aliados, terminando así su peripecia como soldados del ejército alemán.

Hasta finales de este año fueron varios los traslados que se realizaron por esta vía. El día 28 de noviembre que son agrupados y embarcados en ferrocarril para regresar a España. Cruzan la frontera italiana por Chiasso con dirección a Génova, estando escoltados durante todo el trayecto por fuerzas militares italianas. En el puerto genovés estaba atracado el buque español “Plus Ultra” que había recogido a otro grupo de españoles en Nápoles, entre los cuales se encontraban varios combatientes de Hall-Tirol. La expedición estaba formada por 607 hispanos, tardando día y medio en la travesía ya que el buque fue bordeando la costa para evitar las minas que se hallaban a la deriva, regresando a España el dos de diciembre de 1945 por el puerto de Barcelona. Fueron recibidos por el gobernador civil, el jefe superior de policía y autoridades provinciales y de la ciudad. Tras los trámites de sanidad y otros burocráticos subieron al barco dos secciones del gabinete de identificación de la policía para tomar la filiación de todos los componentes que regresaban. Tras realizar estos trámites a los componentes de la expedición se les dotó de cartilla de racionamiento, veinticinco pesetas para los primeros gastos y fueron alojados en un edificio de Horta en espera de regresar a sus domicilios.

En abril de 1946 el Foreign Office y el Departamento de Estado norteamericano autorizaron al gobierno español el envío de dos representantes a los sectores de Alemania bajo ocupación británica y norteamericana para colaborar con estos en la repatriación de súbditos españoles. Fueron enviados los diplomáticos Miguel María de Lojendio Irure y Eduardo Sebastián de Erice. Durante este año se organizaron varias expediciones, Se constituyeron tres expediciones sucesivas los días 22 y 29 de octubre y 17 de diciembre de 1946 siendo repatriados 314 españoles, entre ellos el soldado Antonio Pardo Moure. Estas expediciones se realizaban desde el campo de refugiados de Mittenwald vía Suiza hasta Italia y desde Génova por ruta marítima a España. Todos regresaron a bordo del “Ciudad de Valencia” haciendo su llegada los días 23 y 30 de octubre y 26 de diciembre.

Así el grueso de los combatientes españoles regresaron entre los meses de agosto y diciembre del 45, en España se celebraba la finalización de la guerra mundial. Es el 16 de agosto cuando el Boletín Oficial del Estado en una orden de Presidencia del Gobierno ordena que se izara la bandera nacional en todos los edificios públicos para celebrar la cesación total de las hostilidades. Pero no todos los españoles pueden celebrarla, siendo el caso de Federico Martínez, quién tras ser hecho prisionero por los ingleses en el sector de Gorizia, estuvo en el campo de concentración de Rímini hasta 1949 que escapa y puede regresar a España por Puigcerdá; o el caso del Tte. Ramón Fernández Palacios que regresa en 1947. Manuel I. Gisbert que en una acción en el sur de Francia contra el maquis en 1944 es mutilado y hecho prisionero junto a Jaime Núñez Velasco, permaneciendo en los campos de concentración franceses del 19 de agosto de 1944 hasta el 16 de septiembre de 1947 que se fuga del de Sables-Toulouse- y regresa a España por Hendaya. Otro caso es el de Antonio Pardo Moure que encontrándose convaleciente en el hospital de Udine es hecho prisionero siendo trasladado a los campos de concentración de Kalsruhe, Danstag, Dursauh, Halbronk y Papenhause todos en Alemania donde por mediación del gobierno español es liberado y regresa en el mes de octubre de 1948.
Después de la rendición alemana, en Europa se produjeron desplazamientos masivos de población. Muchos de estos desplazamientos correspondían a personas que huían de la zona ocupada por los soviéticos. Algunos eran españoles que intentaban regresar a casa y no caer prisioneros de los rusos. Pero antes de la capitulación, varios excombatientes españoles ya habían salido de Alemania. La única referencia sobre el regreso de soldados de la Unidad Ezquerra la tenemos en las memorias del jefe de la misma, afirmando que cuando faltaban pocos días para que se cerrara el cerco soviético sobre la capital del Reich, el Consulado de España en Berlín sacó a un grupo de españoles entre los que había treinta hombres de su Unidad.

Otros combatientes de esta Unidad después de la caída de Berlín, entre ellos el propio Miguel Ezquerra o Ramón Mandado Rodríguez que en un refugio de la destruida capital se deshace del uniforme como de la documentación militar permaneciendo escondido tres meses en zona soviética logrando pasar a la inglesa, y por medio de la Cruz Roja internacional es evacuado hacia España. Por medio de esta institución fueron varios los españoles que se encontraban en campos de concentración aliados que después de un sin fin de avatares fueron acogidos por ésta y por las gestiones realizadas por la Asamblea Suprema española en conexión con el Comité Internacional de la Cruz Roja en Ginebra pudieron regresar a España. También sirvió de enlace, un primer momento, entre las familiares y los internados en los campos gracias al Servicio de Información para los familiares de naciones beligerantes que residían en España.

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NotaPublicado: Dom Ago 24, 2014 10:43 am 
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Registrado: Jue Sep 10, 2009 5:02 pm
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Magnifica exposicion de las peripecias por las que pasaron mcuhos españoles combatientes y trabajadores.

Miguel del Hoyo , que aqui figura puede ser este divisionario?

Miguel del Hoyo Solares. natural y vecino de Reinosa, soltero , se afilió en Milicias de Burgos, y partio con el 14 batallon de marcha.

Tambien hay un Manuel del Hoyo Lafuente, tambien natural y vecino de Reinosa, trabajador en alemania que coincide la historia de la salida con lo que aqui has expuesto Munich , Insbruck, Italia y salio de Napoles el 1 de noviembre 1945 en el vapor Banfora a Algeciras.

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"Ante Dios nunca seras heroe anonimo" de la Ordenanza del Requete


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NotaPublicado: Dom Ago 24, 2014 4:21 pm 
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Como la otra aportacion de ADLER (Eslovaquia 1945) esta es más que SOBRESALIENTE, es de MATRICULA DE HONOR.
Tuve el honor de conocer a uno de los citados, Manuel I. Gisbert. Era veterano de la División Azul y la Legión Azul.
La razón por la que se le capturó en el sur de Francia es sencilla: no hacia mucho que habia cruzado la frontera hispano-francesa para unirse a las unidades españolas clandestinas cuando se produjo la ruptura de Patton en Avranches y el desembarco aliado en Provenza, y con ello el colapso de la Wehrmacht en Francia. Aunque se dio orden de repliegue a todas las tropas germanas que estaban el el Sur Oeste de Francia, no todas pudieron evitar ser capturadas. Junto a uno de estos contingentes capturados se encontraba Manuel Gisbert.
Cuando le conocí echaba pestes de los españoles que habian estado en el maquis francés; ¿la razón?: mientras estuvo en cautividad fueron españoles procedentes de ese grupo, que estaban ya integrados en las tropas franceses, los que le hicieron objeto de malos tratos.

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Con mi canción la gloria va, que en Rusia están los camaradas de mi División... ...


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NotaPublicado: Dom Ago 24, 2014 5:26 pm 
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Registrado: Jue Jun 12, 2014 7:36 am
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De todos son conocidas las penurias que tuvieron que soportar los prisioneros españoles, tanto divisionarios como irreductibles, en el gulag soviético hasta 1954. Nuestro irreductible Antonio López las padeció en Francia. Esta es su pequeña historia:
Antonio López del Moral nación en Bilbao en 1917. Durante la guerra española sirvió como voluntario en el Tercio del Requeté “Ortiz de Zárate” de Vizcaya hasta la terminación de la misma. Posteriormente se alista a la División Azul (ignoro unidad y datos sobre la permanencia en la misma) hasta su disolución, regresando a España. En junio de 1944 cruza la frontera franco-española y se alista nuevamente en el Ejército alemán.
Presta servicio de radiotelegrafista en Burdeos (según declaración suya estuvo en el departamento de información utilizando el nombre de Armando Lezara Asenjo) hasta que la ciudad es abandonada por los alemanes donde es hecho prisionero por Fuerzas Francesas del Interior e internado en la prisión de Toulouse. El 04-07-1946 es condenado por espionaje por el Tribunal Militar de Burdeos a la pena de muerte, siendo ésta conmutada por la de 20 años el 03-12-1946 por aplicación del artículo 46 del código penal francés. Prosigue en prisión hasta el 12-09-1952 que se le concede la libertad condicional y es liberado el 23 de julio de 1954. Hay que señalar las gestiones realizadas por el entonces Embajador español, Conde de Casa Rojas para lograr la liberación de Antonio López del Moral. Ya en España el 9 de agosto de 1954 recibió la siguiente carta del citado Embajador:
Mi distinguido amigo:
Tal vez la mayor satisfacción que proporciona el ocupar un cargo, es el beneficio que puede en él uno rendir a sus semejante.
Crea que su liberación, que desde un principio mereció todo mi interés, ha supuesto para mi una gran alegría.
Seguro estoy de que se reincorporará Vd. pronto a la vida normal, y que ello contribuirá a hacerle olvidar sus penalidades pasadas.
Así lo desea su muy afmo.

En este mismo año solicita por carta al Cónsul alemán en Bilbao ayuda por si tuviera derecho a alguna pensión por las penalidades sufridas, siéndole denegada cualquier tipo de renta debido a que en aquella época no existía ningún precepto legal para su concesión. No sería hasta 1963 y al amparo del convenio hispano-alemán sobre reparaciones de guerra cuando lo vuelve a solicitar.

Esto puede aclarar un poco más el trato recibido por los españoles que cayeron prisioneros en el sur de Francia.

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