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Salas Larrazábal, Ángel. Orduña (Vizcaya), 1.X.1906 – Madrid, 19.VII.1994. Artillero y aviador.

De progenie vasco-castellana, su padre, Emerico Salas Orodea, era militar, y su madre, María Jesús Larrazábal Echeguren, pariente de monseñor Echeguren, obispo de Oviedo.

Orduña era sede por aquel entonces de uno de los batallones del Regimiento de La Lealtad, y allí se conocieron sus padres. A la temprana edad de seis años pasó por la desgracia de perder en unas semanas a sus cuatro hermanos pequeños.

Destinado su padre a Vitoria y después a Burgos, en esta ciudad inició sus estudios preparatorios para el ingreso en la Academia de Artillería de Segovia, a la que accedió el 27 de julio de 1921, cuando aún no había cumplido los quince años de edad.

Instaurada la dictadura de Primo de Rivera en 1923, pronto comenzaron los desencuentros entre el dictador y el Cuerpo de Artillería, que condujeron en el verano de 1926 a la disolución de este Cuerpo, en cuyo 2.º Regimiento de Artillería Pesada (Mérida) se acababa de integrar Ángel Salas tras ser promovido a teniente el 10 de julio. Reintegrado al servicio el 10 de diciembre de 1926, volvió a la histórica ciudad extremeña, destinado esta vez en el Primer Regimiento de Artillería a Pie.

En mayo de 1927 fue trasladado al 11 Regimiento Ligero, de guarnición en Burgos, solar de su familia paterna, en agosto de dicho año logró ser destinado a Marruecos y el 5 de septiembre de 1927 hizo su presentación en la 3.ª Batería de la Agrupación de Artillería de Campaña de Melilla, en el Jemis de Tensamán.

En 1926 se había creado el Arma de Aviación, dotada de grados, emblemas y uniforme propios, y estaban efectuando sus estudios y prácticas reglamentarias los alumnos de la primera promoción de oficiales aviadores. Convocado concurso para poder optar a la segunda promoción, Ángel Salas, que fue uno de los candidatos, superó las pruebas de ingreso, se incorporó en enero de 1928 a la Escuela de Observadores de Cuatro Vientos y pasó después a la de Tiro y Bombardeo de Los Alcázares (Murcia). Terminó esta primera parte del curso en el verano del mismo año y obtuvo el título de observador de aeroplano con antigüedad de 14 de julio de 1928.

Las prácticas reglamentarias de esta especialidad, de un año aproximado de duración, debían realizarse en alguna unidad aérea, como paso previo a la incorporación a las escuelas de pilotaje. Salas las efectuó inicialmente en el Grupo 33 de la Escuadra de León, que residía en el aeródromo burgalés de Gamonal.

No lejano a la Cartuja de Miraflores, cuyos monjes solían pasear por sus alrededores. El 31 de enero de 1929 Salas fue destinado al Grupo 3 de Tetuán, poco antes de la segunda disolución del Cuerpo de Artillería, y de allí pasó el 17 de septiembre a la Escuela Elemental de Alcalá de Henares y en abril de 1930, cuando ya había dimitido Primo de Rivera, a la Escuela de Clasificación de Guadalajara, en la que permaneció hasta finales de octubre. Se le reconoció el título de piloto por Real Orden del 21 de noviembre de 1930, publicada en el Diario Oficial 265, que incluía una lista por él encabezada. Por su calificación en el curso se le destinó a la aviación de caza, a la Escuadrilla Martinsyde de Getafe, única de la especialidad con material de vuelo en aquel entonces, y allí le sorprendió la disolución del Arma de Aviación, el cambio de designación de las escuadras aéreas por batallones de Aviación Militar y su destino a Tetuán, a la Plana Mayor del 4.º Batallón. Salas había sufrido tres disoluciones en tres años y medio y había perdido, por la tercera, varias decenas de puestos en el escalafón, retrocediendo por detrás de los capitanes y tenientes más antiguos de su promoción, a los que había adelantado por su mejor puntuación, y de los que habían ingresado a finales de 1929 y 1930 (promociones 3.ª y 4.ª).

La mala suerte que le acompañaba en cuanto a previsión de carrera se vio compensada por la gran fortuna en el ámbito personal, que se comprobó ya en la escuela, al salir ileso tras ser embestido por el avión de otro alumno que falleció en el trance, y no le fallaría nunca a lo largo de su dilatada y activa carrera.

Proclamada la Segunda República el 14 de abril de 1931, restableció el nombre de 4.ª Escuadra, que más adelante cambió por el de Fuerzas Aéreas de África. Salas, sin perder su destino en Tetuán, fue comisionado dos veces a la Península, entre 1932 y 1934, para asistir a un curso de gases y enmascaramiento en La Marañosa y para participar en estudios y experiencias para la elección de un modelo de máscara contra gases, afecto inicialmente al Servicio Central de Armamento y al de Guerra Química después. En los períodos de estancia en Madrid, Ángel Salas proyectó, con Jiménez Ugarte, un viaje trasatlántico con uno de los Breguet-XIX de gran raid, y se preparó concienzudamente para la navegación astronómica, sin que la propuesta fuera autorizada. En agosto de 1934 fue destinado a la Escuadrilla Mixta del Sahara y se incorporó el 14 de septiembre a Ifni (ocupado poco antes) y a Cabo Juby, y participó en el primer vuelo a Smara, la ciudad santa, el día 28.

Con motivo de los sucesos revolucionarios en Asturias voló desde León en el primer Fokker F-VII militar y en dos de los requisados a Líneas Aéreas Postales Españolas (LAPE), del 8 al 28 de octubre, fecha de la iniciación de su retorno a Cabo Juby. En recompensa a su actuación en Asturias se le reconoció el derecho a la Medalla Militar concedida a la Escuadra n.º 1, como agregado a la misma durante las operaciones de octubre.

Un nuevo ejemplo de suerte personal se produjo el 8 de noviembre de 1934 cuando llevaba a la Península un Breguet-XIX para revisión general. En la segunda etapa del viaje volaba de observador y cerca de Mogador (Marruecos francés) observó que se estaba rompiendo el timón de dirección; ordenó al piloto que se lanzara en paracaídas, pero, antes de que lo hiciese, el avión entró en barrena y los dos quedaron pegados al asiento. Inesperadamente se invirtió el sentido de la barrena y se encontraron ambos despedidos en el aire.

Entre el 2 de febrero y el 2 de mayo de 1935 asistió en Cuatro Vientos a un curso de Meteorología y en Los Alcázares a otro de Armamento, en la Escuela de Tiro y Bombardeo. En septiembre volvió a Cuatro Vientos para probar, recibir y transportar al Sáhara el avión 20-2, segundo de los Fokker F-VII militares y primero construido en España.

Por Orden Circular de 21 de octubre de 1935 (Diario Oficial del Ministerio de la Guerra, n.º 244) se le concedió la Cruz del Mérito Militar de 1.ª Clase con distintivo rojo, en premio a su comportamiento y méritos en la ocupación de Smara y la consolidación de Ifni.

Ascendido a capitán de Artillería en abril de 1936 (con antigüedad de 17 de febrero), fue destinado a Eventualidades y agregado a la Escuadrilla Mixta del Sáhara. En el primer semestre de 1936 voló 273 horas, que, unidas a las 1352 anteriores elevaban su total a 1625 horas. Habiéndosele concedido dos meses de licencia colonial, el 25 de junio se trasladó por el aire de Cabo Juby a Larache y de allí siguió a Madrid, donde consiguió autorización para desplazarse a Alemania (con motivo de los juegos olímpicos), Dinamarca, Checoslovaquia, Austria, Suiza, Italia, Holanda, Bélgica y Francia.

El 17 de julio aún no había emprendido el viaje a Berlín y le sorprendió en Madrid la noticia del levantamiento del Ejército en Marruecos. Esa misma noche se presentó en el aeródromo de Getafe y fue nombrado para bombardear Melilla en la madrugada del día 18, formando parte de una patrulla de Breguet- XIX. Puesto de acuerdo con los otros dos pilotos se dirigieron los tres a Pamplona, donde fueron arrestados, pues Mola aún no se había sublevado.

Iniciado el levantamiento en Pamplona en la madrugada del 19 de julio Mola encomendó a Salas la entrega de un mensaje suyo al general Franco, a quien suponía en Córdoba. Salas no pudo tomar tierra con su Breguet ni en Córdoba ni en Sevilla, por lo que alargó su viaje hasta Tetuán, donde encontró a Franco el día 20. Por indicación de éste, en el vuelo de retorno aterrizó en Sevilla el 21, se presentó al general Queipo de Llano y siguió luego a Logroño, donde estaba Mola de paso.

Desde el 22 de julio voló en los frentes de las provincias Vascongadas y de Somosierra y el 26 se hizo cargo del Dragon Rapide que llevó a Zaragoza al general Núñez de Prado, al que incorporó una ametralladora frontal para usarlo como caza, llegando a combatir contra un Nieuport Ni-52 el 27 de julio.

El 1 de agosto se hizo cargo de otro Dragon Rapide llegado desde Inglaterra, con el que efectuó servicios de guerra en toda la cornisa cantábrica y en la cordillera Central, y combatió con un Fury de caza en Buitrago, el 10 de agosto. El 17 de este mes trasladó a Burgos el primer Fokker F-XII llegado a España, que había sido dejado en Vitoria por el piloto polaco que lo trajo hasta la Península. A partir del día siguiente voló en caza Nieuport Ni-52 desde Burgos, Olmedo, Zaragoza y Calamocha, consiguiendo el 23 de agosto su primera victoria aérea en el frente de Teruel.

Su actividad aérea y terrestre fue tan intensa en los primeros treinta días de contienda (cincuenta servicios de guerra, ciento dieciséis horas de vuelo y trabajos nocturnos en el Parque de Artillería de Burgos para mejorar el armamento de los aviones) que el mismo 23 hubo de ser hospitalizado por agotamiento físico. El 27 se incorporó de nuevo a Olmedo, del 31 de este mes al 4 de septiembre voló en trimotores Junkers Ju 52 y el 11 de septiembre comenzó a hacerlo en Sevilla, en cazas Fiat CR-32.

Incorporado al frente del Tajo el 21 de septiembre, cuatro días después derribó al Potez Po-54 Aquí te espero y entre el 29 de octubre y el 13 de noviembre otros tres aviones más, llegando con ello a su quinta victoria. En diciembre eran ya cinco las escuadrillas Fiat italianas y Salas asumió el mando de la 4.ª, hasta su cambio de destino en enero. En febrero de 1937 se le encomendó la organización de una escuadrilla con unos anticuados cazas polacos PWS-10, que pronto pudo cambiar por Heinkel He 51 alemanes, superiores a los polacos, pero muy inferiores a los Fiat italianos y a los “Chatos” rusos. Con los He 51 operó desde León del 5 al 15 de marzo y a partir de esta última fecha desde Navia, localidad asturiana que condicionó su vida futura, pues en ella conoció a una bella joven evacuada de Oviedo, Rosario Collantes Álvarez-Buylla, con la que contrajo matrimonio poco después de finalizar la guerra.

El 10 de abril se trasladó a Zaragoza y el 13 ensayó por vez primera el procedimiento de apoyo a las fuerzas terrestres que luego se llamaría “cadena”. El apoyo fue tan próximo que se ametralló pocos metros por delante del legionario que avanzaba en cabeza portando la bandera nacional; las fuerzas enemigas ocupaban trincheras rectas, muy fáciles de batir, y los partes gubernamentales reconocen que la mayor parte de sus numerosas bajas fueron debidas al ametrallamiento aéreo.

Salas consiguió el 16 de abril su sexta victoria y el 17 combatió, al frente de seis He 51 que volaban a 4000 metros, contra diez “Chatos” que lo hacían a mayor altitud y que luego fueron reforzados por otras dos escuadrillas del mismo tipo de avión. Ambas formaciones se atacaron de frente hasta salir casi chocando; de hecho, un He 51 y un I-15 lo hicieron. En el largo combate que siguió Salas recibió dieciocho impactos, sin abandonar la lucha hasta que los aviones enemigos se retiraron. Aterrizó en Calamocha, donde ya lo habían hecho tres He 51 de su escuadrilla, igualmente acribillados a balazos; el restante se vio forzado a tomar tierra cerca del frente, en líneas propias. Este fue el combate más duro de todos aquellos en que participó Ángel Salas a lo largo de la guerra, apreciación compartida por algunos de sus oponentes, como Juan Comas o el norteamericano Tinker.

García Morato felicitó efusivamente a Salas y reclamó a su escuadrilla en bloque para integrarla en el Grupo Fiat que estaba organizando en Sevilla (2-G- 3), al que se incorporó como su segunda escuadrilla (2-E-3). Al frente de esta unidad Salas actuó en las batallas de La Granja, Huesca, Brunete, Santander y Belchite, y en ésta alcanzó sus octava y novena victorias aéreas.

Destinado García Morato a la jefatura de Operaciones de la 1.ª Brigada Aérea, de nueva creación, Salas tomó el 10 de septiembre de 1937 el mando del Grupo 2-G-3, que mantuvo durante el año y medio que aún duró la contienda. A su frente, demostró sus facultades en la campaña de Asturias y en la batalla de Teruel.

En los días 24 y 25 de marzo de 1938 Salas protagonizó dos sucesos singulares: hacer prisionero a un I-15 enemigo en el aire y a tres Caudron de escuela en el suelo. El 24 atacó a una docena de cazas I-15 y consiguió ametrallar a uno de ellos durante largo tiempo. El piloto, probablemente herido, se defendía cada vez menos y siguió luego por derecho hacia líneas nacionales y a muy baja altura. Salas formó a su lado para ver donde caía, pero, de improviso, el Bf 109 número 6-51 lo ametralló cuando era prácticamente prisionero y lo incendió. Esta victoria, que evidentemente correspondería a Salas, se la apuntó la Legión Cóndor.

El 25, volando al frente de 17 Fiat, Ángel Salas ametralló una columna de camiones más allá de Aguaviva hasta terminar sus cartuchos. Al regreso vio tres aviones enemigos que tomaban tierra en el aeródromo de Mas de las Matas, ya abandonado por su guarnición, pero aún no alcanzado por las tropas atacantes. Aterrizó de inmediato, para evitar que pudieran escapar, dejando a sus pilotos en el aire en misión de protección, que le fue necesaria, pues los infantes de la primera avanzadilla no querían distinguir entre amigos y enemigos.

Días después de estos hechos Salas fue habilitado a comandante [Boletín Oficial del Estado (BOE), n.º 531, de 5 de abril], tras siete meses de mando efectivo y brillante de un grupo de caza. Cuando ametrallaba fuerzas enemigas en retirada, el avión de Salas fue alcanzado el 8 de abril por fuego enemigo que le hizo perder todo el aceite del motor, no obstante lo cual pudo tomar tierra en una carretera de montaña a dos kilómetros al Norte de Morella. Logró posar el Fiat cuesta arriba con tal maestría que sólo sufrió el tren y el plano inferior izquierdo. Una semana más tarde, el 15 de abril, una formación de quince Fiat mandada por Salas obligó a una pequeña embarcación de motor, la Cala Morlanda, a volver a puerto, poco antes de su ocupación por las fuerzas terrestres. Morato relató que, tras un primer ataque al puente, “el barco recuperó el mando y, de nuevo, cuando estaba a la altura de Benicarló, la presencia de los cazas le obligó a entrar en el puerto [...] Arrojo e inteligencia guiaron al jefe [...] Presa legítima del 2-G-3”.

La campaña de Levante fue ingrata y dura para la Aviación. Salas, como otros muchos, la sufrió directamente y así el 5 de mayo tuvo que aterrizar en Aguilar, por fuego de tierra, con el motor parado y la hélice calada. Ésta y la de abril fueron dos de las cuatro veces que durante la Guerra Civil su avión fue descendido por fuego enemigo; a lo largo de esta guerra su avión sufrió ciento diecisiete impactos y tres de las balas quedaron incrustadas en su avión o en su traje de vuelo; una que lo hizo en el radiador de agua sirvió de tapón estanco hasta la terminación del vuelo. Otro signo tuvo para Ángel Salas la campaña de Extremadura del verano de 1938, que culminó con su hazaña del 2 de septiembre de 1938, día en el que, en un solo combate, abatió tres “Katiuskas” de la 4.ª Escuadrilla y al jefe de la 2.ª Escuadrilla de cazas I-16 de escolta. Salas había visto nueve bimotores en dirección a las líneas nacionales de Monterrubio a una altitud algo superior a la suya y decidió iniciar un vuelo ascendente hacia las posiciones enemigas, para poder dominarlos en altura y cortarles la retirada. Cayó sobre ellos cuando iniciaban el retorno e incendió el motor izquierdo de los tres aviones de una patrulla, comenzando por el del punto izquierdo y finalizando por el del punto derecho. Vio entonces a los I-16 de escolta y combatió con uno de ellos largo rato, hasta que se lanzó el piloto en paracaídas al Norte de Belalcázar; le acompañó en el descenso y le saludó al tocar tierra. En el aeródromo de Mérida, donde tomó tierra, Salas se enteró de que aquella misma mañana, de madrugada, su hermano Ignacio había muerto en Bot (Tarragona), víctima del bombardeo de otra escuadrilla de “Katiuskas”.

La batalla del Ebro la superó Salas indemne, al contrario que sus compañeros desde principios de la lucha, Morato y Salvador; derribados ambos el 3 de octubre de 1938, aunque salvaron la vida. El fuego enemigo le siguió respetando en estos meses, pero el 27 de noviembre, a la vuelta de un servicio de rutina, se le produjo una repentina hernia estrangulada, de la que hubo de ser operado urgentemente en el hospital de Zaragoza. El 12 de enero, aunque la herida seguía supurando, tomó de nuevo el mando del 2-G-3 en Escatrón y luego en Balaguer (Lérida) y Posadas (Córdoba).

El 28 de marzo Salas fue uno de los primeros que entraron en Madrid, donde su padre pasó toda la guerra, encarcelado primero y refugiado en una embajada después. Durante la guerra, Salas efectuó 618 servicios bélicos, cifra superior a la de cualquier otro aviador, y en su realización invirtió 1215 horas. Finalizó la contienda de capitán, como la había iniciado, aunque habilitado para el mando de superior categoría. El 25 de julio de 1939, poco después de finalizada la guerra, contrajo matrimonio en Oviedo con Rosario Collantes, con la que tuvo siete hijos.

Desde septiembre del mismo año simultaneó el mando del 21 Regimiento de Caza Fiat con la jefatura de la 4.ª Sección del Estado Mayor del Ministerio del Aire, recién creado, hasta que el 20 de marzo de 1940 pasó a la Escuela Superior del Aire, en la que fue nombrado profesor y alumno de la primera promoción de Estado Mayor.

El 16 de febrero de 1940 fue promovido a comandante (BOE, n.º 50) y en 1941 se le ascendió al mismo grado por méritos de guerra, con antigüedad del último día de la guerra, sólo nueve meses anterior a la que ya tenía. Fue condecorado asimismo, con una Medalla Militar individual y dos colectivas (aparte de la que ya tenía) y otras cruces y medallas no tan destacadas.

Cuando Alemania invadió la Unión de Repúblicas Socialistas y Soviéticas (URSS) en junio de 1941, España decidió enviar al frente ruso una división de Infantería y una escuadrilla de Aviación, cuyo mando se dio a Salas. Esta escuadrilla expedicionaria cruzó la frontera francesa el día de Santiago y permaneció en la Escuela de Caza de Werneuchen, cercana a Berlin, hasta finales de septiembre.

Participó luego en la ofensiva hacia Moscú, a partir del 2 de octubre, encuadrada en el 27.º Grupo de Asalto del VIII Cuerpo Aéreo (von Richthofen, antiguo jefe de la Legión Cóndor). En las dos primeras semanas de actuación en el frente de combate Salas consiguió cinco victorias aéreas a cambio de perder a uno de sus pilotos, en accidente.

La suerte se mostró más esquiva en adelante y, así, la escuadrilla estuvo cercada en el aeródromo de Kalinin del 19 al 24 de octubre y el 4 de noviembre Salas fue alcanzado por los disparos de la caza enemiga y tuvo que tomar tierra entre líneas, de donde pudo ser rescatado por una avioneta tipo “Cigüeña”. En octubre y noviembre las bajas definitivas de pilotos se elevaron a cinco. El 10 de diciembre de 1941 la escuadrilla fue cercada de nuevo, esta vez en Klin, de donde sólo pudieron ponerse en vuelo y despegar dos aviones aunque el resto de los expedicionarios pudieron hacerlo a pie.

En setenta días de operaciones, con muchas jornadas de inactividad forzosa por mal tiempo o por el frío excepcional de uno de los inviernos más gélidos del siglo, Ángel Salas efectuó setenta servicios de guerra y derribó siete aviones enemigos, lo que eleva sus victorias a veinticuatro.

El 6 de enero de 1942 se recibió la orden de repatriación, la escuadrilla cruzó la frontera española el 28 de febrero y el 1 de marzo llegó a Madrid. Salas fue ascendido a teniente coronel por méritos de guerra y este segundo ascenso extraordinario le permitió recuperar, más o menos, la posición que había perdido en 1930 por la disolución del Arma de Aviación.

Salas volvió a la Escuela Superior del Aire, ahora como jefe de Estudios, y en 1944, con la guerra cambiada de signo, se le envió a Berlín como agregado aéreo, acreditado también ante los gobiernos de Budapest, Estocolmo, Helsinki y Berna. Al caer Berlín en manos rusas se le ordenó pasar a Berna y en 1947 a Lisboa.

Cuando cesó en este último destino el corresponsal de la agencia EFE en Portugal enjuició así su labor: “Se nos va de Lisboa después de haber dado lección constante, —sin pretenderlo— de modestia, de españolismo, de sencillez y buen hacer... El prestigio de Salas en tierra firme ha sido tan útil a España como en el aire”.

Salas, ya coronel, acompañó al ministro del Aire en su viaje de 1951 a los Estados Unidos, precursor del acuerdo de 1953. Cuando se pretendió en 1952 la primera aproximación a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), cuya sede central residía entonces en París, Salas fue allí enviado como agregado aéreo, aunque con la misión superior de representante del jefe del Alto Estado Mayor, teniente general Vigón, anterior ministro del Aire.

En París permaneció cuatro años y llegó a ser el decano de los agregados, lo que le permitió organizar un acto conmemorativo del décimo aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial, para cuya preparación escogió una terna que incluía a un representante ruso.

Con motivo de su cese en París, el embajador de España, conde de Casas Rojas, pasó al ministro de Asuntos Exteriores el informe siguiente: “Rara vez he encontrado un agregado militar tan completo por su competencia, por su celo, por su discreción, por sus buenos modales, por su eficacia profesional... llevó a cabo cuantas misiones le encomendé con el mayor tino y acierto”.

Al volver a España alcanzó la aptitud de profesor de vuelo en caza reactor F-86, ya cumplidos los cincuenta años, y tomó el mando de las Fuerzas Aéreas de la Defensa, como coronel hasta 1959 y de general de brigada hasta 1963. Bajo su mando, la caza española fue mejorando su estado de operatividad a pasos agigantados y pudo desfilar sobre Madrid, el 3 de mayo de 1969, en una formación cerrada de 88 F-86 (Sabre) encabezada por él mismo, que había despegado en bloque de la Base Aérea de Torrejón de Ardoz.

Con la idea de asegurar la defensa aérea de las Canarias quiso demostrar personalmente que los F-86 podían desplazarse en vuelo a Gando y para ello realizó, en dos horas, el viaje de Morón a dicha Base, el 8 de abril de 1961, acompañado por su ayudante.

A finales de 1963 organizó la Subsecretaría de Aviación Civil, que no quiso desempeñar; se le concedió la Medalla Aérea; fue promovido a general de división; y nombrado jefe de la Zona Aérea de Canarias. Al crearse el Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional (CESEDEN) pasó a ser su 2.º jefe. En 1966 ascendió a teniente general y ocupó la jefatura de la Región Aérea del Estrecho y de la Aviación Táctica, hasta su pase a la situación B en 1972.

A pesar de su nulo interés por ocupar cargos no militares, que rechazó una y otra vez, la legislación vigente le convirtió en 1974 en Consejero del Reino y miembro del Consejo de Regencia, en su calidad de teniente general en activo de mayor antigüedad. En noviembre de 1975, tras el fallecimiento de Franco, Rodríguez de Valcárcel, monseñor Cantero y Salas asumieron por dos días la Jefatura del Estado, que transmitieron luego a don Juan Carlos I.

En 1976, Ángel Salas pasó a la situación de reserva y, poco después, el Rey le nombró senador para la legislatura 1977-1978, en el cupo de cuarenta de libre designación que tenía el Monarca. Al cesar en su cargo, tras la aprobación de la Constitución se apartó de toda actividad pública. En abril de 1991, el Consejo de Ministros le ascendió a capitán general honorario, “en atención a los méritos personales excepcionales” que reunía. Aparte de las condecoraciones militares ya citadas, posee siete Grandes Cruces (entre ellas las civiles de Cisneros, Isabel la Católica y Carlos III), la Legión de Honor, la del Mérito de los Estados Unidos, la Orden de la Corona italiana, la Orden Militar de Avis y otras muchas de menor entidad.


Obras de ~: “La caza, elemento decisivo” y “Navegación astronómica, un sextante y unas tablas”, en Revista de Aeronáutica (RA), n.º 2 (enero de 1941); “La seguridad del bombardero”, en RA, n.º 5 (abril de 1941); “Enseñanzas de la guerra”, en RA, n.º 8 (julio de 1941).


Bibl.: J. Vigón, La Epopeya y sus Héroes, Barcelona, Editorial AHR, 1957, pág. 174; J. Gomá, La Guerra en el Aire, Barcelona, Editorial AHR, 1958; E. Petit, Historia Mundial de la Aviación, Barcelona, Ediciones Punto Fijo, 1967, pág. 247; J. Salas, La Guerra de España desde el aire, Esplugues de Llobregat, Ediciones Ariel, 1970; A. García Lacalle, Mitos y Verdades, México, Ediciones Lito Offset Fersa, 1973; K. Ries y H. King, Legion Condor, Mainz, Verlag Dieter Hoffmann, 1980; M. Hernández Sánchez-Barba y M. Alonso Baquer (dirs.), en Historia social de las fuerzas armadas españolas, pról. de A. Barahona Garrido, vol. VI, Madrid, Editorial Alhambra, 1986; R. Salas y J. Salas, Historia General de la Guerra de España, Madrid, Ediciones Rialp, 1986; N. Malizia, Ali nella tragedia di Spagna, Modena, Mucchi Editore, 1986; Instituto de Historia y Cultura Aérea (IHYCA), Historia de la Aviación Española, Madrid, IHYCA, 1988; G. Howson, Aircraft of the Spanish Civil War, London, Putnan Aeronautical Books, 1990; F. Pedriali, Guerra di Spagna y Aviazione italiana, Roma, Nuevo Studio Tecna, 1992; J. Salas, Guerra Aérea 1936/39, Madrid, IHCA y Servicio Histórico y Cultural del Ejército del Aire (SHYCEA), 1998-2003, 4 vols.; P. Laureau y J. Fernández, La Légion Condor, Outreau, Editions Lela Presse, 1999, pág. 22; M. Platón, Hablan los militares: testimonios para la historia (1939-1996), Barcelona, Editorial Planeta, 2001, págs. 376-379.

Jesús María Salas Larrazábal

http://dbe.rah.es/biografias/26369/ange ... larrazabal

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Amigo Cháves, tu tenías dos amores, el del compañerismo y el de la conquista


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